Sangre, saliva y semen

Demian Orosz comenta mi novela reeditada en noviembre de 2021 por Blatt & Ríos. Dice (o mejor dicho, escribe):

En Correrías de un infiel hay varios viajes mezclados en una potente fricción. Hay un periplo en busca de un origen, que podría ser tan imaginario como un espejismo o como la luz mala, y hay también un viaje sentimental, en el que el narrador se embarca creyendo(se) algo, probándose como un anarquista sexual y pagano de pura cepa, y que termina en otra cosa (algo así como el comienzo de un amor).

La pesquisa de supuestos ancestros es el punto de partida de esta incursión de Osvaldo Baigorria. “Soy ranquel”, son las palabras con las que arranca la novela. Junto a su novia, Beatriz, el autor/narrador viaja al sur para indagar la posible vecindad de sangre con el coronel Manuel Baigorria, militar unitario que vivió más de 20 años entre los ranqueles, de 1831 a 1852. Desertor, polígamo, sembrador de hijos concebidos y abandonados en lo que entonces se llamaba “Desierto”, Baigorria fue a su vez padrino de Baigorrita, cacique que lideró la comunidad de Quenque, también conocido como Diez Aguas, una de las víctimas célebres de la llamada “guerra contra el indio”.

Una aclaración, que se puede leer en la posdata que enriquece esta edición (la primera salió en 2005), sobre la expresión “infiel”. Baigorria (el autor) precisa que el término se usaba para designar a salvajes, herejes o personas que no comulgaban con la fe cristiana. Hecha la aclaración, hay que agregar que la palabra se usa adrede de manera equívoca, de modo que a nadie se le debería arrancar la cabellera si lee esta novela como cantos de voluptuosos infieles en las pampas, para nada adictos a mantener una sola relación.

“La verificación de antepasados muta rápidamente en invención y las correrías de los Baigorria se solapan. El narrador está hipnotizado por una suerte de utopía enclenque, chúcara y sofisticada, que imagina (aunque quizás esos harenes de tolderías eran más o menos así) una pampa en la que el garche, así, como se habla en la calle y en el campo, es moneda de cambio en una economía sexual de todos contra todos. Caciques con cautivas, desertores con indias, zambos con gringuitas. Caiga quien caiga y se agache quien se agache. Un revoltijo de carne con madera, rebenque, humo de caldén y piel de corderito para evitar los raspones.

En estas correrías, radiografía de las orgías pampeanas durante las cuales la educación sentimental se hacía a guascazo limpio, sin que nadie pudiera ofenderse si aparecía una veta de ternura, corren a lo loco la sangre, la saliva y el semen.

El viaje hace una trenza con una visión filosófica sobre la identidad. Aquí también se podría usar de manera equívoca la palabra “visión”, mirada certera y analítica, o bien esas cosas que se ven en el humito o bien esas cosas que la mente hace en modo lisérgico. Hay momentos gloriosos en los que el texto construye un animal textual que cruza el desierto para que la identidad se vaya despellejando y pueda verse, al final, un abismo. Nada. O un catálogo, popurrí de pieles y sangres y almas mezcladas por las que podría optarse. A elección. ¿Seguro? Nunca se sabe. Baigorria es absolutamente no enfático, casi siempre. La libertad, sugiere, podría ser apenas aceptación de un destino.

Novela, sí, Correrías de un infiel es también una alegre orgía (valga la redundancia) de géneros. Hay crónica (se pueden reconocer muchas de las vivencias del autor en las comunidades del amor libre contadas en Postales de la contracultura, y que también inoculan pasajes de Sobre Sánchez y, sobre todo, los relatos de Indiada, pariente cercano de estas correrías), ensayo o micro-tratados, incluso un filamento de memorias que cruzan una y otra vez la frontera de la autoficción, como si el libro reprodujera el ir y venir entre civilización y barbarie de Baigorria, el coronel de costumbres aindiadas que se hacía traer libros y cautivas de los malones (según se dice).

Varios viajes en uno, con momentos divertidísimos, Correrías de un infiel es tránsito hacia el lado salvaje, hacia la intensidad de la vida hecha de vínculos de un rato y abandono en busca de carne nueva y espíritu fresco, y también es una despedida, un réquiem para la pulsión de devenir infiel.

Demian Orosz

Publicado en Número Cero, revista del diario La Voz, el 14/02/2021 bajo el título “Orgías y cantos infieles en las pampas”. Se puede leer in situ desde acá (pero hay que registrarse)