El amor libre entre anarcofeministas

Una reciente, hermosa edición de Amor libre: Interviews volutpuosas con Roberto de las Carreras es la excusa perfecta para volver a presentar este clásico modernista y libertario uruguayo que continúa siendo nuestro contemporáneo a 115 años de su aparición en escena. Cuentan que el 25 de agosto de 1902, en una función de gala del teatro Solís de Montevideo, se distribuyó una edición especial del periódico ácrata La Rebelión con parte de este texto que en octubre del mismo año sería ampliado y publicado bajo la humilde aunque no impostada etiqueta de “folleto”. Pieza de autoficción, testimonio, ensayo y panfleto subversivo, Amor libre se despliega en tres partes llamadas “interviews” en las que alguien -un supuesto reportero-  entrevista a su autor: De las Carreras, hijo bastardo de Eduardo y Clara García de Zuñiga, conocida en ambas orillas del Río de la Plata por seducir y mantener relaciones con “prohombres” (al decir de Angel Rama) del siglo XIX, entre ellos Bartolomé Mitre, Francisco Xavier de Acha y el Monseñor Mariano Soler. Defensor a muerte de la libertad de esa madre-oveja negra de familia oligárquica que en un texto judicial llegaría a afirmar que “nunca ha negado su cuerpo a quien le gustara”, el hijo ilegítimo dirá: “¿Qué? ¿Mi madre se acostaba con todos? No: amó a muchos”. Leer más “El amor libre entre anarcofeministas”

Viajera de cien años

“La obediencia es la muerte” escribía Alexandra David-Neel (1868-1969) en su primer libro, A la vida,  publicado por el geógrafo anarquista Eliseo Reclus en 1898. “Y la mejor fuente de la juventud está en la actividad intelectual y en los viajes” reiteró hasta su partida final un mes antes de cumplir los 101, ya conocida como la mayor experta europea en budismo tibetano y haber viajado durante décadas por el continente asiático sobre rutas desconocidas para Occidente, llegando a la inaccesible ciudad de Lhasa cuando estaba estrictamente prohibido el ingreso de extranjeros.

Nacida en París, criada en Bélgica desde los cuatro años, residente en Londres en su juventud, cantante de ópera en Indochina, amiga de círculos libertarios, existencialistas, teosóficos y feministas, Alexandra tuvo la suerte de encontrar un marido como Philip David-Neel, ingeniero de cuantiosos recursos que no solo aceptó que su mujer partiera a solas en 1911, siete años después de casarse, sino que financió buena parte de sus periplos a través de regiones habitadas por bandidos, tigres, lobos, leopardos y refugiados del hambre y de la peste. Pacifista, ella siempre llevaba un revolver escondido entre sus ropas, por las dudas. Leer más “Viajera de cien años”

Política sexual

Javier Gasparri nos entrevista a Sara Torres y a mí acerca del grupo Política Sexual que iniciamos, entre otras, con Néstor Perlongher. La entrevista se titula “Los días del grupo Política Sexual y después”. Dice:

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Para quien no la vivió, imaginar la primera parte de la década de 1970, en Argentina, puede suponer la visualización de una efervescencia cultural (o, en la cara que nos interesa, contracultural) que no sólo hizo aparecer sucesos inéditos (ideas, hechos, prácticas, acciones, políticas, formas de arte) sino que también dejó marcas que hoy nos siguen interpelando por su vigencia actual. Esto es lo que ocurre, en el amplio y heterogéneo espectro de esa efervescencia, con el Grupo de Estudio y Práctica Política Sexual, que, en su singular y flamante juntura entre sectores del feminismo y del Frente de Liberación Homosexual, a fuerza de deseo, pudo dejar planteados problemas que hoy seguimos debatiendo y, en un firme acto de disidencia sexual, pudo soñar a su manera el fin de la heteronormatividad. Esta entrevista, realizada a dos de sus protagonistas, Sarita Torres (feminista) y Osvaldo Baigorria (escritor, periodista, catedrático e investigador de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA), nos trae en primera persona algunas iluminaciones de aquellos días, y quiere también ser una celebración del camino que el Grupo nos dejó abierto.
Comencemos por el punto de encuentro: la historia de la formación del grupo.

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Yo aborté

En los años ’90, un puñado de celebrities argentinas relató por primera vez a un medio su experiencia íntima del aborto, retomando el histórico manifiesto setentista francés de las salopes (atorrantas o putas), en el cual famosas de ese país declararon “Je me suis fait avorter”. Este es el punto de partida que eligió la activista feminista Mabel Bellucci para su libro Historia de una desobediencia. Aborto y feminismo. En un adelanto publicado el 7 de junio de 2013 en Las 12, Bellucci escribía:

Nuestras propias atorrantas

En 1994, por primera vez en la historia nacional del debate en torno del aborto clandestino, un puñado de mujeres se atrevió a contar sus experiencias de haber abortado, y sus formas de transitar esa vivencia, en un medio gráfico. Ellas decidieron hablar en voz alta, sin hipocresías. Figuras representativas y “excepcionales”, reconocidas por sus profesiones y por su notoriedad –o simples ciudadanas– se expedían públicamente en esta cuestión para desenterrar lo que se mantuvo con mudez tanto por parte de los partidos políticos mayoritarios como del Estado. En esta oportunidad, al igual que en otros tantos países, se retomaba la tradición feminista de los años ’70, en especial, de la paradigmática campaña francesa. Sin más, cientos de famosas y destacadas de las artes, la literatura y las ciencias, tales como Jeanne Moreau, Christiane Rochefort, Violette Leduc, Dominique Desanti, Catherine Deneuve, Marguerite Duras, Monique Wittig, Giséle Halimi y Simone de Beauvoir firmaron el histórico documento conocido como el “Manifiesto de las 343 salopes”, atorrantas o putas en castellano. Leer más “Yo aborté”

Por qué no soy anarquista

Porque quiero que el aborto libre, seguro y gratuito en los hospitales públicos sea aprobado ya! por los legisladores argentinos.

Porque si mi casa se incendia –o la del vecino- llamo al 911.

Porque el servicio teléfonico de emergencia 911 que rige de Alaska a Tierra del Fuego para coordinar bomberos, policía, ambulancias, etc. existe sobre la base de Estados con bomberos, policía y ambulancias.

Porque anarquista no es el que quiere sino el que puede (Jesús Gil)

Porque anarquistas eran los de antes.

Porque anarquistas de antes fueron quienes mejor pensaron y articularon los ideales de libertad y de igualdad (no puede existir una sin la otra) en tiempos en los que el Estado era garante armado del orden y la propiedad, mientras que ahora estamos en tiempos de erosión y corrosión del Estado por parte de grupos y mafias económicas legales e ilegales.

Porque me alegra o me siento aliviado cuando un Estado condena a un represor culpable de delitos de lesa humanidad.

Porque el anarquismo es una idea de belleza suprema, una sensibilidad o un arte vital pero no una ideología ni una serie de certezas.

Porque cuando el anarquismo se tranforma en ideología –en conjunto de ideas y representaciones de la realidad- me parece que la actitud más anarquista es afirmar el poder de actuar y decidir libremente acerca de sí mismo.

Porque si tengo un accidente espero llegar a tiempo a la guardia de un hospital público.

Porque se necesitan mejores hospitales públicos, con medicinas convencionales y alternativas, con apoyo al derecho a la vida y al derecho a la muerte, con aborto gratuito, con profesionales y voluntarios sostenidos por algún tipo de estructura estatal o institución que concentre los recursos financieros necesarios para ese soporte.

Porque si queremos que las sociedades actuales se organicen en formas anárquicas, autogestivas, socialista-libertarias habría que demoler las ciudades con sus shopping centers y otras catedrales del consumo, cambiar la forma de pensar de la mayoría de los habitantes, incentivar la emigración fragmentada a pequeñas unidades cooperativas –granjas, comunas- y empezar de cero.

Porque sería demasiado autoritario poner en práctica todo lo propuesto en el párrafo anterior.

Porque hoy me gano la vida trabajando en la universidad pública.

Porque la educación pública es un desastre pero también un derecho y un espacio de resistencia a la desigualdad de oportunidades y un modo ineficiente de formación de sujetos para el mercado laboral y un ámbito de socialización que podría ser mucho peor y también una forma de ganarse la vida

Porque no espero que el Estado me pague un sueldo ni garantice mi jubilación mientras organizo discursos críticos contra ese Estado.

Porque decir “soy anarquista” en abstracto hoy no quiere decir nada o quiere decir algo contingente, circunstancial, variable, abierto a la multiplicidad.

Porque hay tantos anarquismos como anarquistas. Por ejemplo:

El anarquismo ortodoxo de Bakunin.

El anarquismo heterodoxo de Proudhon.

El anarcafeminismo de Emma Goldman

El anarcocomunismo de Malatesta

El anarcaindividualismo de Armand

El protoanarcoexistencialismo de Stirner

El anarcocinismo punk de Johnny Rotten y Malcom Mc Laren

El anarcoultraliberalismo del banquero de Pessoa.

El de mi papá cuando hablaba de los linyeras de su época: “Casi todos eran anarquistas. Con la vida que hacían, qué otra cosa podían ser”.

Etcétera.

Porque me inclino hacia el anarquismo pero parece que nunca llego a serlo.

Porque el anarquismo se me ocurre más como un sentir que como un ser. No soy, lo siento. O lo soy cuando me rebelo contra la autoridad, la ley, la propiedad, la religión, la ideología –incluida la ideología anarquista- así como también puedo ser autoritario contra los que no aceptan mi rebeldía. Es decir, puedo ser anarquista a veces y a veces autoritario, con matices en el medio. Incluso mientras escribo esto, mi inclinación al anarquismo oscila de alta a baja intensidad.

Porque mejor que ser anarquista hoy es proponer arquetipos, modelos éticos, formas de existencia política en las cuales la libertad es experiencia vivida y voluntad renuente a sacrificar los medios por los fines. Vidas ejemplares que testimonian o anuncian la posibilidad de existir a pesar de (y en contra) toda autoridad y domino social.

Porque si el anarquismo es un género literario antes que el anarquismo prefiero la anarquía, la mezcla y la contaminación de géneros.

Porque si yo fuera anarquista, me habrían desenmascarado sin dificultad (Ernest Junger).

Porque prefiero vivir en solitario, bajar o subir del  muelle o la estación que se me ocurra, sin llamar la atención, sea en isla o continente, ciudad o campo, jungla o civilización.

Porque si para expropiar a los que tienen y repartir entre los que no tienen hace falta una intervención con cierto grado de violencia, para colaborar con ese cambio tendría que obedecer a una autoridad armada (sea jefe de banda, líder miliciano, oficial o funcionario político de un Estado).

Porque no obedezco a ninguna autoridad si no deseo, si no me conviene o si no me veo forzado a hacerlo para mantenerme con vida.

Porque soy anarquista.