Más allá del primer beat

En los márgenes del corazón o núcleo duro del primer grupo de la Generación Beat, alrededor de Kerouac, Ginsberg, Burroughs y otros autores más o menos conocidos, se formó toda una constelación de poetas mujeres, afroamericanos y también jóvenes blancos que acompañaron, compartieron, heredaron y continuaron el legado de los “padres fundadores”. Varios estudios y publicaciones académicas norteamericanas de las últimas décadas han rescatado y propuesto para el canon a esas otras voces opacadas en parte por su papel secundario y periférico en relación a los nombres más famosos y quizá también porque la narrativa beat siempre tuvo más circulación que su poesía. Leer más “Más allá del primer beat”

Literatura y contracultura

Taller de lectura c/prácticas creativas en torno a John Cage, Diane Di Prima, Allen Ginsberg, Néstor Perlongher, Jack Kerouac, Patti Smith, Jonas Mekas, Néstor Sánchez, Thoreau, y Vonnegut: los escritores de la contracultura norteamericana y sus aliados e influencias en la literatura argentina.

La generación extraviada

Los llamaron “beatniks” como contraseña para el escándalo en tiempos de intolerancia. No era una autodefinición. Quedó el mito y se perdió la obra, pero en Argentina Beat. Derivas literarias de los grupos Opium y Sunda (1963-1969) hoy se recuperan los textos, fotos, portadas de fanzines, poemas, manifiestos y semblanzas de la parte más marginal de esa bohemia porteña que en aquellos años rondaba la “manzana loca” (M.T. de Alvear, Alem, Córdoba y Maipú, con su Instituto Di Tella, Bar Moderno, etc.), antes de su dispersión por el mundo y el autoexilio interior.

caja negra argentina beat

 

Reynaldo Mariani, Ruy Rodríguez, Isidoro Laufer y Sergio Mulet (modelo, actor y guionista de la película Tiro de gracia  que terminó acuchillado por su esposa rumana en un pueblito de Transilvania), eran las cabezas de Opium, grupo al que puede añadirse el enigmático Marcelo Fox, autor de Invitación a la masacre. En Sunda estuvieron, entre otros, Gregorio Kohon, psicoanalista autodidacta que se fue a Londres donde todavía vive, Leandro Katz, artista plástico y cineasta que difundió por primera vez Aullido de Ginsberg en castellano y se fue a vivir cuarenta años a Nueva York, y el legendario Hugo Tabachnik, más tarde referente del Expreso Imaginario. Leer más “La generación extraviada”

Un canto de cisne a la heroína

alexander trocchi

En la época en la que inyectarse un opiáceo en las venas estaba de moda entre los refractarios al sistema, el escocés Alexander Trocchi (1925-1984) se destacó por escribir un clásico sobre la adicción a la heroína, según lo calificó William Burroughs, que algo sabía del tema.  Luego de haber editado la revista literaria Merlin en París en los ’50, Trocchi escribió varias novelitas eróticas, algunas por encargo y con seudónimo, como Helen and Desire, School for Wives y Young Adam, esta última llevada al cine. Pero El libro de Caín fue su obra última y fundamental,  la más subversiva, prohibida y  literalmente incinerada en Gran Bretaña. Leer más “Un canto de cisne a la heroína”

Putos y faloperos

nestor perlongher

El “peronismo” de Néstor Perlongher duró exactamente cuatro meses, de marzo a julio de 1973. Uno de los mayores disparates con los que se intentó construir su leyenda nac & pop estos últimos años fue sostener que para la asunción de Cámpora fue a la plaza con un cartel que decía “los putos con Perón”. Según mi propio recuerdo personal y documentos de época, el 25 de mayo de aquel año Perlongher estuvo al frente de unos cincuenta miembros del Frente de Liberación Homosexual con dos carteles, “Vivir y amar libremente en un país liberado” y otro cuya consigna había sido tomada de la marcha peronista: “Para que reine en el pueblo el amor y la igualdad”. Con las mismas banderas marcharon a Ezeiza el 20 de junio, detrás de la columna Oeste de la JP, donde fueron recibidos con frialdad. Leer más “Putos y faloperos”

Poetas lunáticos zen

jack kerouac lucien carr allen ginsberg

La fórmula “generación beat” surgió, según Allen Ginsberg (1), de una ocurrencia de Kerouac en un bar en 1948 cuando, en una discusión sobre lo generacional, el periodista John Clellon Holmes mencionó a la Generación Perdida (Dos Passos, Fitzgerald, Faulkner, Hemingway, entre otros). Kerouac respondió: ”Ah, pero la nuestra es sólo una generación beat”. Es decir, golpeada, abatida, en la lona, pobre, sin dinero ni fuerzas después de una noche de juerga, dada vuelta y en vela, tal como se solía decir en el Times Square y en el Village: “Man, I´m beat”. Años después Kerouac procuró darle un sentido más espiritual y trascendente a ese término, contra su uso despectivo luego de que Holmes lo difundiera en un artículo del New York Times Magazine en 1952 y sobre todo cuando el periodista Herb Caen le agregó el sufijo “nik” en su columna del San Francisco Chronicle a poco de que la URSS lanzara el satélite Sputnik.

“Yo soy el Rey de los Beat, no un beatnik” habría dicho Kerouac en otro bar cuando surgió el tema. Y gracias a la fama que obtuvo con En el camino, pudo desarrollar sus respuestas en revistas como Esquire y Playboy, entre otras que le pidieron colaboraciones rentadas. Estas son las fuentes de la compilación de Donald Allen en 1993 que fue publicada por primera vez en español, con traducción de Pablo Gianera, bajo el título La filosofía de la generación beat y otros escritos por Caja Negra en 2015. Desde luego que el título suena pretencioso, pero es justamente el que escogió Kerouac para uno de esos artículos en los que describe a los “hipsters locos e iluminados” que se salieron de la maquinaria, esos “poetas lunáticos zen” enamorados del jazz que deambulaban “harapientos, beatificos, hermosos, de una fea belleza beat”. Leer más “Poetas lunáticos zen”

Hacer el amor y no la guerra

Por Mercedes Halfon:

Llévatela amigo, por el bien de los tres arranca con un protagonista que reflexiona sobre los modos de mantener el calor en la pareja: su paisaje imaginario es la estepa y el objetivo poblar el iglú para pasar el invierno. Lo fundamental es evitar quedarse solo, o solo de a dos, que es lo mismo pero peor. El protagonista está construyendo un territorio simbólico para comenzar su relato de aventuras sobre una pareja abierta, su pareja, sostenida durante veinte años, hasta su inevitable descenso y meditada caída. La novela es una estampa húmeda sobre el amor tal y como lo entendían ciertos grupos de libertarios de los años sesenta y setenta, entre los que sin dudas estaba el autor del relato…

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El narrador escribe desde el final y rememora. Escribe desde un departamento a metros del parque Centenario mientras observa ese ritual extraño de las novias radiantes y rígidas como merengues que van a fotografiarse a orillas del lago artificial. “Nada de esto existía antes”, escribe. “El parque era un baldío salvaje. Las parejas venían a coger entre los matorrales, no hacían falta autos, no había novias de blanco. Cada domingo se juntaban por aquí los rockeros de entonces, a guitarrear, cantar o escuchar los versos de algún poeta intoxicado o los sermones de los místicos o las consignas de los bolcheviques psicodélicos que intentaban formar grupos de estudio, o imprimir boletines a mimeógrafo, o pintar en las paredes vecinas cosas como: “todo espacio es tu cuerpo/ vivan los combatientes/ muera la muerte/ hoy una pared, mañana el mundo”.

Tan lejos y tan cerca de hoy. Llévatela amigo, por el bien de los tres está nuevamente en librerías reeditado por Caja Negra, en un volumen que mantiene el texto original al que le suma una posdata del autor en la que recontextualiza y resume algunos comentarios sobre el libro publicados en su momento de edición. Publicada en 1989, la primera novela de Osvaldo Baigorria estaba a la fecha casi inhallable. Estaríamos ahora entonces, en un tercer tiempo de ese parque Centenario nocturno que tanto aparece en el libro, ese interregno donde el protagonista –Eduardo– va a observar otros modos del amor, mientras lanza frases como proyectiles encendidos y que encienden. Ese mismo parque hoy enrejado, intransitable en la noche, como muchos otros espacios públicos que dejan de serlo. Ese mismo parque que hace poco fue lugar de encuentro y de fiesta al pedido de Más amor, junto a otras consignas.

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Llevatelá

Publicada a fines de una época, hoy se reedita justo a fines de otra. Recién salida del horno, Llévatela, amigo, por el bien de los tres viene con una posdata que intenta reponer contexto y captar la mirada de un autor que ya no es el mismo de 1989. Repensar la década del 80, el apogeo y el fin del underground, la apertura democrática inicial y el retorno de la peor pesadilla (una alianza del peronismo de derecha con el neoliberalismo más desvergonzado) pueden ser gestos que inspire este libro aunque su propósito no sea explicar ni documentar nada más allá del “placer de contar un relato”, según Luis Chitarroni. Este relato también puede inspirar otros placeres, solitarios o compartidos, en tanto “viaje al erotismo digno de ser recordado” al decir de Alberto Laiseca. Gracias a la eficaz edición de Malena Rey, Ezequiel Fanego y Diego Esteras de Caja Negra, más el impecable diseño de Juan Ventura, puedo anunciar que la semana próxima estará en librerías mi primera novela reeditada. Un capítulo (bajo el enlace de “Material extra”) y el texto de contratapa escrito por Martin Hendler pueden encontrarse por aquí.

Todo lo que necesitas es un buen analgésico

Un día después de escribir la última palabra de su vida, William Seward Burroughs (1914-1997) sufrió un ataque al corazón y este dejó de latir para siempre dos días más tarde en el Lawrence Memorial Hospital de Kansas. La palabrita en cuestión, escrita con todas las letras mayúsculas en la última página de su diario personal, era “LOVE”. Una broma o una decepción para muchos fans ingenuos del mito del escritor maldito, pansexual, politoxicómano, disidente paranoico, amante de las armas de fuego y lo bastante loco como para matar a su mujer involuntariamente mientras jugaban borrachos a Guillermo Tell con un revólver calibre .38 y un vaso en la cabeza de ella (al parecer, él quería demostrarle que tenía una excelente puntería). “Nada es verdad, todo está permitido”, palabras finales atribuidas a Hassan Sabbah, líder de la secta medieval Los Asesinos, que el autor consignó, también con mayúsculas, en la introducción de su novela Ciudades de la noche roja, hubiese sido un mejor cierre para el mito. Leer más “Todo lo que necesitas es un buen analgésico”

Para recordar a la Fundación de Alergia al Trabajo

2 de mayo de 1995: primera manifestación del Día Internacional del Ocio en Argentina

Todo empezó con la fotocopia de un volante de cierta Fundacao Nacional para a Alergia ao Trabalho, proveniente de la librería Utopia, en la ciudad de Porto, que Christian Ferrer consiguió no sé dónde y que me pasó como curiosidad. De inmediato nos autoconvocamos en un grupo formado por Ferrer, Cutral –seudónimo de Carlos Gioiosa-, Guido Indij y el que escribe… Así surgió la Fundación de Alergia al Trabajo Regional Argentina, un grupo de agitación y propaganda que ofreció entrevistas a los medios, produjo prendedores para ropa y organizó una marcha a desgano para el 2 de mayo, autoproclamado Día Internacional del Ocio. Leer más “Para recordar a la Fundación de Alergia al Trabajo”