Diario de Manhattan en Ediciones Sin Fin

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De la presentación del Diario de Manhattan de Néstor Sánchez en la Libreria Calders de Barcelona el 5 de diciembre, de izquierda a derecha: Bruno Montané Kreps, Ana María Chagra y quien escribe y también escribió el epílogo del libro. Bruno es el poeta, traductor y editor que me hospedó en su casa del barrio de Raval en esos días, Ana María es la coeditora y amiga que facilitó esta publicación.

 

 

Escritos contraproductivos

Quisiera compartir y recomendar algunas lecturas de autores que, en distintas décadas del siglo XX, desde los márgenes interiores de ese sistema que en Argentina suele distinguirse como “literatura”, cuestionaron el crecimiento de los dispositivos de control burocráticos, mercantiles y académicos sobre la creación artística en general y literaria en particular. Por su oposición a las ideologías productivistas y consumistas, estos autores pueden ser considerados como parte de una constelación crítica que reivindicó a la literatura como un arte que, por ser arte, no es o no debería ser un trabajo, o no debería estar condicionado por el trabajo.nestor perlongher

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Come en casa Borges

Marc Caellas, que en estos días se encuentra dirigiendo la obra “El perico tumba la paloma”, puso en escena “Come en casa Borges” en Caixaforum de Barcelona el 31 de agosto de 2016, en base a fragmentos del diario de Bioy Casares. Allí hice de Borges mientras Andrés Ehrenhaus hizo de Bioy, además de contar con la participación de Sonia Betancourt en los papeles de Madre y de Silvina Ocampo, y de María Cecilia Sánchez como bailarina y DJ.

Algunas de las frases de Borges (según Bioy) leídas en esa única función:

“En cierto modo la invención de la imprenta fue perjudicial. ¿Te das cuenta? Los manuscritos serían raros, difíciles de conseguir. Leerlos sería muy importante. Además, exigirían un esfuerzo material para la lectura: la letra a veces sería mala o confusa; habría errores. La lectura se haría a toda conciencia. Leer más “Come en casa Borges”

Bolero para tres

En una entrevista para el diario Tiempo Argentino a.V. (antes del vaciamiento), Nicolás García Recoaro me pregunta sobre Llévatela, amigo, por el bien de los tres:

-¿Cómo recordás la cocina de la escritura de Llévatela…?

-Fue tipeada en una máquina Olivetti portátil en un ardiente monoambiente de la calle Cachimayo, a media cuadra de Avenida Rivadavia, en el verano de 1988. Eran tiempos sin aire acondicionado, sin televisión, sin Internet ni otra pantalla móvil o fija para anclar la mirada. Fue escrita de un tirón, casi sin corrección. Luego releí lo que había escrito y taché y tiré muchas páginas, más del doble de lo que quedó al final. Creo que la novela ganó por sustracción.

-En la posdata rememorás la curiosa presentación que tuvo el libro.
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