Alucinar y confesar

¿Cómo sucedió Sobre Sánchez? Algunas respuestas aparecen en estos apuntes que leí en el coloquio Un arte vulnerable : la biografía como forma del Centro de Estudios de Teoría y Crítica, Facultad de Humanidades y Artes, Universidad Nacional de Rosario, entre el 11 y 12 de noviembre de 2016. “Alucinar y confesar” que ahora salió publicado en la flamante revista digital Cuarta Prosa, entre otras consideraciones, dice:
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Escritos contraproductivos

Quisiera compartir y recomendar algunas lecturas de autores que, en distintas décadas del siglo XX, desde los márgenes interiores de ese sistema que en Argentina suele distinguirse como “literatura”, cuestionaron el crecimiento de los dispositivos de control burocráticos, mercantiles y académicos sobre la creación artística en general y literaria en particular. Por su oposición a las ideologías productivistas y consumistas, estos autores pueden ser considerados como parte de una constelación crítica que reivindicó a la literatura como un arte que, por ser arte, no es o no debería ser un trabajo, o no debería estar condicionado por el trabajo.nestor perlongher

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Sobre la incomodidad del biógrafo

“Sobre Sánchez es un texto descentrado, cercano al rizoma deleuzianoUn libro sin jerarquías en que el texto se esparce en su multiplicidad y en sus variadas entradas, lejos de confluir o pivotear en un punto” dicen o mejor dicho dijeron durante el XVII Congreso Nacional de Literatura Argentina de Comodoro Rivadavia los estudiantes de Letras (quizá ya licenciados) Rodrigo Goy y Damián Simoes Da´Eira de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco. La ponencia, titulada The Osvaldo Baigorria Experience, se encuentra por aquí.

Se acabó la épica: la potencia de una frase en el arte del no

Comienzo pidiendo disculpas porque hace un par de meses, cuando recién había enviado el título de esta ponencia por email a Silvana López, tuve una caída de una escalerita que uso para buscar libros en un estante alto, un tonto accidente doméstico que me fracturó la rótula. Lo cual me obligó a suspender todas mis tareas, entre ellas la de empezar a escribir el texto que ahora finalmente puedo leer aquí, y a tener que portar constantemente una férula, bota o inmovilizador de rodilla que me mantuvo no solo con una pierna estirada por seis semanas sino con prácticamente todo el cuerpo inmovilizado, ya que lo único que podía hacer era quedarme en la cama o andar de pie con un bastón, rengueando con esa pierna rígida que arrastraba de un lado al otro. O sea, era imposible estar sentado, porque una de mis rodillas no podía ser doblada y por lo tanto no lograba sentarme más de cinco minutos, sea al escritorio o a la mesa, en una posición incómoda con las nalgas al borde de la silla (ni hablar de lo incómodo que es sentarse al inodoro sin doblar una rodilla).

Al principio creí que al menos iba a tener tiempo para leer, pero tampoco; aunque probé leer en la cama tuve que abandonar a los pocos días, ya que con una pierna rígida todo el cuerpo estaba fuera de eje y me atacaron todos los dolores pertinentes: de espalda, de cuello, de cervicales. Así que también renuncié a leer, excepto alguno u otro diario en forma digital, con un Ipad que podía sostener sobre mi cabeza. Escuché bastante música, clásicos del rock y del jazz. Miré mucho tiempo al techo, también llamado cielorraso.

Recién en la última semana de este mes y medio largo, con el hueso de la rótula en lenta recuperación, pude empezar a sentarme al escritorio y ocuparme de la frase “me quedé sin épica” o “se me acabó la épica”, que Néstor Sánchez solía usar como explicación de por qué había dejado de escribir en sus últimos años. Leer más “Se acabó la épica: la potencia de una frase en el arte del no”

Izquierda, militancia y contracultura (*)

El miércoles pasado, cuando se inauguró la muestra “Pidamos peras a Jorge Alvarez”, vimos reunidas aquí, en la sala Juan L. Ortiz de la Biblioteca Nacional, a muchas personas cuyas militancias, convicciones e intervenciones en los años 60 y 70 eran antagónicas no sólo ante “el sistema” sino entre sí. En esos años hubiera sido impensable reunir a Ricardo Piglia, Miguel Grimberg, Rogelio García Luppo, León Gieco, María Moreno, Nito Mestre, en un espacio común, sin disenso ni discusión alguna, y mucho menos a los ausentes de presencia más sentida en este espacio, como Charlie García, David Viñas, Rodolfo Walsh o Pappo.

Yo pensaba, mientras Horacio González presentaba la muestra, algunas consignas que hubieran sido inverosímiles en aquellos años: “Hippies y militantes, unidos y adelante” o “Paz, amor y lucha armada“(**). Claro que las diferencias ideológicas, políticas, religiosas, las fronteras entre corrientes y movimientos tienden a borrarse, a fusionarse o verse como integrantes de un mismo mosaico cuando uno se aleja para observar desde una perspectiva más amplia, como les ocurrió a los primeros astronautas que vieron la Tierra desde el espacio, donde países, regiones y continentes tienden a perder sus contornos, o -en una experiencia más al alcance de todos- cuando miramos una ciudad, un país en una foto satelital o tomada desde cierta altura: miramos el delta del Paraná, por ejemplo, en un Google map, y según la escala podremos distinguir las casas, los arroyos, los canales y las zanjas que dividen una isla de otra pero si ampliamos y nos alejamos, todas esas divisiones desaparecen, los detalles se vuelven borrosos, la región entera se presenta a los ojos, según decía Sarmiento, como una “masa de verdura”. Lo mismo que ocurre en el espacio ocurre en el tiempo: a medida que nos alejamos de los procesos históricos, etapas o momentos más conflictivos de una sociedad, lo que desde cerca parecía diferente o antagónico tiende a indiferenciarse, a confundirse en una unidad más abarcativa. Leer más “Izquierda, militancia y contracultura (*)”

Las hipótesis salvajes

Diez hipótesis salvajes sobre la crónica *
Boom, auge o moda de la crónica, se ha dicho, para referir a la constelación de discursos que desde fines de los 90 ha crecido en forma de ensayos, artículos, concursos, nuevas colecciones de libros, publicaciones digitales y en papel, becas, subsidios, ponencias (como esta) y, por último, crónicas publicadas en algunos diarios y revistas de algunos países hispanoamericanos, muchas de ellas en formato digital. Digo “por último” ya que hay razones para sospechar que el discurso secundario producido sobre el género no ha sido necesariamente efecto del incremento en ventas y lecturas de crónicas… Una de las paradojas de la historia no tanto de la crónica sino de las ideas sobre la crónica es que esas ideas parecen haberse multiplicado a medida que se fueron reduciendo y cerrando los espacios para la publicación de crónicas en la prensa gráfica.
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