Escritos contraproductivos

Quisiera compartir y recomendar algunas lecturas de autores que, en distintas décadas del siglo XX, desde los márgenes interiores de ese sistema que en Argentina suele distinguirse como “literatura”, cuestionaron el crecimiento de los dispositivos de control burocráticos, mercantiles y académicos sobre la creación artística en general y literaria en particular. Por su oposición a las ideologías productivistas y consumistas, estos autores pueden ser considerados como parte de una constelación crítica que reivindicó a la literatura como un arte que, por ser arte, no es o no debería ser un trabajo, o no debería estar condicionado por el trabajo.nestor perlongher

Aclaración: Aquí se entenderá por “trabajo” no a la dedicación intensa, precisa y concentrada que puede requerir toda creación sino a ese conjunto de labores (labor, lavoro o laburo, como se dice entre nos, a veces como excusa: “¡esto es mucho laburo!“) y actividades remuneradas (bien o mal), forzadas (en el sentido de que suelen ser percibidas como sumisión, esclavitud –también autoimpuesta) y que tienden a condicionar la producción literaria mediante exigencias, obligaciones sociales, de convivencia, etc. O sea, ese conjunto de demandas extra-artísticas, esos esfuerzos y actividades que por necesidad resultan ajenas o enajenantes respecto al arte. Este nunca podría ser tan necesario como el trabajo, porque se supone que el trabajo tiene o debe tener alguna utilidad y el arte no, o no necesariamente. Leer más “Escritos contraproductivos”

Sobre la incomodidad del biógrafo

“Sobre Sánchez es un texto descentrado, cercano al rizoma deleuzianoUn libro sin jerarquías en que el texto se esparce en su multiplicidad y en sus variadas entradas, lejos de confluir o pivotear en un punto” dicen o mejor dicho dijeron durante el XVII Congreso Nacional de Literatura Argentina de Comodoro Rivadavia los estudiantes de Letras (quizá ya licenciados) Rodrigo Goy y Damián Simoes Da´Eira de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco. La ponencia, titulada The Osvaldo Baigorria Experience, se encuentra por aquí.

Literatura y contracultura

Taller de lectura c/prácticas creativas en torno a John Cage, Diane Di Prima, Allen Ginsberg, Néstor Perlongher, Jack Kerouac, Patti Smith, Jonas Mekas, Néstor Sánchez, Thoreau, y Vonnegut: los escritores de la contracultura norteamericana y sus aliados e influencias en la literatura argentina.

Adiós a la épica

nestor sanchez osvaldo baigorria

Podría decirse que las últimas palabras de Néstor Sánchez fueron “se acabó”o “perdí la épica” o “me quedé sin épica”. Es lo que decía a su amigo Hugo Savino, a su hijo Claudio, a su psicoterapeuta Ruth Taiano, a Mariano Fiszsman, a Pablo Ingberg, a Carlos Riccardo y a todo aquel que le preguntara por qué no había vuelto a escribir después de los doce relatos de La condición efímera en 1989. Leer más “Adiós a la épica”

Sánchez por mariani

―¿Qué entiende específicamente por antiliterario?
―Entonces le contesto por la otra punta: toda literatura literaria, todo gesto culterano o pretendidamente ideológico, se nos transforma poco a poco en mentira, en convicción espantosa, en cháchara orgullosa. La literatura literaria, en este sentido, parece no tener límites, tal vez porque cualquiera puede sentarse y escribir de acuerdo con lo que leyó mal, al sentimiento que cree inaugurar, a la pólvora que cree descubrir. Cualquier otra actividad artística requiere una unidad y dedicación que la literatura, por tratarse de palabras, parece obviar. De ahí que todavía se puede asegurar lo que él pensó y lo que ella sentía. Si el acto de la escritura es un acto esencialmente ético, de posible verdad consigo mismo, entonces toda vieja convicción literaria se hace dinosáurica por sí misma, se hace cada día menos soportable.
-Fragmento de la entrevista a Néstor Sánchez en ARTiempo, 1969, que recupera Golosina Caníbal gracias al aporte de Federico Barea. Se lee entera por aquí.

Una escritura posgenérica

Florencia Angilletta escribe acerca de Sobre Sánchez: “Artefacto de yuxtaposición, escritura posgenérica, corroe los supuestos y entendidos de la “autoficción”… Da cuenta, así, de la recepción que tuvo el libro en la cátedra de Teoría Literaria III en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y de la entrevista con alumnos y profesores de esa cátedra a la que fui invitado en setiembre del 2014:

“Inmerso en la manía argentina de una tradición esquiva a las biografías de escritores, Sobre Sánchez emerge, ante todo, como un libro extraño. Un libro que dialoga con Sobre Giannuzzi, de Sergio Chefjec –ya desde su propio título– y con la monumental biografía de Osvaldo Lamborghini escrita por Ricardo Strafacce. Un libro que dialoga aunque toma otro rumbo, rema de otro modo. En palabras del propio Baigorria: “No podía hacer crítica literaria sobre una obra como la de Sánchez. Su biografía también era imposible porque había un núcleo al que yo no podía llegar. ¿Cómo hacer? Ponerme a acompañar su camino y sobre-escribir. No como imitar su estilo sino hacer otra cosa: partir de mi propia experiencia frente a la lectura de sus textos y de mi investigación””.

Así habría surgido una textualidad que se maneja con “la persistencia del río como ritmo brumoso y expansivo”: “Si nos quedamos en el pensamiento mas dicotómico que separa lo que es ficción de lo que no lo es, estamos siempre trabados. Pero si miramos líneas de fuga de las esferas nos movemos en un lugar de más libertad con respecto a la escritura”…”Para poder decir alguna verdad sobre Sánchez, Baigorria recurre a la autoficción en un juego de dobles agentes que concluye con una última línea paradojal: “El Néstor Sánchez sobre el que puede escribirse no es el verdadero Néstor Sánchez”. No es simplemente la biografía del biografiado y la biografía del biógrafo. Las tres partes de Sobre Sánchez, en un procedimiento que se enlaza con el célebre cuento de otro gran escritor argentino –“Nota al pie”, de Rodolfo Walsh–, conforman un diálogo entre sí; se ofician mutuamente de guardaespaldas, de brújula inconclusa, de fractal estallado”.

El texto de Angilletta puede leerse completo en Escritores del mundo.

 

Se acabó la épica: la potencia de una frase en el arte del no

Comienzo pidiendo disculpas porque hace un par de meses, cuando recién había enviado el título de esta ponencia por email a Silvana López, tuve una caída de una escalerita que uso para buscar libros en un estante alto, un tonto accidente doméstico que me fracturó la rótula. Lo cual me obligó a suspender todas mis tareas, entre ellas la de empezar a escribir el texto que ahora finalmente puedo leer aquí, y a tener que portar constantemente una férula, bota o inmovilizador de rodilla que me mantuvo no solo con una pierna estirada por seis semanas sino con prácticamente todo el cuerpo inmovilizado, ya que lo único que podía hacer era quedarme en la cama o andar de pie con un bastón, rengueando con esa pierna rígida que arrastraba de un lado al otro. O sea, era imposible estar sentado, porque una de mis rodillas no podía ser doblada y por lo tanto no lograba sentarme más de cinco minutos, sea al escritorio o a la mesa, en una posición incómoda con las nalgas al borde de la silla (ni hablar de lo incómodo que es sentarse al inodoro sin doblar una rodilla).

Al principio creí que al menos iba a tener tiempo para leer, pero tampoco; aunque probé leer en la cama tuve que abandonar a los pocos días, ya que con una pierna rígida todo el cuerpo estaba fuera de eje y me atacaron todos los dolores pertinentes: de espalda, de cuello, de cervicales. Así que también renuncié a leer, excepto alguno u otro diario en forma digital, con un Ipad que podía sostener sobre mi cabeza. Escuché bastante música, clásicos del rock y del jazz. Miré mucho tiempo al techo, también llamado cielorraso.

Recién en la última semana de este mes y medio largo, con el hueso de la rótula en lenta recuperación, pude empezar a sentarme al escritorio y ocuparme de la frase “me quedé sin épica” o “se me acabó la épica”, que Néstor Sánchez solía usar como explicación de por qué había dejado de escribir en sus últimos años. Leer más “Se acabó la épica: la potencia de una frase en el arte del no”