La fuga de Néstor Sánchez

Una nota sobre esta figura esquiva, a modo de reseña de mi libro Sobre Sánchez, salió en el diario La Voz bajo el título de “Dí tu palabra y rómpete: la fuga de la literatura de Néstor Sánchez”. Escrita por Demian Orosz, dice entre otras cosas que se trata de la historia de un desvanecimiento y que el libro se rompe buscando reunir los pedazos de vida deshilachada del escritor. Aquí va el texto íntegro: “Di tu palabra y rómpete, le hacía decir a su personaje un famoso filósofo. La obra y la vida de Néstor Sánchez podrían caber perfectamente en esa frase. Tras haber publicado un libro de relatos que jamás accedió a reeditar, el escritor argentino debutó como novelista en 1966 con Nosotros dos. Un año más tarde salió Siberia blues, le siguió El amhor, los orsinis y la muerte y en 1973 dio a conocer Cómico de la lengua. Iba hacia el Parnaso de la literatura. Recibió elogios de popes como Julio Cortázar y Severo Sarduy. Luego, Sánchez hizo mutis por el foro. Su rastro desapareció durante casi dos décadas. En 1988 publicó La condición efímera. Y se calló para siempre.

“Como los agujeros que Lucio Fontana le hizo a la pintura, Sánchez le hizo una especie de tajo a  la literatura argentina, un vacío que se tragaba la trama, el significado, la obligación de sentido. Iba hacia la poesía por el camino de la prosa. Quería música. Después se perdió. Fuga y silencio.

“Sánchez se sumergió en la práctica del “Trabajo” de George Ivánovich Gurdjieff, maestro espiritual y místico de origen armenio que pregonaba el Cuarto Camino, una doctrina metafísica dedicada a producir un despertar de la conciencia. Triturar los hábitos para vivir en lo auténtico. Fue en Perú donde el escritor argentino tomó contacto con seguidores del pensador esotérico.

“En la particular versión de Sánchez, el “Trabajo” se hizo, entre otras cosas, huida y caída. Viajó por Latinoamérica, estuvo en varios países de Europa y luego se radicó (es una manera de decir) en Estados Unidos, donde se entregó a una existencia lumpen (ya había vivido en París como clochard). Años de vida en la calle le dieron forma a la leyenda del escritor-linyera, el lunático que cruzaba la ciudad escuchando voces sumido en un delirio ambulatorio que duraba noches y días enteros, el demente que se sacudió de encima cualquier ambición de éxito como quien espanta una mosca. Su última dirección en Los Ángeles era la de una playa de estacionamiento donde dormía.

“Sánchez buscó la elevación por la vía del abandono, ejerciendo un arte de caer que puede no tener la elegancia que se le pide a las vidas admirables. Cuando volvió a Buenos Aires, en 1986, en su bolso no había más que un espejo y una navaja de afeitar. Según su hijo, todavía menos: un pijama y los documentos. Había perdido casi todos los dientes.

“Ni místico ni esquizofrénico, Sánchez quizá era solo un inadaptado o inadaptable ante el drama de la vida”, escribe Osvaldo Baigorria en un libro que va en busca de una figura tan esquiva como intensa.

Sobre Sánchez es la historia de un desvanecimiento. El libro se rompe buscando reunir los pedazos de vida deshilachada del escritor argentino. Sobre Sánchez es también, en parte, la autobiografía fragmentada de Baigorria, incrustado en el viaje como un polizón que se deja ver bailando en la cubierta y vuelve a su escondite. Sobre Sánchez es, por lo tanto, dos libros en uno. Chispas de ambas existencias se leen como si las palabras aparecieran detrás de un vidrio esmerilado, que difumina y mezcla las figuras.

“Son 36 las “notas al pie” que se despliegan en la tercera parte ocupando más de la mitad del libro, unas 90 páginas que tejen la investigación sobre la deserción literaria de Sánchez y su declinación vital con las peripecias del propio Baigorria, finalmente imantado por la renuncia a la escritura de su biografiado, por su desobediencia a un supuesto destino y su visión de la existencia como gran equívoco.

“Cuando su hijo, tras años sin verlo y buscarlo, le escribió que quería encontrarse con él y abrazarlo, Sánchez le respondió en una carta que el abrazo para lo único que sirve es para arrugarse la ropa. El camino elegido. Su idea del Trabajo.

“El testimonio se escucha en Se acabó la épica. Alrededor de la vida y obra de Néstor Sánchez, un documental de Matilde Michanie que está alojado en la página web dedicada al escritor. Son conmovedoras las palabras que le dedica el hermano, y las de una médica que atendió sus delirios.

“Fue un vagabundo. Un lunático extraviado en la Tierra sin pasaje de vuelta. Un hombre que se disolvió en las cosas, en la vida, que se quedó sin lengua. La literatura de Néstor Sánchez se fugó del sentido, así como la vida se pierde y se hunde sin que podamos retener su figura o su significado.

“Sánchez se afirmaba en la idea de que lo único que merecía la pena escribir es la experiencia, y dejó de escribir cuando sintió que ya no tenía nada que vivir. “No hay ninguna posibilidad de consuelo”, era la frase final de la novela El arte de la fuga, que escribió en París y luego destruyó. A los 18 años, cuenta su hermano, Néstor ya había sentido que la vida era humo.”

Publicado en La Voz el 15/01/19. Puede leerse in situ por aquí.