El malestar en la poesía

Este fue el título original de la reseña de Poesía estatal que Emilio Jurado Naón escribió para la revista Ñ  y que terminó publicada el 30/06/2017 como “En las antípodas de lo solemne”. Allí se pregunta: “¿Cuál es el estado de la poesía? Los versos de Osvaldo Baigorria responden que algo de ese estado anida en el contexto –institucional, histórico– en el que los poemas fueron leídos”. Naón continúa observando, con certeza, que “la capacidad que tiene un poema de `sostenerse` es una cuestión que (pre)ocupa Poesía estatal. Ante la ausencia del cuerpo que leyó los poemas, `con todos sus olores y temblores`, se levanta un andamiaje para contextualizar las partes y, a la vez, construir un aparato, un libro… Un abordaje podrido de la palabra podría resumir la ética de este poemario: una ética contra-cultural que quiere crecer en las fisuras de las instituciones –el Estado, sí, pero también la Lengua. Esta posición subversiva tiene sus mejores momentos cuando el poema se resiste en el plano de la forma”. Leer más “El malestar en la poesía”

Historial de lecturas

Rodolfo Edwards reseñó Poesía estatal en el suplemento Perfil Cultura del 4 de junio de 2017. Titulada “Historia de la lectura”, la reseña dice, entre otras cosas:

“A sabiendas de que la poesía se mueve en terrenos pantanosos e inestables, Osvaldo Baigorria reunió en Poesía estatal una serie de poemas nacidos de la oralidad pero que pasan con creces la prueba del papel. Aunque el autor previene: `Puede que estos versos ahora queden como esas letras de canciones que al ser impresas parecen desnudas, sin adornos, carentes del gesto y de la voz que desafina o acierta`. Pero justamente ese `estado de desnudez`, ese desamparo, es lo que potencia el lenguaje poético.” Leer más “Historial de lecturas”

Los gestos de la voz

Así se titula la entrevista que me hizo Augusto Munaro para el diario Los Andes. Por razones de espacio, supongo, no salieron algunas preguntas y respuestas de la original, realizada vía mail; entre ellas, las que indagan sobre cierta idea de deconstrucción y sobre el Post-scriptum del libro, ya cerca del final. Lo que aquí sigue es la entrevista completa en su formato de origen:

Osvaldo, según cuenta la leyenda, Poesía Estatal tuvo su génesis en la placita Boris Spivakow del Museo del Libro y de la Lengua.
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Versos para leer en voz alta

Así se titula la reseña de Mario Nosotti en Los Inrockuptibles de mayo 2017, que de Poesía estatal dice, entre otras cosas: “Cantos intraducibles, mensajes libertarios, invitaciones a la desobediencia, lo anárquico que se abre al mestizaje donde se dan la mano Adorno y la gauchesca, donde dialogan Ginsberg y Perlongher, y sobre todo el humor -un humor que puede ser denso y cavernoso, obsceno y gástrico- cuya misión es corromper toda falsa importancia, alivianar el peso colosal que se nos viene encima al escuchar palabras como Estado, Cultura, Militancia, incluso la palabra poesía (“no tengo la más parietal, puñetera, fucking idea / de si esto es o no es…poesía”). Se lee entera en el blog Música Rara.

Poesía estatal ilustrada

La idea de armar un libro con versos propios que leí en público comenzó a concebirse a partir de una “noche de los museos” de Buenos Aires en 2012, dentro del ciclo Plaza de la Lengua que coorganizaba junto a Ariel Idez en la placita Boris Spivakow del Museo del Libro y de la Lengua, que por esos años tenía de directora a María Pía López. Aquella noche propuse como actividad especial hacer una lectura con micrófono abierto, con lista de inscriptos (se acercaron muchas personas amigas) y cuando llegó mi turno leí fragmentos de ese largo verso que más tarde, ampliado, dio título a este libro.

El criterio para esta edición fue reunir poemas escritos ad hoc, para ser leídos en determinado tiempo y lugar, a lo largo de cuatro décadas. Podría decirse que componen un libro casi documental, ilustrado con algunos dibujos que hice sin pensarlo mucho, años atrás, en ratos que no tenían relación aparente con estos textos, cuando ni se me pasaba por la cabeza imaginar que esos trazos hechos al correr del lápiz o la birome podían llegar a ver la luz o la oscuridad del papel impreso.

A veces digo versos y no poemas porque me parece que la mayoría de los que integran esta selección bien podrían quedar en el paso a nivel o terreno de esas letras de canciones que al ser impresas salen como desnudas, a la intemperie, carentes del gesto, de la voz que desafina o acierta, del ritmo visible de la respiración en escena. Como materia prima sin valor agregado. Pero en esto puede que me equivoque.

También digo versos y no poemas por alguna otra razón que no sé explicar. Pasa como con los chistes (la poesía también puede ser un chiste, y viceversa). No sé qué es la poesía, pero si hay que explicarla ya no será poesía. Leer más “Poesía estatal ilustrada”