Te debo una biografía

Un comentario de Correrías de un infiel en La Izquierda Diario reflexiona sobre la cruza de géneros que ocurre dentro de la caja de esta novela y, aunque con observaciones inteligentes realizadas con la mejor intención pero tal vez apuradas por los tiempos del periodismo, se pierde en la tensión entre crónica, historia y no ficción desde el título, “Improvisar una biografía”. No es ni intentó ser nunca una biografía de Manuel Baigorria (como sí lo intenté con Néstor en Sobre Sánchez): aclaro. Hay, es cierto, retazos biográficos “verificables”, tal como dice la nota, del coronel puntano que vivió entre ranqueles (y también escenas ficticias de su vida en las pampas. con aviso de imaginación), en función de las peripecias ficcionales de Correrías… Falaz y feliz es un lindo juego de palabras pero este libro nunca disimuló su condición de novela.

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Un hilo invisible

Es el que une, tironea y abre mutaciones entre pasado y presente, dice esta reseña en Publishers Weekly de Correrías de un infiel: “Un hilo invisible que tira sobre el tiempo y el espacio es el mismo que lleva al autor a remontar una travesía en búsqueda de una identidad que promete un símbolo más grande y más fuerte que él: el apellido paterno. Baigorria es el lazo que ata el presente al pasado perdido. Los cielos de Buenos Aires y las cuatro ruedas de un Fiat Spazio son los compañeros de Beatriz y del hombre que pretende reconocerse en los fantasmas de la sangre, uniendo los pedazos y fragmentos que reconstruyan una verdad no absoluta. Este camino, que no interesa como camino, los conducirá a la ambigua historia de Manuel Baigorria. Las paredes de un monasterio escuchan las memorias y registran las voces de un pueblo originario que se hacen presentes en una genealogía que fusiona razas y herencias, las ramas de este nuevo árbol se configuran. Mientras esta historia es contada sin freno, Baigorria, el que busca, tejerá una relación con Beatriz entre experiencias de amor, fe y cantos gregorianos. Lo cuestionará todo. Se convertirá en la semilla que regresa a contemplarse a sí misma a través del rastro que dejará la sombra de esa otra vida. Entre montañas y llanuras, la línea parental abre grietas donde crecen sus ideas y sueños, los impulsos y los deseos. En paralelo, sus temores e inseguridades se intensifican. Esta búsqueda no se trata de una elección, sino de una fuerza que empuja desde dentro, lo que provoca a una irreversible mutación interior”.

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¿Gauchesca o indiesca?

La identidad es un vieja pregunta filosófica, estatal, institucional (como cuando la policía nos pide el documento nacional de identidad). El problema es que se constituye alrededor de una comunidad imaginaria (la nación, la generación, la orientación sexual, etc.) y en base a un relato fundacional y homogeneizador que tiene mucho de ficción. No somos idénticos. Ese fantasma en la sangre es más que nada una fantasía, a veces un delirio. En cierto modo, uno elige a sus antepasados, como Kafka que creó a sus precursores según la famosa fórmula de Borges.

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Fuga a cuatro voces

Apenas se publicó la primera edición de Correrías de un infiel, El Anartista me entrevistó y editó como conversación polifónica -en realidad, un ataque a cuatro manos de Gabriela Stoppelman, Federico Barea, Paz Bustamante y Emmanuel Muleiro- esta entrevista en la que debí responder preguntas sobre el coronel Manuel Baigorria, los crotos, el deseo, la esclavitud, el arco y la lira…

Fragmentos de ese texto -que presenta en tipografía redonda las palabras del colectivo editor, en negrita esas mismas palabras destacadas y en cursiva mis respuestas- incluyen cuestiones como esta: “Una entrevista, habitualmente, es una escena en la que hay dos personas y es mejor incluso si no hay fotógrafo. Si te entrevistan varios, te ponés a la defensiva“. Eso es lo que queremos, intimidarte. Por eso somos cuatro y nos sentamos en círculo. “Roland Barthes ha escrito páginas interesantes sobre el terrorismo de la pregunta: en toda pregunta hay implícito un saber, un poder, un cuestionamiento“.

Me intimidaron. Respondí apurado. Algunos momentos salieron bien. Titulada “La fuga de Bai”, fue publicada en El Anartista nro 21, noviembre 2005. No la encontré digitalizada en la web, así que la subo por aquí en pdf. Tiene seis páginas.

De apellidos criollos

Cristian De Napoli recomienda Correrías de un infiel en su página de Facebook con estas palabras:

Sólo de algo estoy seguro: si Baigorria fuese, pongamos, vasco (como su apellido) o bretón, o europeo en general, ¡todo el mundo hablaría de sus libros editadísimos por Anagrama!! Y hablaríamos de la gran novela autobiográfica, o literatura de autoficción, ¡de Baigorria a Carrere pasando por el noruego Knausgard y no sé qué croata!!

Pero como es criollo y encima chúcaro -y se la pasó viajando en vez de sentarse a mimar críticos & editores- aquí lo tenemos, sólo leído y defendido por impresentables como yo. ¿O no?

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Cabeza ranquel

“La cabeza del cacique” es el probable título de esta obra de Florencia Bohtlingk que en su versión más terminada recibe hoy desde la vidriera a cada visitante que entra a la galería de arte PM (“Para mí”, en este día), a ver la muestra que Flor comparte con Javier Barilaro y Nicolás Dominguez Nacif: “selvas oscuras, bárbaros sin oficio ni beneficio, litorales marrones y mares fluviales sin calado suficiente para ser navegados”, al decir de Alfredo Aracil en su texto de sala. Agrego: en la muestra hay misas paganas, paisajes umbanda, lluvia de plagas y contagios de pampa y trópico. Sólo sé del origen de este cuadro, porque la cabeza en cuestión fue la del cacique Mariano Rosas en la ceremonia de entrega de restos a descendientes y referentes indígenas en el Museo de Ciencias Naturales de la Plata hace dos décadas, ceremonia que presencié y que relaté a Florencia a través de una imagen que me quedó grabada, una imagen que va del recuerdo al relato y se convierte en dos: cabeza y cráneo, lonko y hueso, La Plata y Leubucó. Leer más “Cabeza ranquel”

Vuelven las correrías

La reedición de Correrías de un infiel me llega en un momento tan triste como oportuno, el mismo año en el que pierdo esta compañera con la que viajé hacia Los Toldos hace una década y media para rastrear el pasado del coronel Manuel Baigorria en el que se apoyó esta novela: se apoyó y se disparó hacia el futuro. Editada por María Moreno en Catálogos, la primera edición fue presentada por Germán García y María Pía López en el Centro Cultural de la Cooperación, y luego también por Christian Ferrer y Ana Longoni en el Auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales, UBA. La actual edición por Blatt & Ríos ha sido revisada y aumentada con una posdata que comenta algunas cuestiones del género. Me hubiera encantado encontrarme en un brindis con toda la gente amiga pero en medio de la catástrofe del coronavirus, obviamente, este año no habrá presentación. Espero que disfruten de su lectura.

Mejor se garcha en la pampa

correrias de un infielAdaptación y vuelta de tuerca al título que iba a poner Javier Gasparri a su artículo “Mansilla: La promiscuidad de los cuerpos” donde aparece este comentario a Correrías de un infiel:

“Mejor se coge en la Pampa” fue el primer título dado a este trabajo, aún sin desconocer el posible anacronismo impertinente del término “coger” en el siglo XIX y en la literatura de Mansilla. Sin embargo, además del mérito efectista, tenía una serie de motivaciones específicas. Por un lado, era el modo de poder retomar la magnífica expresión de Mansilla (“mejor se duerme en la Pampa”) para imprimirle una torsión o un desvío en relación con lo que no se interesó en articular, además de ser también una imitación –cual enrarecido homenaje- del inspirador ensayo de Cristina Iglesia que toma esa frase de Mansilla como título. Y por otro lado, este trabajo contemplaba una indagación –finalmente no efectuada- por el texto Correrías de un infiel, de Osvaldo Baigorria, donde luego de un siglo la frase sí pudo afirmarse (no necesariamente de modo literal pero sí en su concepto). De allí, entonces, una suerte de arco en torno a la valoración de la sexualidad entre los indios: Mansilla es el reverso negativo, o el silencio elocuente, de esta frase-señuelo que luego Baigorria sí formula mediante su regodeo festivo. Y la ocasión para hablar de esa narración de Baigorria no se haría esperar. Leer más “Mejor se garcha en la pampa”

Treinta años no es nada

osvaldo baigorriaDocumentos de la transición: 1984 fue el año de mi regreso a Buenos Aires desde una vida en los bosques de una comunidad rural canadiense y el del inicio de mis colaboraciones en El Porteño y Cerdos & Peces, hoy reunidas en el libro Cerdos & Porteños que Blatt & Ríos presenta este 28 de mayo en Sociales: Leer más “Treinta años no es nada”

Crónica en defensa de la novela

correrias de un infiel

Cuando escribí Correrías de un infiel, a principios de siglo, me propuse hacer una novela, a partir de la coincidencia de mi apellido con el del narrador y con el de un personaje inspirado en el coronel Manuel Baigorria. Así lo entendió Ana Longoni, en la presentación: “Hay por lo menos tres Baigorria cruciales en el libro: el autor, el narrador (se trata de un relato en primera persona) y el personaje histórico, militar unitario aparentemente mestizo refugiado entre los ranqueles durante más de veinte años, enemigo de Rosas… El punto es que el pacto habitual de lectura que propone una novela aquí se desdibuja: ¿dónde termina la confesión autobiográfica y empieza la ficción? Quizá la gracia del asunto radique en esa imprecisión, que el texto alienta continuamente”. Así lo comprendió Germán García: “Yo creo que acá hay un narrador que busca ese espacio inconmensurable, apropiándose de un elemento azaroso -como ocurre tantas veces en la literatura-, que es el apellido Baigorria. En ese espacio ajeno en el que se ingresa a partir del rastreo del apellido hay una transformación de la relación que se tiene con la propia cultura”. Y así lo percibió María Pía López: “En las palabras se sacude del polvo de Tierra Adentro. En esta novela se decide qué heredar y qué no heredar de (Manuel) Baigorria. Y se decide no heredar el tono de disculpa. Correrías puede pensarse como unas memorias -de todas las experiencias vitales atravesadas por el narrador: sean las de la multiplicidad de la vida sexual en el mundo de la contracultura, sea la del ritual de la comunión en un convento- que no pretenden disculpas… Eso me parece que es una decisión respecto de la herencia, respecto de qué significa heredar y qué significa elegir un antepasado”. Leer más “Crónica en defensa de la novela”