Cartas desde el exilio interior

Después del 24 de marzo de 1976, Néstor Perlongher estuvo recluido en distintos domicilios (incluído el departamento de su familia paterna en Avellaneda, y una estadía en la cárcel de Villa Devoto) hasta recalar en La Tablada, desde donde me escribió las cartas que recibí en mi cabaña de Canadá y compilé en Un barroco de trinchera, Mansalva, 2006. Hoy, recluido en mi domicilio porteño por el virtual Estado de Sitio* que provocó el coronavirus, me dedico a pasar a la computadora unas nuevas (para mí) cartas de Perlongher que habían quedado extraviadas en una vieja valija de cuero en la cabaña canadiense para una futura reedición de este libro.

perlongher un barroco de trincheraLa voz del amigo lejano me acerca a la situación de encierro y al deseo de salida en tiempos de dictadura. Néstor describe una ciudad “apagada como una lamparita quemada, con rostros cabizbajos y amedrentados en las vidrieras inaccesibles”, una “llanura harto inundable” en la que “cada vez hay con quien menos hablar: a unos los traga la emigración y a otros el silencio, la pesadumbre de una barbarie incomprensible”. Pero había un exit, una salida, un exterior para ese exilio: huir a San Francisco, a Canadá o a Brasil en aquel mundo aun no globalizado en modo totalitario como el que hoy conocemos.

nestor perlongherEn una de las primeras cartas -de esas no incluidas en la primera edición de Un barroco… y fechadas en 1977-, Néstor se disculpa por su estado de ánimo, de ese bajón “lejano ya de las efervescencias de antaño” en el que se ha hundido mientras “lentamente voy elaborando el duelo… De pronto estoy tratando de organizar mi soledad, de acostumbrarme a ella y dejar de lado aquellas salidas desesperadas de las que lo menos que se puede decir es que no tienen plafond en este momento”.  Sus inicios en el mundo literario (“con perseverancia me he dedicado a la literatura”), sus incursiones por ciudades de provincia gracias a su trabajo como encuestador, el fantasma de la recesión, los aumentos de precios, el contagio de la solemnidad nacionalista en las relaciones que observa Perlongher pasan por mis dedos desde el papel al teclado como si me estuviera hablando hoy mismo. Continuaremos.

Dejo como bonus track y documento de aquellas “efervescencias de antaño” la imagen de portada de la revista Así de julio de 1973  en la que Perlongher presenta, por primera vez en una larga entrevista, junto a Fuad y Ernesto K. (seudónimo “Manuel”), al Frente de Liberación Homosexual de Argentina, disuelto forzosamente tres años más tarde luego del golpe de marzo de 1976. En la foto, la vanguardia del grupo Eros del FLH en Plaza de Mayo el día que asumió Héctor Cámpora.

grupo eros flh* Técnicamente, es un decreto de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio. Las diferencias con el Estado de Sitio impuesto por dictaduras militares son obvias: no hay terrorismo estatal, secuestros, torturas, desaparecidos como en los años 70. Y la cuarentena masiva en Argentina está motivada por el cuidado de los más vulnerables y del sistema de salud pública, en principio (por eso, la expresión “virtual Estado de Sitio”). En cuanto a las semejanzas, son notorias en los efectos: aislamiento, encierro en las casas, temor al encuentro con la policía en la calle y al posible abuso de autoridad, delaciones, desconfianza hacia el otro/a, ansiedad, depresión, paranoias. Las “nuevas” tecnologías de la comunicación son paliativos que no suprimen lo que sienten los cuerpos.