Más allá del primer beat

En los márgenes del corazón o núcleo duro del primer grupo de la Generación Beat, alrededor de Kerouac, Ginsberg, Burroughs y otros autores más o menos conocidos, se formó toda una constelación de poetas mujeres, afroamericanos y también jóvenes blancos que acompañaron, compartieron, heredaron y continuaron el legado de los “padres fundadores”. Varios estudios y publicaciones académicas norteamericanas de las últimas décadas han rescatado y propuesto para el canon a esas otras voces opacadas en parte por su papel secundario y periférico en relación a los nombres más famosos y quizá también porque la narrativa beat siempre tuvo más circulación que su poesía.

Los editores de Poesía beat, Juan Arabia y Mariano Rolando Andrade, reunieron a la mayoría de esas voces en un libro bilingüe (Buenos Aires Poetry, 2017) con cuarenta autores, desde los más célebres hasta aquellos olvidados o que fueron reconocidos sólo por sus peripecias como personajes de la mitología beatnik. Gracias a nueve traductores de distintos países, entre ellos los propios editores, hoy podemos leer textos nunca antes publicados en español. Entre ellos, “La vida es” del legendario Carl Solomon, “El tajo” del raro anarquista y católico William Everson, la audaz versión de “Pull my Daisy” de Neal Cassady, Kerouac y Ginsberg que aquí se traduce como “Hala mi margarita” (pronunciado como “jalar” en spanglish) y “Cuando era un poeta” del renacentista David Meltzer, publicado en 2011: “Cuando era un poeta/no tenía duda/conocía los secretos de Todos y Todo”.

Con el mismo título, Poesía beat, Colihue ya había publicado en 2004 traducciones de Ginsberg, Kerouac, Corso y Ferlinghetti por Elvio Gandolfo, en una edición no bilingüe en la que el compilador destacaba la investigación formal que llevó a esos cuatro autores a unir poesía y vida en contraste con la tendencia anterior en la poética estadounidense, representada por T.S. Eliot. La métrica como forma de respiración, la presencia del cuerpo y de lo orgánico serían marcas beat por debajo de otros rasgos comunes de superficie. Sin embargo, sepultadas bajo capas tectónicas de novedades, informaciones y leyendas urbanas, las reediciones de poesía de ese momento único en la historia siempre corrieron el peligro del olvido inmediato, esa forma de censura inadvertida que se apoya en el valor de lo nuevo para obliterar lo anterior casi al instante.

Esta selección lucha de modo original contra esa corriente.  Desde el marco teórico del materialismo cultural, invoca a las “formaciones” de Raymond Williams e incorpora autores sin limitaciones generacionales, pero no por colonización geográfica ni intentando descubrir improbables beatniks en otras latitudes, sino por continuidad y expansión temporal en los espacios compartidos, añadiendo poetas de distintas generaciones sobre la misma placa cultural y lingüística. Aquí, los beat no se circunscriben ya a un grupo de cierta franja etaria que publicó en los años 40-50 sino que continúan abriéndose al futuro aunque siempre dentro de la lengua de origen, que es el inglés estadounidense en cuyo seno escribieron y siguen escribiendo.

Dividido en cinco partes que cruzan épocas y espacios, “Costa Este”, “Costa Oeste”, “Nueva York”, “Beat hotel” y “Outsiders”, el nuevo Poesía beat está ilustrado por fotos en blanco y negro de cada autor/a, además de ofrecer amenas semblanzas biográficas con sus correspondientes suicidios, internaciones psiquiátricas, problemas con la ley y otras anécdotas del folklore hipster. Debe notarse que varios, como Gary Snyder, Michael McClure, Diane Di Prima, Ruth Weiss y Mary Norbert-Korte, viven y continúan publicando, para desmentir una vez más que “lo beat” se reduce a una única generación encerrada entre fechas definitivas, o que deba ser limitado por un sentido de identidad beatnik, como es el caso de la reconocida Anne Waldman, co-fundadora en los 70 de la School of Disembodied Politics en Boulder, Colorado, y actualmente miembro de la Academy of American Poets.

En estas páginas se superan las traducciones de mujeres poetas que aparecieron por primera vez en la edición bilingüe Beat Attitude (Bartleby) en 2015 y se agregan escritoras hasta hoy desconocidas en nuestra lengua. A las ya mencionadas se añaden, entre otras, Leonore Kandell, personaje de la novela Big Sur cuyo poemario The Love Book la llevó a juicio por obscenidad en 1966 y recién pudo ser reeditado en 2003, Denise Levertov con “Parece que debemos estar en otro sitio” y Marge Piercy con su “Blues fúnebre para Janis”, emotiva pieza que canta al “oprimido, excitante y agotador blues femenino”.

También se incluye la cuota étnica de poetas negros olvidados como Bob Kaufman (“quiero que me entierren en un cráter anónimo en la luna”) y Ted Joans (“el jazz es mi religión”) junto a otro más bien olvidable como el militante racista Amiri Baraka (LeRoi Jones), tristemente célebre por ese sexismo y misoginia que alguna vez lo llevó al elogio de la violación de mujeres blancas. Su esposa, Hettie Jones, está presente en este libro con el breve “Alabanza”.

La brevedad conspira con el deseo: quedan ganas de seguir leyendo más allá de las dos páginas de esa figura bautismal en la divulgación del término “beat” que fue John Clellon Holmes, del frágil poema que le escribió a Peter Orlovsky el lumpen y ladrón irrecuperable Herbert Huncke, del “Segundo poema” del propio Orlovsky, escrito en París en 1957, del mínimo verso del visionario Philip Lamantia, de la voz queer de Harold Norse (“No soy un hombre, no puedo ganarme la vida/Tengo acné y un pene pequeño/No soy un hombre. No me gusta el fútbol, el boxeo y los autos/No soy un hombre. Escribo poesía”) y del “Persiguiendo la sombra de Kerouac” del vagabundo Jack Micheline que habla de “Aquellos persiguiendo un fantasma en tierras salvajes/ Aquellos en el camino/ Aquellos con sueños/ Aquellos que nunca se darán por vencidos”.

Por otra parte, hay nuevas versiones de los más conocidos: poemas del monje zen Philip Whalen y del budista “salvaje” Gary Snyder, varios “coros” de México City Blues de Kerouac, una extravagancia en verso de Burroughs y el “Escrito en mis sueños por w.c.williams” de Ginsberg, además del clásico “Sutra del girasol” que ya ha tenido otras traducciones.

En el prólogo se destaca nuevamente que de la llamada Generación Beat surgió mucho más que un movimiento literario: surgió una manera de resistir a las instituciones por la terca afirmación del derecho a vivir y dejar vivir todas las diferencias. Y surgió la propuesta de una revolución cultural que abarque la no violencia, la liberación sexual y espiritual, la experimentación psicodélica, el antifascismo, la apertura a la negritud y a la naturaleza y a la vida en proceso de obra de arte. Recuperar esos gestos hoy en un mundo que, como escriben los compiladores, “muestra una peligrosa tendencia a cerrarse y abrirse en ondulaciones de control… es en cierto modo una declaración de principios, una forma de inmortalizar intacta nuestra derrota”. Ese “nosotros” inclusivo hace propios los modales de la “formación beat” desde sus orígenes a mediados del siglo XX. Y revindica la actitud con la que esa poesía nos incluye en su diálogo airado con el presente.

Publicado en revista Ñ del 30 de setiembre de 2017 con el título “Vivir y dejar vivir todas las diferencias”