Cerdos y Porteños: De la censura a la palabra

Agustina Paz Frontera en la presentación del libro Cerdos & Porteños en la Facultad de Ciencias Sociales el 28 de mayo de 2014:

El otro día vi en un programa de TV en Canal Encuentro, a Slavov Zizek diciendo que la violencia aparece cuando algo no se ha podido articular como lenguaje, cuando hay un vacío simbólico, es decir que, cuando por algún motivo no podemos hablar, nos ponemos violentos. Me gustó esa idea para explicar provisoriamente lo que vino después del gran silencio impuesto que fue la dictadura del 76. Se venía de la barbarie y el silencio violento: El porteño comienza en 1982, Cerdos & peces en el 83, una mínima luz de libertad empezaba a abrirse. Una de las películas más conocidas de la época es La república perdida, de 1983, un documental histórico íntegramente de archivo, es decir que no hay nada filmado especialmente, y está dirigido por Miguel Perez, un montajista que será el mejor montajista del país pero es un montajista, es decir que forma parte de ese tipo de gente que construye oraciones sin palabras, solo moviendo imagenes de acá para allá, en una película en la que nadie habla en cámara, sólo unas voces en off revisan toda la historia nacional. Y esa pelicula hace una visagra de giro suave, como moviendo una puerta pesada. En cambio, la Cerdos y El Porteño intentaron tirar abajo la puerta.

Me gusta pensar la aparición de estas revistas en ese contexto de un salir hacia, de ruptura del yugo religioso y militar: imagino estas publicaciones como un balbuceo un poco rumiante y libertario. Apenas hay un grado de libertad y se puede hablar… ¿qué se dice? Se pide más libertad. Este movimiento me parece notable, heroico y hermoso.

Juan Carlos Kreimer y Pipo Lernoud                                 Juan Carlos Kreimer y Pipo Lernoud entre el público

Dice Osvaldo Baigorria en la introducción de este libro: “creía que para que se afianzara la libertad aquí era necesario expandir las fronteras de lo posible, mostrar lo que no se podía mostrar, decir lo que no se podía decir. Aún lo sigo creyendo, pero en aquellos años era como una inclinación libertaria visceral, sin mediaciones.”

En el primer número de la revista Cerdos & Peces, en agosto del 83, la editorial que escribe el director de la revista, Enrique Symns, ese humano de espíritu monstruoso, habla de un proyecto: vivir libremente, hablar libremente. Un proyecto vitalista: defender la vida ante todo: “por más que insistan en contar un argumento espeluznante, la vida sigue siendo un magnífico misterio dispuesto a ser develado”.

El reencuentro con la palabra (pero no así con la paz) aparece en estas revistas de dos modos digamos complementarios: en El Porteño de un modo más republicano, apolíneo, un tipo de periodismo que podemos decir que luego se continuó en Página/12, y de un modo desviado en Cerdos & Peces, ligada a lo dionisíaco, a la recuperación del tiempo perdido: la droga como viaje espiritual, las sexualidades no normativizadas,las experiencias contemporáneas redentoras de la moral reinante, las reivindicaciones de minorías, una vida rebosante que surge en la fiesta, en la música, en el rock, un modo que no tuvo continuación, salvo en la cultura rock, esa quintaescencia de la que todos sabemos qué significa pero nadie puede puntualizar.

Esta distancia entre una y otra publicación está esquemáticamente planteada por Symns: “En toda la historia de esta revista, nunca dimos respuestas macropoliticas. No vamos a ponernos ahora a hablar del canalla de Menem, de los corruptos senadores y diputados, ni de los asesinos de uniformes que mataron mujeres y violaron niños en la pesadilla de los chupaderos, ni del poder del imperio que puede ser estudiado en el lenguaje del portero que vigila tu edificio. Lo nuestro fue siempre…  lo micropolitico. Tu miseria sexual, tu calle contaminada, tus rutinas carcelarias, el sometimiento de tu magia. Me fui de tu calle y también de la mía. Ya no se dónde queda nada ni dónde están todos” (editorial de 1990).

En el comentario a uno de los textos del libro Cerdos & Porteños, Baigorria amplía la cuestión de lo que yo llamaría “verborragia postraumática” de la época: “En principio, no éramos pocos los que creíamos que una revista contracultural y libertaria como la Cerdos ampliaba el límite de lo expresable y por lo tanto era benigna para la época. Eran tiempos hermosos para la libertad de prensa, no tanto por lo que se permitía (que era bastante poco) sino por lo que estaba en juego en la lucha entre el bien y el mal: nosotros (me arriesgo al plural mayestático) pensábamos que estábamos del lado del bien justamente por creer que éramos tan malos. O sea: no éramos militantes en sentido “militar” del término, no adheríamos a un dogma estructurado en torno a una organización partidaria, actitud que parecía conducir inevitablemente al fascismo. Pero sí creíamos en que había que dar la batalla contra la represión, el control social, los tabúes y los prejuicios por todos los medios disponibles. Lo que en aquel momento no sabíamos –no queríamos saber– es que la exageración, la “ficción periodística”, la invención premeditada para cambiar las conciencias al final no ayudaría a ganar ninguna guerra.”

Documento y literatura

Para hablar puntualmente de este libro que publica Blatt & Ríos: este libro vuelve al mundo menos hostil; este libro tiene un valor documental, porque ahora quienes investigamos las publicaciones de la época sin tener que comprar las revistas a precio vil podemos conocer no solo los textos de un colaborador lateral, injustamente lateralizado (y quizás por suerte, porque Baigorria sigue intentando, sabe que nunca explotó, que nunca fue explotado) sino porque además este libro tiene un valor literario, que se funda en el estilo baigorriano: avanzar en varios frentes, presentar la noticia, el dato, la opinión (o digamos, el género central) y deslizar en un género menor, una nota al pie, un comentario, el espesor de su curiosidad privada. Por ejemplo, en una nota al pie de la pag. 73 Baigorria se habla a sí mismo y se dice “qué mal chiste”. Baigorria de 2014 no se ríe de Baigorria modelo 1985 pero se nota que lo quiere, hay allí toda una “autotransbiografía” (según un término usado por el propio Baigorria, quien dice actualizar así un término de Héctor Libertella).

En ese segundo nivel de género menor aparecen también las charlas con Symns (que develan un modo de construir las noticias, “la ficción periodística”), quiénes escribían, qué salió en tapa en ese número o la memoria material de la revista: si era una cooperativa, qué tirada tenía, y todos los elementos paratextuales que acomodan y nutren la lectura.

Es este, entonces, un libro que funciona a muchos niveles. Por ejemplo, en una de las notas, que es una especie de elogio de la infección, con un cronista (cuando la crónica no estaba de moda, o no se llamaba así) que cuenta un paseo por diferentes hospitales buscando personas con infecciones, en el comentario escrito por Baigorria en la actualidad se cuenta lo que le habría dicho Symns:

“—Hay que sacudir a esas mentes de eunucos que formatean los médicos y los psiquiatras –recomendaba el Jefe de Redacción–. Imaginate el erotismo en los pabellones de infecciosos de un hospital público, la baba que se le cae a los que revisan a una pendeja de 16 años infectada de gonorrea. Tengo un caso, una minita que laburaba de prostituta y fue a un hospital donde la hicieron desnudar sobre una camilla, y como el segundo médico que la vio no se puso de acuerdo en el diagnóstico del primero, hicieron pasar a toda la guardia para que la mirase entre las piernas. Ponelo como testimonio, con un nombre cualquiera”.

Pero además del valor documental y del valor literario, este libro tiene un valor periodístico. Muchas de las notas escritas hace 30años (no todas eran” periodismo ficción”) tienen una despiadada actualidad. Hay preguntas que abre aquel Baigorria del 84-85 que aun hoy no podemos responder. Por ejemplo, en “Feminismo y pornografía”, publicada en 1985, Baigorria deja preguntas hacia el futuro: “Todavía está por verse si algún día un mayor control estatal puede servir para proteger y hacer justicia. Conferir al Estado nuevos instrumentos y pretextos –como la violencia en la pornografía– para extender su dominio sobre la población es como jugar con fuego. Con el fuego de las hogueras en las que se queman las brujas.”

Agustina Paz Frontera Juan Laxagueborde                                            Agustina junto a Laxagueborde 

¿Quiénes y cómo leían estos textos?

Al principio contaba que escuché a Zizek en uno de los 70 canales de TV que tengo. En los años 80 los medios de información (donde una podía enterarse de qué se estaba pensando en otros lugares, qué música se escuchaba, qué se leía, qué cosas pasaban que no las contaran los grandes diarios), eran reducidos. Había que esperar que un amigo viniera de viaje, hacía poco se había levantado la censura sobre las canciones en habla inglesa… La Cerdos fue una perla en esa oscuridad y no tardó mucho en convertirse en una revista de culto, que creaba escuela, que motorizaba un fulgor poderoso que repercutía en todas las clases, que leían los hijos de los obreros y los univeritarios, que así como te enseñaba a tomar merca (o donde comprarla) te daba un marco teórico para pensar la política, (un lector que yo quiero mucho me contaba: “yo gracias a la Cerdos conocí a Carlitos Marx”), que así como informaba sobre la contracultura de los 60s en San Francisco convocaba a las marchas de las Madres de Plaza de Mayo (pero no bancaba al peronismo). Un cocktail que desde hoy es muy difícil de entender.

Baigorria en la introducción de este libro cita al hexagrama 61 del I Ching, de donde salió el nombre de la revista: “Los cerdos y los peces son los animales menos espirituales y por lo tanto los más difíciles en ser influidos. Cuando uno se halla frente a personas tan indómitas… todo el secreto del éxito consiste en encontrar el camino adecuado para dar con el acceso a su ánimo”.

Los cerdos y los peces eran la juventud argentina, y la revista iba probando maneras de “dar con el acceso a su ánimo”. La Cerdos creó lectores, una cofradía. No parecía reconocer ningún sustrato fudamental más que el presente y la vitalidad, más influidos por el punk que por el hippismo, lo que importan son los amigos, cuidarlos, pasarla bien, no doblegarse nunca, ni ante la patria ni los maestros ni el consumismo, solo hay que expandirse, abrir la percepción, la sexualidad… Como muestra la editorial escrita por Symns, en el número 22, de enero del 90: Amigos, tengo ganas de encontrarlos. Son la única pasión.No escucho ninguna canción que no venga de tus labios. No me baño en ninguna pileta de natación que no esté llena de tu saliva. No leo ninguna noticia que no hable sobre ti. Si se mueren tres millones, recorro angustiado la lista y al no encontrar tu nombre grito: “¡Vamos, todavía!”. Nunca pude estar mucho tiempo sin buscarlos. Me gusta igual todo esto aún cuando se ponga siniestro. Pero seguiré buscando la fiesta que nos prometimos cuando la perdimos para siempre. Amigos, ese es el nombre de mi raza.”

Con Baigorria y otros compañeros estudiamos durante un tiempo lo que llamamos la crónica de autor, que contemplaba este mecanismo de ficción periodística que tanto usaba Symns, que parece decir : “No hay La Verdad, no hay ningún valor sobrevolando todo, el periodismo no es un oficio sagrado y se puede andar y desandar las realidades hasta contarlas como a uno le plazca”. Como alumna de Baigorria no puedo decir que él me haya transmitido esto, lejísimos está de dar por aprobada una noticia que no se referencia en lo efectivamente sucedido, pero sí que él empujaba hacia una dimensión del periodismo desadaptado. No hay que adaptarse, el Baigorria docente de periodismo enseña a Deleuze, no hay que adaptarse, la lógica actual de los medios gráficos no necesita capacitación, cualquier persona alfabetizada puede escribir en Clarín, no hay que adaptarse, para lo que sí se necesita ayuda, y maestros, es para aprender a decir la propia mirada, a sostenerla, no escamotearla, saber decirla con plasticidad y cerebro. Y ahora que leo estas notas de Baigorria de hace 30 años y leo al Baigorria actual, puedo notar esa línea.

En el comentario a “Después de los punks” (El porteño 1985), informa en el texto previo a la nota: “En junio se anunció el Plan Austral, por el cual a cada billete de 1000 pesos se le quitaban los tres ceros y pasaba a valer 1 peso (llamado Austral). De todas maneras, continué colaborando. Había otros motivos más allá del “ganarse la vida”: había que ganar la calle, la cultura, la transición desde la dictadura hacia una libertad que no merecía que se diera un sólo paso atrás.”

Tiempos en los que con el periodismo se podía “ganar la calle” y no sólo ganar elecciones: pude recoger algunos testimonios y todo parece indicar que sí, que hubo algo de lo que el joven Baigorria del 84 imaginaba, una resonancia en los ánimos de la calle; por ejemplo en una página de Facebook de amigos de la Cerdos se dice:

-“leía la revista como comiéndome un sánguche de milanesa” (Huguito)

-“qué bueno me formó o deformó pero me encantaba” (Armando Miranda)

-“mi adolescencia hubiese sido chata y boluda, sin C&P” (Nando Rod Mod)

-“me hiso poum en el cerebro” (Gustavo)

-“chanchos and pescados!!. hoy mas necesaria que nunca!! qué festichola se harían escribiendo sobre macri” (Marcelo Humbel)

Pensemos qué cosa nos produce hoy este nivel de excitación: ¿las series de ciencia ficción en internet? ¿el fútbol? ¿el último libro de Aira o de algún escritor favorito? ¿Y qué se comen como sánguches de milanesa los que están acá sentados en la universidad?

¿Dónde está hoy la crítica? El subtítulo de Cerdos & Peces era “la revista de este sitio inmundo. ¿Dónde está hoy lo que remarca lo inmundo y lo injusto? ¿Quién escribiría hoy la Cerdos? ¿Leonor Silvestri? ¿Ioshua? Symns dijo en una entrevista: si hoy la Cerdos existiera sería terrorista. Lo que sí es imposible de pensar es una Cerdos y Peces kirchnerista.

La Cerdos había participado activamente en la marcha en contra de la visita del Papa: una marcha realizada en el 87 con Batato Barea a la cabeza. ¿Se imaginan hoy una marcha contra el Papa? Seríamos pocas, todas feministas.

Defender la vida y apoyar el aborto

Es que los 80s fueron muy diferentes. ¿Qué significaba “el destape”? ¿Quiénes se destaparon? ¿Había en el magma cultural un deseo de transgredir? ¿O había una reverberancia de la represión moral que desde Onganía hasta Videla se había intensificado? Este libro ayuda a pensar esas preguntas; por ejemplo en “El espacio de la orgía”, una entrevista que en 1985 le hace Baigorria su amigo Néstor Perlongher, este le dice: “Yo lo que veo es que en la Argentina hay más libertad, pero el aparato paralegal está intacto.”

¿Había más libertades civiles pero seguían rodeados de “viejos vinagres”? Cuando una piensa estas cosas ya no le da tanta envidia esa fiesta de la democracia, el reviente, el destape, quizás sí la música de la época, o el under, andar por ahi mezclándose con personajes patafísicos, pero ¿qué pasaba realmente en los ánimos de esos personajes?

En otro comentario, Baigorria anuncia: “Como me había advertido Perlongher, y al contrario de España o de Brasil, donde las expresiones destape y desbunde remitían a soltar zonas del cuerpo cubiertas por la censura, la llamada “primavera democrática” fue apenas visible en las costumbres argentinas. La policía continuaba haciendo razzias por uso de drogas u orientación sexual, entraba a las discotecas para llevarse decenas de personas a la vez, había declaraciones públicas de condena a una pornografía casi inexistente, se agitaban los fantasmas militares que amenazaban volver ante el supuesto `libertinaje’…”

A Symns se le pregunta en otra entrevista: ¿Qué se perdió de los ochenta? Responde: “Nada, yo envejecí. Es la batalla entre el orden y el caos. A los rockeros los agarra Coca-Cola y los convierte en unos boludos que graban discos. Todo tiempo pasado fue mejor, hace 30 años o hace siete mil. Antes estábamos más cerca del miedo y del terror cósmico que ahora. En los 80, yo no tenía casa, vivía en los bares, era muy feliz… Feliz, no, dichoso. Después la cocaína dejó de hacer ese efecto, como todo tiene su verano, su otoño…”

En resumen, este libro es indispensable en esta carrera de Ciencias de la Comunicación Social para entender la trastienda del periodismo, es indispensable para entender la cultura de la década del 80, y para pensar también qué nos pasa hoy. ¿Cómo puede ser que 30 años después no hayamos alcanzado mayores y mejores libertades? Ok, no tenemos razzias, pero ¿no tenemos razzias? Qué lugar tienen hoy las organizaciones horizontales? ¿Dónde están los que marchaban contra el Papa? ¿Qué medio de comunicación con alguna llegada hoy defiende a la vez y a ultranza la vida y apoya el aborto?

Aula 100 de la Facultad de Ciencias Sociales, 28/05/14

Sala 100 en la presentacion                                                                         Foto por gentileza de Facundo Soto