Sánchez, el amhor y el fumo

Dos críticos de lujo recibieron El amhor, los orsinis y la muerte de Néstor Sánchez en 1969: Osvaldo Lamborghini y Nicolás Rosa. El primero escribió en la revista Periscopio ese mismo año: “En el texto la marihuana es la palabra marihuana. Un análisis desde el punto de vista fonológico (que el texto de Sánchez permitiría) podría estudiar el valor de esas dos haches silenciosas, la de marihuana y la de amhor: el sostenido rigor de la novela impide pensar que esa relación es puramente casual”. El segundo, en la revista Los libros Nro. 7 de enero de 1970:

Nicolás Rosa Néstor Sánchez  “El discurso de la droga debe ser leído en la propia experiencia -en sus propios signos- y en el propio cuerpo: desarrollado en la escritura aparece no tanto como lo que es y lo que pretende ser sino como un elemento-otro que se significa por oposición a la escritura. En la oposición droga-escritura, ambos son inseperables; pero la experiencia de la droga no es sino la experiencia de la droga en la escritura”. La sintaxis de la droga que aparece y se oculta detrás del relato opera, según Rosa, relacionando “nominales narrativos”: lo Yúyico (en dos: Yuyo grande/Yuyo chico), lo musical (el jazz), la existencia-otra (“la existencia está en otra parte”), el cuarto estado, la juntidad, esa inmediatez de la presencia (y ausencia) de los otros, la pálida, la justicia canábica…

Agregamos: con fumo, humo que viene del Brasil, de México y de Paraguay, viejas y nuevas palabras mágicas de lo que reúne, asocia, vincula al grupo e impide la dispersión. Hay yuyo, pasto, flores, hay un pase circular del joint de mano en mano donde Sánchez relata -¿relata?- el viaje interior de una percepción repleta de “humo alucinógeno” en esos años experimentales y con hierba de calidad, que siempre solía venir del extranjero: un pistolero mexicano trae hasta la casa de Flores esa “marihuana purísima”, empiezan a ver rojo y azul, rojo y amarillo, la tierra convertida en avioneta o vacas tuertas en una pradera australiana (¡Ave María Purísima!): “Y como pareció desconcertarse un poco agregué que era y no era alucinógena y que fumarla sólo puede ser entendido como ritual, como juntidad deliberada, y que justamente ahí empieza el síntoma de su justicia: debe fumarse con gente inmediata y por eso (o por sus ausencias) empieza su justicia” (Néstor Sánchez).

Hoy se consigue así gracias a la reedición de Paradiso (y gracias al aviso de Golosina caníbal):

El amhor los orsinis y la muerte