Delta noir

Foto por Nacho Sánchez

La entrevista de Lala Toutonian en la terraza de la librería Eterna Cadencia a propósito de El ladrido del tigre arranca -ya editada- así:

«Narrado en primera persona, este policial -el primero de toda la narrativa del autor- se sumerge en terrenos fangosos dando lugar a un nuevo género: el delta noir. Terror, muerte, complicidades, desconciertos y una construcción de personajes muy bien delineados logran hacer de esta novela el disparador de una nueva corriente.

Lala Toutonian: Osvaldo Baigorria es nuestro Henry David Thoreau. Quien lo conoce, quien lo haya leído,quizá coincida y en El ladrido del tigre se nota (gran diseño de tapa, de paso). Empecemos por el título: el tigre -el animal-, el Tigre -el lugar- ¿El tigre ladra verdaderamente? Ruge, muge, ¿qué hace?

En primer lugar agradecimientos a Filba, Eterna Cadencia y a la gente de Blatt y Ríos: les quiero agradecer que hayan confiado en este título y en este libro con arte de tapa de Florencia Böhtlingk… El ladrido a mí me evoca a una expresión de Gilles Deleuze que decía “El ladrido del perro es la vergüenza del reino animal”. Es una vergüenza el ladrido del perro porque es algo entrecortado, fuerte, estridente, innecesario muchas veces. Pensé mucho al respecto; ciertamente los perros, el animal, la especie, la familia de los perros, perras, perres, es producto de algún tipo de manipulación genética, de los viejos lobos, animales salvajes, etc, para proteger los rebaños de los pastores o para avisar la presencia de extraños, esa sí es una función muy útil, pero a veces el ladrido se transforma en algo muy innecesario ¿no?

Molesto.

Muy molesto. Y aquí hay una referencia al tigre tanto como lugar así como a un animal y a un símbolo también: el tigre es un símbolo muy fuerte en la literatura(*).

Claro, Borges.

Claro, Blake.

William Blake. Lo nombrás en la novela.

Sí. Me pareció que ahí, la unión del ladrido y del tigre hablaba de algo de lo que estamos haciendo con el ecosistema. Sin pretender bajar línea ni dar cátedra al respecto, me pareció que había una tensión a explorar en la literatura.

Hay varios temas que nos acogen en este momento, desde la vuelta a la naturaleza, como creyendo que eso es bueno, o que volvimos a una ¿normalidad? y el machismo por otro lado. El hombre, el ser superior en la naturaleza según la intención del narrador. Y quizá una analogía con que el delta, el Tigre, la isla, es todo un espacio que nos protege hasta nos da miedo.

Exacto. El río ríe, el sauce llora. La verdad que hay varias cuestiones allí, pero me metí con un tema diferente de los que venía haciendo hasta ahora. Viví muchos años en el delta, al que fui con una ilusión -como mucha gente que se va a vivir a esos lugares- de encontrar una naturaleza (con una idea que viene de Rosseau), y a un ser humano en la naturaleza, prístina u original… y después allí se descubre que no es tan así. Por otro lado lo que me pasó es que yo con este libro quise alejarme de un tipo de escritura que era más autorreferencial, más de relato de experiencia y quise probarme a mí mismo en algo en lo que nunca había incursionado, que es un subgénero que sería (creo) de misterio, policial. Porque me aburro del tipo de libros que he estado escribiendo y dije: quiero hacer algo nuevo, no quiero algo como lo que ya hice. Tenía idea de hacer un libro sobre estos temas, los temas que mencionás, con todos esos elementos. Lo escribí en un momento muy particular, no cuando estaba viviendo en el delta, sino después, en la primera etapa de la cuarentena, básicamente entre marzo y junio, quizás principio de julio, del año 2020. Estaba en mi departamento de Palermo, un lugar que había llegado después de unificar todos mis libros, ya que anduve muy disperso en los últimos años. En el 2019 y a principios del 2020 mientras a mi compañera le volvía el cáncer, hacía su quimioterapia, y yo la acompañaba, hasta su muerte, ahí, en la primera etapa del 2020, me dije: tengo esta idea. Y me escapé un poco en mi imaginación a esta zona en la que yo había vivido y lo puse como escenario de algo que ocurre en otros lugares también. Ese algo es el supremacismo masculino, los femicidios, la ingenuidad ante la naturaleza, los crímenes. En fin, dije: voy a probar, empezó como un juego y me quise probar a mí mismo de si podía escribir algo en este subgénero. Algo salió.

Algo salió. Mientras contabas todo este proceso por el que pasaste y que has logrado escribir esto, pareciera de las mejores terapias que uno puede lograr para evadirse un poco de la realidad abrumadora que estábamos viviendo más tu situación personal.  Entonces lo que ocurre durante el transcurso de la historia, la desaparición de los animales, la aparición de cuerpos, lo que ayuda el río al subir y bajar y encontrar estos de pedazos de cuerpos. ¿Estuviste investigando? Sobre cómo se corta un cuerpo, por ejemplo. Lo que se muestra en esta novela es que tanto el género humano como lo natural es una gran amenaza de ambas partes. Esta ficción da cuenta de eso.

Sí, puede ser, es verdad. Respecto al tema de cómo descuartizar un cuerpo, yo he probado personalmente como hacerlo (risas). No, no. Pasa es que al haber vivido muchos años con una médica, algo ya sabía y me puse a leer un poco a ver cómo podía llegar a hacerse algo así. Y sí, respecto al tema de la naturaleza, desde luego que fastidia un poco esa idea hipostasiada de la naturaleza, hipóstasis en el sentido de un ser sustancial, verdadero, en vez de considerar que es una abstracción. Lo que nosotros consideramos naturaleza es una abstracción, es una idea que después contrasta mucho con la realidad, con lo “real” que es la mugre, los mocos, la sangre, la muerte, todas estas cosas que son muy naturales, habituales. Cierto es que no debería ser muy duro con la ingenuidad, porque yo he sido muy ingenuo y lo sigo siendo en muchos sentidos, pero la ingenuidad de decir «voy a un lugar de vida natural, ahí va a ser todo hermoso y»… no. El turismo no ayuda mucho en ese sentido. El turismo induce a una idea muy distorsionada de los lugares a los que vas, total vas dos o tres días, el tiempo es lindo, un paraíso; si el tiempo está feo, uy, que macana. Pero no es así. Hay algo de eso que se trasunta, trasluce o aparece en este libro, algo de ese combate contra una idea muy ilusoria hacia la naturaleza.

Da cuenta de esto que se habló en los últimos tiempos de volver a lo natural, a la naturaleza, “normalidad” y todos estos lugares comunes, no era verdaderamente lo mejor o no era lo ideal porque seguía siendo igual de amenazante y peligroso.

La vida es muy peligrosa. Sí, claro.

En el transcurso de la lectura uno redescubre al mismo Baigorria de siempre, al Baigorria donde están todas sus trans, sus putos, sus putas, sus orgías, acá vuelve Osvaldo a nosotros, sin esconderse. El Tigre también tiene esos espacios donde uno se puede esconder, se puede guardar, hay muchas casas abandonadas y todo muy orgiástico como describís en la novela. Pone cistema, esos juegos de palabras al cual estamos acostumbrados. Vuelven tus personajes, les volvés a dar vida, ¿verdad?

Sí, sí. Supongo que sí, uno no puede evitar ser uno mismo.

Hay masoquismo, hay unos latigazos ahí también.

Hay latigazos, cómo no, siempre.  

Porque los personajes hacen a la historia, justamente. Este tipo de gente tan poco normal, si se quiere, tan poco natural. 

Sí, totalmente. Hay un tema de Caetano Veloso que dice “De cerca nadie es normal”. Y acá se nota más, sobre ese escenario que imaginamos. En el delta, con ese fondo selvático que tiene, quizás se note más eso. Yo creo que nadie es normal, que todos estamos atravesados por multiplicidades.

Neurosis, deseos….

Pero sería interesante ser totalmente incoherente, que no te descubran ningún tipo de relación con ese escenario, ese que los porteños llaman “El Tigre” y que en realidad es una zona inmensa que llega hasta Entre Ríos, es el delta del río Paraná. Entonces está eso, el tigre como animal (se lo llamaba tigre aquí al yaguareté) y también está el tigre como símbolo, esa fiera de la que hablaron Borge, Blake y otros. Entonces hay varios tigres en este libro, por lo menos tres. Pero si estamos hablando de escenario, sí es un escenario inmenso.

Otra linda palabra que usás tanto en la novela: miasma.

Miasma, el pantano, el lugar donde todo se pudre y se mezcla. Me pareció fascinante eso a mí.

La mugre que contás todo el tiempo, el río sucio.

Es todo así, mugriento, barroso, pegajoso. El polvo, los bichos…

Otro tema determinante dentro de la novela es la posición del varón: el ser dominante de la naturaleza, superior. Hay una estructura piramidal. En el libro, las que desaparecen y mueren son las mujeres… y los perros. Acá hay un macho matador. 

Lo que traté de entender, cuando me puse a escribirlo, es qué puede haber en la mente de un femicida serial ¿Qué puede haber en su mente? ¿Qué puede tener en común conmigo? 

¿Y?

No es para resumir en una frase, pero en principio digamos que lo que hay en común son los privilegios de poder andar por una calle, en este caso en medio de la isla, tranquilo, sin miedo a que te secuestren y te violen. En principio. Especialmente los varones cis, del cistema con c, aquellos que nacimos con nuestro aparato reproductivo masculino y llevamos ropas más o menos acordes, algunos más, otros menos, con esos atributos. Apenas el cuerpo se feminiza un poco, como ocurre con la gente travesti o trans, ya todo cambia y el privilegio empieza a desaparecer. En principio lo que tenemos en común es eso. Es lo más visible. Quise entender un poco qué hay detrás de la violencia, de ese tipo de supremacista masculino. Porque como es un libro de género, o subgénero, una especie de policial, tenés que meterte en lo que es un asesino; entonces hay un juego allí con el misterio, con tratar de capturar al otro, de descubrirlo. Leí algunos libros mientras lo estaba escribiendo, libros como Magnetizado de Carlos Busqued que se mete en una relación con un asesino de taxistas, leí Nuestra parte de noche de Mariana Enríquez… Siempre es difícil de entender al asesino serial, al profundo criminal. Es difícil de entender porque causa rechazo, pero habría que intentar comprender cómo nos causa rechazo. Y tratar de buscar cierta “empatía”, empatía en el sentido de poder entender qué es lo que le pasa…

Sin duda, alguna forma de psicopatología. El trabajo que hace Busqued con Magnetizado es crear un nuevo género: el identikit literario. Capote lo había hecho antes pero más ficcionado. Busqued se mete en la cabeza del asesino y logra esa “empatía”. La palabra es clave cuando le pregunta “Cuándo matás, ¿cómo te sentís?” y el asesino dice “Magnetizado”.

Claro, como imantado. Mientras escribía esto estaba leyendo también Cosmos de Gombrowicz. Empieza con un gorrión ahorcado y uno piensa “¿Quién puede ahorcar a un gorrión?” Entonces comienza la búsqueda; Gombrowicz decía que las pequeñas poblaciones, a las que tanta gente ansía con ir a conocer, con ir a vivir para alejarse de las grandes ciudades, resulta que vivir en esos lugares tan pequeños es como vivir en casas con paredes de vidrio, donde todo está a la vista. 

Contanos si vas a hacer un pequeño descanso o ya estás escribiendo. 

No estoy como loco escribiendo. No. He estado dibujando. Está pendiente un librito de dibujos que va a salir con una pequeña editorial llamada Caracol. También mandé a tipear unos cuadernos de viaje, para hacer un libro ordenado de viajes de La Habana a Tokio, de Toronto a Colonia, etc. con el trasfondo de los años noventa, que se llamaría Período especial.

¿Sería la segunda parte de Postales de la contracultura?

Podría ser. Es una continuidad, sí.

Por el tiempo. El otro es hasta los ochenta, ¿verdad?

Sí, exactamente. Y otra cosa que estuve haciendo, y sigo haciendo, porque este puede ser un proyecto eterno que en cierto momento se va a cortar para ser publicado, es un libro de citas o de orejas. Viste cuando uno en vez de subrayar, lo que hace a veces con los libros al leer es una «oreja»… Porque cuando empecé a juntar mis libros de un solo lugar (en los últimos años estuve moviéndome de muchos sitios, casi llegando al barroco del movimiento, ya que en los últimos tres años tenía mis libros distribuidos en tres lugares diferentes: en mi casa en Tigre, en el estudio que alquilaba en Boedo y en el departamento que compartía con quién fue mi compañera Susi, en Palermo), a mediados del 2019 reuní todo y me fui definitivamente a Palermo, junté todos mis libros en ese lugar y entonces empecé a clasificarlos. La clasificación de libros implica meterlos por secciones, pero también por orden alfabético dentro de las secciones. Por ejemplo: Narrativa argentina, narrativa estadounidense, narrativa terrestre (por no decir universal), y después poesía, ensayo y misceláneas. Lo tuve que hacer porque tenía libros en todas las cajas, algunos de los años setenta, de esos que quedaron en la casa de mis viejos. Y al mirar los libros vi que tenían sus orejitas y me pregunté qué había detrás de ellas, algunos con subrayados, otros no y miraba cada página. Me encontré con citas, cosas que podía transcribir. Y se me ocurrió que con todo eso podría publicar otro libro.

La entrevista se realizó el 11 de noviembre. Puede leerse in situ por aquí.

*El tigre como símbolo del hombre-fiera, el macho salvaje, el matón y mandamás, también la sombra terrible de ese caudillo despótico evocado por Sarmiento en Facundo: el Tigre de los Llanos.