Más que rebelde: anti autoritario

“El primer 11-S fue el 11 de setiembre de 1973, cuando los intensos esfuerzos de EEUU por derrocar al gobierno democrático de Salvador Allende en Chile surtieron efecto merced al golpe militar que instaló en el poder al abominable régimen del general Pinochet. La dictadura dio acomodo a los Chicago Boys, que procedieron a remodelar la economía chilena”. Noam Chomsky a sus casi 93 años es ejemplo vivo de que un auténtico libertario sólo puede ser anti autoritario: en La responsabilidad de los intelectuales (Sexto Piso,2020) se reúnen dos artículos, uno publicado originalmente en 1967 y el otro en 2011, sobre la obligación de cuestionar a las autoridades cada vez que se perpetran actos criminales.

Aunque la noción de “intelectual” haya caído en desuso desde los años 60 -y aún más su concepto asociado, el de “comprometido”-, Chomsky lo sostiene en su acepción clásica de dreyfusards, aquellos que a fines del siglo XIX defendieron al capitán Dreyfus -incriminado por traición a la patria en un contexto antisemita-y a la libertad individual en contra de la razón de Estado, inspirándose en la carta de Emile Zola al presidente de Francia. Tratados como “anarquistas de la cátedra”, esos auténticos anti autoritarios fueron el modelo de personas que se dedican al trabajo intelectual y como tales disfrutan de una posición de privilegio que los obliga a “promover las causas de la libertad, la justicia, la misericordia, la paz” y a cuestionar a las autoridades cada vez que estas cometen un crimen, o sea, casi siempre.

“La persona que reclama la legitimidad de la autoridad siempre soporta la carga de justificarla. Y si no puede justificarla, esa autoridad es ilegítima y debería ser desmantelada”. Clarito.