Madre pirata

Cada tanto, dibujo. No recuerdo el momento en el que me puse a dibujar este que se ve aquí, en algún lugar de la década del 80. Supongo que fue en uno de esos ratos en los que tenía ninguna otra cosa que hacer: ocio pleno. Jamás dibujé con intención de mostrar, dejé todo en carpetas y blocs u hojas sueltas… hasta que en los últimos dos años empecé a mostrárselos a gente amiga, tímidamente, como para descubrir si tenían algún valor. Así fue como llegué a Santiago Villanueva, que me propuso exhibirlas por un día en 2019.

Las imágenes surgen del interior (por cierto, un interior intervenido por algún exterior, un interior/externo), es decir, no me pongo ni dispongo a mirar nada, no dibujo lo que me pasó o lo que vi o lo que imaginé previamente: solo deposito el lápiz o birome sobre la hoja en blanco y dejo que la mano vaya encontrando la forma hasta que me canso o se cansa (la mano). No tiene objeto ni propósito. Es una actividad más libre que el escribir.