Del infinito a La Biela

Del infinito al bife

Para quienes por razones de clase social, edad, lejanía o prejuicio no se acercaban a Recoleta ni a la Manzana Loca de Buenos Aires en los años 60-70, las breves entradas de ese grandote de cara seria, ojos alucinados, peinado prolijo, traje y corbata y a veces antifaz en los programas de Tato Bores en los canales 11 y 13 habrán sido una primera aproximación a Federico Manuel Peralta Ramos (1939-1992), tataranieto del fundador de la ciudad de Mar del Plata. Para quienes no mirábamos televisión por suspicacia contracultural, la presencia e influencia de ese francotirador que atacaba a la sociedad con las armas del absurdo se hizo sentir como rumor creciente a medida que se multiplicaban las anécdotas sobre sus charlas, recitados y canciones imprevistas en La Biela, la Galería del Este o el Florida Garden, entre otros enclaves de la bohemia porteña.

El rumor de elite y la exposición mediática pudieron haber opacado una mayor comprensión de su rol precursor en el arte conceptual y también de su lugar anómalo en la poesía argentina, pero al menos lo mantuvieron vivo en el firmamento del mito que hoy se reactualiza en Del infinito al bife, biografía coral realizada por Esteban Feune de Colombi tras recoger –si no conté mal- 174 testimonios por todas las vías posibles: teléfono fijo y móvil, mensajes de texto, redes sociales, mails, fragmentos de artículos y entrevistas presenciales a amigos, familiares, mozos de bar, cineastas, actrices, artistas, músicos, poetas, críticos, etc. El entretejido de peripecias y algunas reflexiones se ordena mediante una eficaz distribución que, en vez de agotar con larguísimas exposiciones, arma textos breves, a veces de una frase y siempre inferiores a una página, para desplegar una historia de vida a partir de leyendas y versiones, más un índice onomástico de entrevistados y una cronología final con datos duros.

Leyenda e historia: del famoso banquete en el Hotel Alvear para veinticinco personas en 1968, en el que muchos creen que el Gordo Peralta Ramos dilapidó los 6000 dólares de la beca Guggenheim y que en realidad fue solo uno –el más resonante, sin duda- de los gastos de ese dinero, entre otros como la compra de cuadros, ropa y grabación de su disco Soy un pedazo de atmósfera, unas dicen que fue una “cena paqueta”, otras que había solo milanesas con papas fritas, y otras que hubo invitados que en realidad no estuvieron. De la compra del toro campeón charolais en un remate de la Sociedad Rural en 1966, que Federico Manuel realizó sin tener fondos propios con la idea de exponerlo como obra en el Instituto Di Tella, algunos creen que realmente lo expuso cuando en realidad su padre tuvo que anular la operación y eso condujo a un alejamiento temporario del “loquito” en una clínica psiquiátrica. Un diagnóstico del psiquiatra Rojas-Bermúdez lo asistió para atravesar varias crisis: “psicodiferente”. También ayudó el haloperidol. Y los alrededor de cien dólares mensuales que aportaba su padre y que el Niño Federico a veces gastaba en pocos días, para luego vivir de préstamos de amigos. Cheto de nacimiento pero no por adopción de valores, su patriciado de origen lo sostuvo en esa autoproclamada y verosímil “tengo una incapacidad innata para ganarme la vida”.

Federico Manuel Peralta Ramos

Como maestro de la respuesta desplazada, irónica o incongruente pero rara vez cínica, el performer se formó y pulió reflejos en cafés, cabarets y encuentros casuales. Si alguien le preguntaba qué planes tenía para para el año próximo, podía responder “estar presente”. Si le preguntaban cómo se masturbaba (textualmente, “¿cómo te hacés la paja?”), respondía: “con las uñas pintadas”. Si le preguntaban por la vida después de la muerte, decía: “hay otra vida, pero es carísima”. O qué hacer ante el sida: “masturbarse hasta que aclare”.

En épocas siniestras, este anarco aristócrata se dedicó a desestructurar las convenciones y a burlarse de la autoridad y la frivolidad con ternura. “¿Qué es el arte?” se preguntaba en un poema. “Hacer reír y pensar a la gente”, era una de sus respuestas. Y había muchas otras. Qué lindo niño.

Publicado en revista Ñ, 24 de agosto de 2019. Aquí se reproduce el título y el texto original enviado a la redacción (aunque no estoy seguro de que el original sea un mejor título que el publicado): https://www.clarin.com/revista-enie/literatura/moria-casan-marta-minujin-tato-bores_0_fpWK_sCKQ.html