Sobre Sánchez: Una quimera evanescente

Un escritor que admiro, Ramiro Quintana, escribe un ensayo breve en ADN sobre este libro motivado por dos interrogantes que no podían sino conducir al desvío y a la pérdida.

En el principio fue, para Osvaldo Baigorria, una imagen, una fotografía que acompañaba la entrevista a Néstor Sánchez publicada en la revista Cerdos & Peces , en mayo de 1987. En esa fotografía, aparecía un hombre de barba rala que, en contraposición al aspecto de un escritor de entrecasa, era “casi un artesano en feria hippie “. Difícil -si no imposible- no pensar que se trataba de un retrato del propio Sánchez, luego de dieciocho años de itinerancia continua, sobre todo para quienes -como a la sazón Baigorria- desconocían al autor de Cómico de la lengua . Unos cuantos años más tarde, sin embargo, Baigorria se daría cuenta por otro artículo periodístico de que aquel hippie , que aún refulgía en su memoria, no era Sánchez, cuya traza se correspondía, en todo caso, con la de un tanguero. Equívoco mediante, lo que importa aquí es que para ese entonces Baigorria ya estaba bajo el efecto Sánchez.

Ahora bien, más concretamente aquello que estimuló a Baigorria a investigar acerca de Néstor Sánchez (1935-2003) se cifra, como él mismo hace explícito en las primeras páginas del libro, en dos interrogantes que no conducen sino al desvío y, en un sentido amplio, a la pérdida. Baigorria se pregunta, pues, por la génesis de la renuncia de Néstor Sánchez a la escritura y, consecuentemente, por los años que éste pasó como vagabundo, apegado al Trabajo de Gurdjieff, en Nueva York y en Los Ángeles. Si la voluntad de desacato fue, en lo que se refiere al autor de La condición efímera , lo que estableció que vida y obra vibraran como -para decirlo con palabras de H. A. Murena- “un traslúcido entrecruzamiento de acordes”, por su parte Baigorria, sensiblemente ejercitado en el ritmo del deambular serpenteante, entiende que la aproximación a la figura fugitiva de Sánchez, el ir tras esa quimera de faz evanescente, se vuelve posible sólo si se toca, si se improvisa encima de él, pero sin recalar en la identificación mimética ni en los remilgos de la hagiografía. Va en pos, entonces, de una coalescencia sustentada en motivos e intensidades, que tienen por raigambre el espíritu nómade, el ir en contra de “la murga”, común a ambos. Por eso, Baigorria -oído alerta- dice que escribe con Sánchez. Deriva así su prosa, relampagueante y desamarrada, creando las condiciones para que esa intimidad, esa soledad compartida, se desarrolle, sin importar que eso suponga quedar expuesto al contagio “no de una prosa sino de un aura”. “Todo proceso auténtico de escritura es un proceso de pérdida”, decía Sánchez. Y Baigorria no puede sino suscribir, detallando que, una vez inmerso en la escritura de Sobre Sánchez , perdió “dinero, ocupación, rumbo, sentido, tierra firme y salud (también mental)”. Es que la función creativa, es dable decir siguiendo a Bataille, compromete la vida misma del que la asume. Cuando siente que la empresa lo sobrepasa, Baigorria repite para sus adentros, a modo de amansalocos que lo mantiene a flote, “yo remo”, aludiendo al poema de Michaux del mismo título. Nada más pertinente acaso para quien, establecido en una isla del delta del Paraná, ve cómo el terreno en el que está construida su casa empieza a inundarse mientras intenta escribir Sobre Sánchez . La biografía de Baigorria, que incluye también un periplo rico en aventuras por América del Norte, se infiltra tumultuosamente en el cuerpo de la investigación, prolifera en extensas notas al pie que conforman una de las tres secciones del libro, ligando notas propias sobre el diapasón que ofrecen las circunstancias biográficas de Sánchez.

Osvaldo Baigorria hace, asimismo, acopio de testimonios de quienes, en distintos momentos, fueron parte de la vida de Sánchez. De todos ellos, el más conmovedor es, quizás, el de su hijo Claudio, no sólo por el lazo de sangre, sino también porque, a partir de su relato, se atisba la magnitud del -si cabe- despertar metafísico de su padre y cómo éste incidió en el vínculo entre ambos. Tras más de una década de búsqueda infructuosa, Claudio recibe una carta, firmada por una mujer de nombre Cecilia, con la dirección de su padre. Así, se entera de que vive en Los Ángeles y le escribe para saber cómo está. Como respuesta, recibe una parrafada distante y hermética, escrita bajo el influjo de Gurdjieff. Luego del impacto, y para mantener el contacto, Claudio entra en la frecuencia de su padre. Ese intercambio epistolar preludiará el regreso de Néstor Sánchez a Buenos Aires.

Sobre Sánchez es, en suma, un libro hecho de múltiples y luminosas fibras que “hurga en la rajadura de la tela”.

Ramiro Quintana