Mis malditos favoritos (II)

Gracias a Wimbledon que lee La Nación los domingos, descubrí este artículo de Vargas Llosa sobre Céline que expresa, insomma, lo que siento acerca del escritor antisemita y de otros reaccionarios, incluido el mismo Vargas Llosa. Es inadmisible juzgar la calidad de una obra por las ideas, las posturas, e incluso las acciones políticas, morales y religiosas de su autor a lo largo de una vida. Es como juzgar -salvando las distancias- lo que hacía Jimi Hendrix con la guitarra según el apoyo del músico al ejército norteamericano en Vietnam, Cocaine según el racismo o la simpatía de Eric Clapton por el National Front, las traducciones de Li Po y otros poetas chinos de Ezra Pound por la vara de una militancia fascista, Los reventados por la participación de Jorge Asís en el menemato, la Milonga de Manuel Flores o Funes el memorioso por el antiperonismo de Borges, Justine por los crímenes misóginos que hubiera cometido el marqués de Sade. Alguien puede ser un criminal (también de guerra) y aun así cultivar un bello jardín o construir una casa -obra de arte- sólida. Aunque repudio las intervenciones de Vargas Llosa en defensa del neoliberalismo, coincido con él en que “Céline fue, políticamente hablando, una escoria. Leí en los años sesenta su diatriba Bagatelles pour un masacre y sentí náuseas ante ese vómito enloquecido de odio, injurias y propósitos homicidas contra los judíos, un verdadero monumento al prejuicio, al racismo, la crueldad y la estupidez. El doctor Auguste Destouches -Céline era un nombre de pluma- no se contentó con volcar su antisemitismo en panfletos virulentos. Parece probado que, durante los años de la ocupación alemana, denunció a la Gestapo a familias judías que estaban ocultas o disimuladas bajo nombres falsos para que fueran deportadas. Es seguro que si, a la liberación, hubiera sido capturado, habría pasado muchos años en la cárcel o hubiera sido condenado a muerte y ejecutado como Robert Brasillach…

“Dicho esto, hay que decir también que Céline fue un extraordinario escritor, seguramente el más importante novelista francés del siglo veinte después de Proust, y que, con la excepción de En busca del tiempo perdido y La condición humana de Malraux, no hay en la narrativa moderna en lengua francesa nada que se compare en originalidad, fuerza expresiva y riqueza creadora a las dos obras maestras de Céline: Viaje al final de la noche (1932) y Muerte a crédito (1936)…

“Las mismas pasiones sombrías y destructivas que animaron a Céline desde la atroz experiencia que fue para él la Primera Guerra Mundial, le permitieron representar, en dos novelas fuera de serie, el mundillo feroz de la mediocridad, el resentimiento, la envidia, los complejos, la sordidez de un vasto sector social, que abarcaba desde el lumpen hasta las capas más degradadas en sus niveles de vida de las clases medias de su tiempo. En esas farsas grandiosas, la vulgaridad y las exageraciones rabelesianas alternan con un humor corrosivo, un deslumbrante fuego de artificio lingüístico y una sobrecogedora tristeza.

“Hay que celebrar las novelas de Céline como lo que son: grandes creaciones que han enriquecido la literatura de nuestro tiempo, y, muy especialmente, la lengua francesa, dando legitimidad estética a un habla popular, sabrosa, vulgar, pirotécnica, que estaba totalmente excluida de la ciudadanía literaria. Y, por supuesto, como ha escrito Bernard-Henri Lévy, aprovechar la ocasión del medio siglo de la muerte de ese escritor “para empezar a entender la oscura y monstruosa relación que ha podido existir entre el genio y la infamia”.

(N. del E.) Entender esa relación no es un objetivo neoliberal. La verdad hay que tomarla de quien venga, aunque sea … (llená con tu enemigo favorito). Ya dije que el artículo completo se lee en La Nación. Y tampoco habría que tener el prejuicio “positivo” -ninguno lo es- de juzgar -a veces antes de leer- la calidad literaria de Operación Masacre por las posturas y gestos políticos o éticos de Walsh a lo largo de su vida pública y privada (en contraejemplo, va este enlace que encontré vía Melpómene mag) ni de la obra de nadie, sea Juan Gelman u Octavio Paz, Néstor Perlongher, Reinaldo Arenas, César Vallejo, Juan L. Ortiz, hermanos Lamborghini o…