Balotash

La revista Segunda Época le pidió a un grupo de personas que escribieran en forma de diario sus testimonios sobre los días que corrieron entre las PASO, las elecciones generales y el ballottage o balotaje 2023. Me tocó escribir sobre esta etapa final, del 15 al 20 de noviembre:

Miércoles 15

A cuatro días de llegar al borde del precipicio. Ese de las elecciones que parecen definir si se acaba o no el mundo, es decir, esta parte del mundo, este país. Es decir: este país tal como lo conocemos.

Hay señales del abismo por todas partes. Me entero por twitter que al presidente de la Juventud de la Unión Cívica Radical lo amenazan fantasmas del pasado con mensajes tipo “te mereces un fierro en la cabeza”, o “una bala te hace falta, bastardo” o también “quedate tranqui que el Falcon arranca por Almagro la semana que viene”. Parecen mensajes de ultratumba, de esas ultras que invitan a un viaje en el túnel del tiempo hacia fines de los 70.

Son días de peligro. Justo escucho una canción de Adriana Calcanhotto que me devuelve la esperanza. En realidad, es del compositor brasileño Assis Valente. Se puede traducir así:

“Anunciaron y garantizaron que el mundo se iba a acabar/ a causa de eso mi gente allá en la casa comenzó a rezar/ hasta dijeron que el sol iba a nacer antes de madrugada/ a causa de eso allá en el morro esta noche no hubo batucada/ yo creí en ese palabrerío suave/ pensé que el mundo se iba a acabar/ y fui tratando de despedirme/ y sin demora traté de aprovechar/ besé la boca de quien no debía/ agarré una mano que no conocía/ bailé un samba en traje de maillot/ y al fin el mundo no se acabó”.

Ojalá.

Jueves 16

Son días difíciles para un anarcoindividualista. Siempre tuve una relación conflictiva con el voto. Me hace gracia ese grafiti nihilista “El político miente, la ley reprime, el idiota vota”. Para las elecciones legislativas de noviembre de 1985 me sumé a los 96.000 votos nulos con una boleta casera de “Voto a Nadie”. Esta era una idea que había visto en Estados Unidos, cuando en 1976 se lanzó la campaña Nobody for President de la mano de un performer, activista y clown llamado Wavy Gravy, que proclamaba “Nadie te ama, Nadie te dará trabajo, Nadie terminará con las guerras, Nadie legalizará la marihuana. ¡Vota a Nadie!”. Aquí, junto a Christian Ferrer y otros editores de la revista Utopía volanteamos la consigna “Nadie es el candidato perfecto para legislador”: Nadie castigaría a los genocidas, Nadie nos libraría de la carga de la deuda externa, Nadie defendería los derechos a la educación, la salud y la libertad. Quizá exagerábamos.

Me incliné casi siempre por el voto en blanco o la abstención, pero algunas veces voté cuando se me hizo patente que se trataba de un plebiscito. Y en estos días se trata precisamente de eso. En otras circunstancias no hubiera ido a las urnas a meter un voto a Massa: conozco lo que hizo como intendente en Tigre, su política de seguridad inspirada en las ideas de su amigo el alcalde “tolerancia cero” Rudy Giuliani en Nueva York… Como libertario de raíz, es decir, como amante de las libertades civiles, deberían repugnarme tanto esas políticas de seguridad como la reivindicación de los militares criminales de la dictadura. Pero no es lo mismo.

Hoy estamos ante un verdadero plebiscito. Es esto o el precipicio.

Viernes 17

Faltan 48 horas para el inicio del Día Final. Casi no puedo pensar en otra cosa. Consulto twitter y los diarios por internet en busca de señales, signos que anuncien el futuro. Veo que un spot del lobo disfrazado de abuelita buena le dice a Caperucita Roja que no va a privatizar la salud ni la educación ni permitir la libre portación de armas, que no hay que escuchar la campaña del miedo que produce la casta. La casta Caperucita quizá le crea, tan virginal ella, tan jovencita, tan crédula, tan desprovista de memoria.

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Consulto el precio del dólar como un termómetro del clima socioeconómico. Dicen que el blue ayer bajó $20, que hoy abrió con calma en alrededor de $950 pero que no hay precio en la punta vendedora; de todos modos, pocos compradores accedieron a convalidarlo en una cifra superior a $1000: palabra de Clarín. El gobierno reforzó los controles en las casas de cambio y dicen que hay calma en la City. Qué bueno que alguien esté en calma, quizá me la contagie.

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Unas horas más tarde, voy a ver la muestra de dibujos y pinturas de Santiago Villanueva en la galería Isla Flotante, esas panzas surrealistas convocadas bajo la consigna “La lengua revela lo que el corazón ignora, lo que el culo esconde”. Lengua, corazón, panza y culo: un arte culinario, razonamos con Florencia Bohtlingk en la generosa merienda de paso por un precioso departamento con diseño de vanguardia en Suipacha y Paraguay antes de arribar junto a Imanol Subiela Salvo y otras a ver la muestra de Mia en la galería Hipopoety: una fiesta de globos.

Estoy con un mood que oscila entre el moderado optimismo y la angustia, así que no puedo percibir “objetivamente” el clima dentro de esta burbuja. Parece que todas están felices. Salvo cuando sale en la conversación el tema elecciones.

Hablamos con Feda Baeza sobre la necesidad de no confiarse, de militar el voto hasta el último minuto porque hay gente que puede cambiar de opinión el mismo día, incluso en el instante en que entra al cuarto llamado oscuro, allí donde acecha la oscuridad.  

De pronto aparece en los celulares el video del público del Colón repudiando a los gritos la presencia del loco de la motosierra. La aguja del estado de ánimo sube hacia un moderadísimo optimismo.

Sábado 18

Hoy esa aguja del estado de ánimo cae a pico. Aparece en twitter un video que muestra a cierto público del Colón que aplaude al psycho mientras este saluda desde el palco justo antes de que empiece el escrache. Creo que fueron menos los aplausos que los abucheos. Pero no estoy seguro. Nada es seguro. Lo único que sé es que tengo que dejar de mirar twitter y salir a la calle. Hay sol, hay aire fresco, creo que me va a hacer bien. ¿Cómo influirá el buen tiempo en lo que votará la gente?

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Me dan ganas de hacer identikits de las caras que cruzo por la calle, adivinar a quién vota cada cual. Seguro que me equivoco.

Voy a pasear por un parque, a encontrarme con los árboles y los pájaros. El aire fresco se convirtió en viento. ¿Cómo influirá el viento en lo que votará la gente?

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Es noche de teatro. Voy a Hasta Trilce a ver Pena negra, una obra de Martín Diese sobre textos de Néstor Perlongher: “Evita vive” además de fragmentos de “El cadáver”, “El cadáver de la nación”, “Érase un animal” y otros. Es una genial representación del mito perlongheriano de esa Eva Perón descentrada, marginal y promiscua que baja del cielo a garchar, drogarse y arengar a sus grasitas. Entre una escena y otra, la actriz que hace de Eva entra por un costado cercano a la audiencia, nos mira, pone el dedo índice debajo de un párpado como diciendo “ojo” y susurra: “mañana”. Fue hermoso ese guiño como remate de esta previa.

Me pregunto qué diría Néstor, la Rosa Luxemburgo de Avellaneda, en estos días. Quiero creer que llamaría a votar por la Unión por la Patria en conceptos cercanos a los del Pollo Sobrero aunque con mucho más brillo y elegancia, burlándose acaso del nombre “patria” que evoca tan netamente al patriarcado y proponiendo otras nomenclaturas, como Unión por la Matria, por la Fratria o la Sororidad, en un juego de siglas que podría terminar con una Unión por las Putas como máquina de guerra sonora contra todos los fascismos, sean micros o macros.

En fin. Ojo mañana.

19 de noviembre

Ojo: el mañana ya llegó.

Entro a votar. Intento adivinar por portación de cara quiénes pueden ser los o las fiscales de LLA, estoy tentado de preguntar, me inclino por una de esas dos morochas de aspecto popular que en otros tiempos fija que hubieran sido militantes del peronismo: pero por ahí me equivoco.

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Y la noche de ese mañana también llegó. Ojo, ojito y ojazo: más de catorce millones de personas votaron a la ultraderecha llamada liberal-libertaria por primera vez en la Argentina (ya se sabe que en este país los nombres de los partidos políticos significan lo contrario). No sirvieron para evitarlo ni las declaraciones del presidente de la Sociedad Rural ni las del mismísimo Papa. La pifiaron todos esos periodistas y comentaristas que viven de la credulidad ajena. Lo que pasaba por debajo, en el subsuelo social, nadie lo vio venir.

20 de noviembre

Día de la Soberanía Nacional, día de duelo nacional.

Como en un velorio, se impone la mudez cuando se está sin saber qué decir.

Comenzó la caída por el precipicio. Quienes se arrojaron solos, sin que nadie los empuje, quizá en medio de la caída se arrepientan de haber dado este paso; pero ya será demasiado tarde.

El fondo no se ve, está todo oscuro. Pero también, como dice la canción de Assis Valente, “y al fin el mundo no se acabó”.

–Publicado en Segunda Época, diciembre 2023. Del «Diario entre las elecciones» participaron Lucas Olarte, Carla Muccillio, Renata Molinari, Walter Carlos Vecino, Josefina Carón, Ramiro Birriel, Eduardo Rinesi et moi. El grupo editor está compuesto por Ramón Arteaga, Juan Laxageborde, Malena Low, Maruki Nowacki, Manuela Vecino y Santiago Villanueva.