Llegó un mensaje de Perlongher

«escribo abriéndome paso en este reino de papeles carpetas lapiceras puchos cenizas encendedores cuadernos vasos de whisky (nos vamos para arriba) que es mi mesa (debería decir: de esta mesa, etc., que es mi reino) / festejemos la inversión y recordemos vagamente una de tus escasas esquelas dactilografiadas (señal de un paulatino regreso a la civilización que me parece regio, ya que facilita sobremanera la comprensión del texto y le da más fluidez a la escritura -aviso de Olivetti, la gran marca italiana de máquinas de escribir)»: fragmento de la carta del 1 de abril de 1979, leído durante la presentación de Un barroco de trinchera en Fetiche Libros el 27 de noviembre pasado.

Acompañado (o más bien, flanqueado) por Santiago Villanueva y Fram Visconti, leí varias cartas y respondí inquietudes en la que fue una de las mejores presentaciones que recuerdo: cálida, emotiva y con alta participación de un público conmovido por esas palabras escritas en finísimo papel «vía aérea» y enviadas hace más de cuatro décadas desde Sao Paulo y La Tablada.

Un día antes, Gabriel Tripodi publicó en el sitio web del Ministerio de Cultura de la Nación una nota sobre Perlongher en la que incluyó una serie de preguntas que respondí como pude.

-¿A 30 años de su fallecimiento, cómo recuerda a Néstor Perlongher? ¿Cuál fue su relación con él?

Lo recuerdo como amigo, compañero e “influencer” dentro del grupo de estudios Política Sexual a principios de los años 70. El grupo integraba a activistas homosexuales con feministas, parejas abiertas al amor libre y varones heterosexuales antipatriarcales. Perlongher me estimuló en las lecturas de Freud, Marcuse, Reich y más tarde Deleuze y Guattari, pero también de Kate Millet, Shulamith Firestone y otras autoras feministas, que marcaron mi temprana formación intelectual. Luego fue el amigo lejano que vivió su exilio en San Pablo y con quien me encontré en persona solo durante momentos fugaces hasta su muerte. Pero escribía una insistente correspondencia y a sus cartas finalmente las recopilé en el libro Un barroco de trinchera.

-¿Qué podríamos decir hoy sobre su literatura? ¿Cuál cree que es su mayor aporte?

Perlongher fue el principal animador e impulsor de la corriente neobarroca latinoamericana que en la década de 1980 se vuelve “neobarrosa” en los márgenes del Río de la Plata, y que tuvo una constelación de autores como los hermanos Lamborghini, Tamara Kamenszain, Arturo Carrera, Roberto Echavarren, Marosa di Giorgio, entre otras. En sus ensayos sobre deseo y política, en sus investigaciones de minorías sexuales y socioculturales, en sus artículos académicos sobre literatura y sin duda en sus propios poemas, Perlongher puso en marcha esa operación del lenguaje que barroquiza, carnavaliza y parodia el realismo social y político del imaginario de la época. Sus trabajos de investigación más importantes fueron La prostitución masculina, El fantasma del sida y Antropología del éxtasis. Sus ensayos breves se encuentran reunidos en las antologías Prosa plebeya y Papeles insumisos. Sus libros de poesía fueron Austria-Hungría, Alambres, Hule, Parque Lezama, Aguas Aéreas y El chorreo de las iluminaciones.

-¿Cuáles eran sus inquietudes literarias? ¿Por qué cree que Néstor tuvo la necesidad de escribir?

Creo que, además de lo que mencionaba, podríamos agregarle el propio autorreconocimiento de Perlongher a su “tendencia a dar preferencia a la sonoridad de las palabras en desmedro del nunca bien dilucidado significado que ocultan, que reprimen”.

-¿Piensa que su obra, de alguna manera, no fue tenida en cuenta? ¿Quedó relegado de cierto canon literario argentino?

Hoy se suele recordar sobre todo a su cuento blasfemo “Evita vive” y a su poema barroco-beat “Cadáveres” (a este recomiendo escucharlo recitado por el mismo autor en grabación que se encuentra en YouTube). Aparentemente, sobre el fin de los años 80 y principios de los 90 la corriente poética llamada “objetivista”, basada en la claridad y la precisión, se opuso e impuso sobre las premisas neobarrocas. Pero hay un desplazamiento que es también reconocimiento de la figura mítica de Perlongher como fundacional para las y los poetas que surgen desde aquellas décadas hasta el día de hoy. Creo que esto es porque todos los textos y proyectos de Perlongher desestabilizaban tanto los géneros literarios canónicos como las orientaciones sexuales establecidas.

-¿Qué relaciones encuentra entre su literatura y el activismo por la comunidad LGBTIQ+? ¿Fueron siempre de la mano en la producción de Perlongher?

Cecilia Palmeiro sostiene que la experiencia militante de Perlongher fue fundadora de su poética, y tiene razón. Al mismo tiempo que militaba contra los edictos policiales (que reprimían la “exhibición pública con ropas indecorosas” y la “incitación al acto carnal”) y que escribía informes firmados con seudónimos sobre la represión en tiempos de dictadura, Perlongher desarrolló una poética sobre su experiencia erótico-política. El encuentro de los marginales en la calle, el deseo de conexión y éxtasis a pesar del peligro, el estallido de la normalidad, el cruce de fronteras entre las identidades sexuales y de género se despliegan tanto en sus poemas como en sus posiciones políticas. En ese sentido, hay un continuo entre su activismo, y su obra poética y ensayística.

-¿Por qué deberíamos leerlo hoy? ¿Qué nos dicen sus textos a 30 años de su muerte?

Por un lado, por todo lo mencionado, y por el otro, por lo que Perlongher declaró en la conferencia y luego ensayo “El sexo de las locas” a principios de los 80: “La alternativa que se nos presenta es hacer soltar todas las sexualidades y abrir todos los devenires: el gay, la loca, el chongo, el travesti, el taxi-boy, la señora, el tío, etc. o erigir un modelo normalizador que vuelva a operar nuevas exclusiones. El sexo de las locas sería la sexualidad loca, la que es una fuga de la normalidad, la que desafía y subvierte”. Todo un programa para apoyar la siempre actual defensa de la libertad y la diversidad.

Publicada dentro de la nota «Néstor Perlongher, un activista del deseo» en esta web del Ministerio de Cultura.

Con Santiago Villanueva y Fram Visconti en la presentación de Un barroco de trinchera, Fetiche Libros, Thames 744, CABA.