La tribu de mi calle

“Una tribu desgarbada” es el titulo de la reseña que escribió Miguel Zeballos en la revista Veintirés, donde dice:
Compilado de artículos periodísticos publicados en El Porteño, y también en esa suerte de brazo armado contracultural que fue la mítica Cerdos & Peces, el presente volumen viene a saldar la deuda con los decisivos años post dictadura.
Son, a su manera, breves fraseos en si bemol de una Olivetti que resiste en su escritorio el paso del tiempo y la tecnología. Bajo esa suerte, Osvaldo Baigorria ya es parte constante y sonante de esa extensa bandera multicolor donde hoy brillan las estrellas de Perlongher, Fernando Noy, Urdapilleta y Batato Barea; la resacosa crema de esa tribu pestilente y desgarbada que supo llamarse el under porteño.

“Nos ahogamos tanto en esta Argentina triste, persecutoria y uniforme, que vamos a respirar el aire cargado de efluvios podridos de Río y nos parece un perfume”, decía Baigorria allá por 1987, en esa mezcla de ensayo y permanente radiografía sociopolítica de un instante, la Polaroid de un contexto que ya no existe (la Polaroid tampoco).
Hemos sobrevivido a los efluvios de la esperanza y el destino, batallamos como si fuera 1914 contra un enemigo invisible, permanecimos neutros. Y aunque nos quedaba sólo un atisbo de lo quisimos ser, ese atisbo lo perdimos en el camino, cayó rodando, cayó redondo.
A otro hueso con este perro, Cronos puede ser feroz en esos días donde la libertad era absoluta, quiero decir, obsoleta. Quién estaba ahí, a la intemperie de las cosas: “(…) la  pornografía, es el cuco que viene a alterar la estabilidad moral del occidente cristiano”, funciona, lo dijo Baigorria, pasaron los años, pudimos comprobarlo.
Miguel Zeballos
Veintitrés, 25/07/14