
«Cómo escribir sobre el dolor» es una de las preguntas que me hizo Javier Sinay para esta nota publicada en el newsletter Siete párrafos sobre Terminal 2020. Entre otras cosas, la nota dice: «Con este libro de 235 páginas, Baigorria llega a Seix Barral, quizás el sello más elegante —o más “serio”— de su historia como escritor. Antes había publicado notoriamente en Mansalva, Blatt & Ríos, Caja Negra y en algunos otros sellos . Fueron libros atrevidos, originales, distintos a mucho de lo que había en los estantes de las librerías: fueron los libros de un outsider que hacía con su obra literaria lo que le daba la gana.
«Baigorria: un viajero constante, un artesano, un pintor, un peón de plantaciones, un diariero, un periodista, un traductor, un lavacopas; en fin, un buscavidas que mientras tanto escribía. Entre las décadas de 1970 y 1990, anduvo con la casa a cuestas, “a lo croto, linyera, hobo, bum, clocharde” (como él mismo me dijo en esta entrevista en SIE7E PÁRRAFOS). Ahora, sin embargo, todo ese runrún parece haberse calmado. Acaso Terminal 2020 inaugura otra etapa. No solo la del sello serio, sino, también, la de un tiempo distinto.
| «Habíamos conocido —los lectores— a Beatriz, la compañera de Baigorria (que en el mundo real tiene otro nombre), en la magnífica novela Correrías de un infiel. “¿Ya dije amor? Supongo que no debería invocar el nombre del dios en vano”, escribió en ese libro Baigorria en el momento en el que ella hacía la entrada en la historia. Era 2005. Beatriz acompañaba a Baigorria a buscar sus raíces en un monasterio el medio de las pampas, y hacía de voz sensata en medio de los vaivenes, de las fantasías y de las rebeldías de nuestro autor. En Terminal 2020, Beatriz aparece de nuevo. Ahora ella y Baigorria llevan años y años de relación de pareja. “El amor también es un acto de fe”, escribe él. En pocas páginas más, Beatriz estará enferma. Será cáncer. Y será terminal. Terminal 2020 se vuelve entonces una novela otoñal, por momentos dura. Se vuelve el libro tan triste de quien ha tipeado tantas páginas dionisíacas». |
| «Le pregunto a Baigorria cómo es escribir sobre el dolor. —El dolor, el sufrimiento son parte indisoluble de la vida, tal como sostiene el budismo desde hace más de 2.500 años —me dice.— Y los duelos, esas expresiones constantes de dolor, son inevitables. También las rebeldías, los viajes y la trashumancia atraviesan distintos tipos de desencanto y esto implica siempre atravesar un duelo, sea ante la pérdida de ilusiones, de afectos o de sitios y tiempos en los que tuvo lugar una experiencia. Claro que el duelo ante la pérdida de una relación de pareja intensa, de un “otro significativo”, es algo singular, especial, que no se compara con ningún otro duelo. Así que no podría responder qué es “escribir sobre el dolor” en general, sino en singular, como lo he hecho con este libro. |
—¿Qué tan fácil o difícil fue escribir estas historias íntimas sobre Beatriz?
—“Beatriz” es el nombre de un personaje inspirado en una persona real, elegido porque retoma el hilo narrativo de Correrías de un infiel, y porque es un hermoso nombre, como el de la musa que inspiró a Dante. Construir ese personaje en una novela me abrió las puertas a las diversas posibilidades de tratamiento que siempre permite la ficción, porque ésta navega en el mundo de lo inverificable, como los mismos sueños. Podría decirse que la novela es un género muy generoso, porque acepta en un mismo texto la inclusión de diversos géneros, texturas, registros y se abre tanto a la ficción como a la no ficción.
—¿Qué tienen en común Terminal 2020 y Correrías de un infiel?
—Estoy tentado de responder que lo que tienen en común es que los escribió la misma persona. Pero es cierto que en Terminal 2020 hay un guiño de lectura en referencia a esa “Beatriz” que es personaje central de Correrías de un infiel. A Correrías… la veo como un juego de cruzas quizá más audaz que Terminal 2020, porque incluye la crónica de viaje, la novela de iniciación, el ensayo crítico sobre la identidad y está relatado por un narrador infiel que se lanza de pronto a probar la monogamia. Traté de narrar allí el inicio de una relación amorosa en tensión y debate con las reflexiones que despertaba el choque entre la monogamia cristiana y la poligamia indígena, entre el compromiso y la libertad, entre el matrimonio y el amor. Diría que esas tensiones nunca dejaron de inquietarme. En esta última novela, sin embargo, se añade la cuestión del cuidado en sus formas más extremas como un imperativo que sucede de pronto en una relación de pareja.
«Y una nota final: en estas historias hay muchos sueños. Algunos más felices, otros más dramáticos. Mientras la vida de Baigorria y de Beatriz entra en una fase extraña y la pareja avanza a ciegas hacia lo desconocido, el cerebro crea mundos inesperados».
—¿De qué están hechos los sueños?
—Creo que los sueños rompen el paradigma ficción versus no ficción. Esta construcción utiliza diversos recursos de la narrativa de ficción, como los diálogos, las escenas, el suspenso, la sorpresa, el desenlace.
«Baigorria aclara que no está diciendo algo nuevo, que mucha gente que ha escrito ficciones o ensayos en algún momento ha insertado algún sueño en su texto, porque ese carácter ambivalente de lo onírico lo hace atractivo para el relato».
—Pero aquí lo que he intentado es tematizar y tensionar el vínculo que existe entre los sueños que ocurren cuando uno duerme, y los sueños en tanto fantasías, escenas deseadas o temidas, esas que siempre aparecen cuando se está en una relación de pareja. Como si dentro de esa relación estuviéramos dormidos todo el tiempo, soñando, fantaseando e imaginando situaciones que finalmente, cuando la pareja termina, o uno de los dos muere, se revelan como lo que realmente fueron…
solo sueños.
Publicada el 7 de junio de 2025 en Siete párrafos. Se lee completa in situ por aquí.