
Dos espléndidos libros ilustrados y en tapa dura de la editorial Adriana Hidalgo nos acercan a los mundos paralelos, uno por domesticable y el otro por silvestre, de cerdos y búhos. El cerdo se nos parece, escribe el filósofo Thomas Macho, aunque lo devoramos sin remordimiento, salvo por la observancia de tabúes religiosos y a pesar de la asociación de sus hábitos con la suciedad. En español sabemos o intuimos que la palabra porquería deriva de puerco. Y aunque algunos estudios han mostrado que tiene una inteligencia comparable a la de primates y delfines, el improperio “cerdo”, que en inglés (pig) ha sido históricamente destinado a la policía, es insuperable; ningún otro nombre de animal podría competir con ese insulto.
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