Perlongher in Texas

tapa barroco de trinchera

Escribe Joseph M. Pierce:

No puedo negar que me sentí un intruso al abrir la tapa de Un barroco de trinchera, texto publicado por el editorial Mansalva que reúne la correspondencia del poeta-sociólogo-activista Néstor Perlongher a su amigo Osvaldo Baigorria entre 1978 y 1986. Leer los pensamientos íntimos, sentir las debilidades, los fracasos, la depresión…es como violar la intimidad de alguien. Baigorria comparte esta problemática en su prólogo a las cartas, “problemas de pertinencia y pertenencia: ¿puedo decir que son mías? ¿Y hacer con ellas lo que quiero? ¿Qué diría el remitente vivo acerca de la idea de publicarlas? ¿Hubiese querido o imaginado que salieran de la intimidad para entrar en la esfera pública? ¿Las hubiera escrito entonces de otra forma…?” (11). Respuestas no tenemos.

Lo cierto es que la lengua neobarrosa de Perlongher brota en varios momentos alentada por la distancia y la aparente fascinación por la “comuna hippie” (en la Columbia Británica, Canadá), en la que residía Baigorria por aquellos años. Leer más “Perlongher in Texas”

La ilusión de unas islas

El ensayo de Néstor Perlongher de 1983 que hace unos días publicó en forma digital Golosina Caníbal recuerda la polémica acerca de la guerra y el exilio con el grupo editor de la revista Sitio, evoca un “lugar de resistencia al Estado, al fascismo, al machismo” -como dice la edición del blog- al tiempo que despliega una hermosa escritura hasta ahora sólo ubicable en papel impreso. De paso, el link a uno de los textos de respuesta de Ramón Alcalde.

Estábamos lejos de las remotas. ¡Y en compota! La penitencia de esa distancia (acaso, impenitente) nos ha estragado la escucha de esos glaciales ululares, derretidos, en esta calidez, reducidos a lo (sub)literario. Desde donde parecía más nítido cuán hondo los repliegues, los bordes de los fiordos (y aquí la mano lamborghiana: “La de dibujo era la mejor”) habían calado en la imaginación de los educandos. Nefandos, idus. Así, la inspectora de primaria, cuando arrebujada en sus tapados de piel de nutria, o foca, bajara del coche, vería resplandecer (ecos del himno sarmientino: “La niñez tu ilusión y tu contento…”) el mapa de un patriotismo infanto-juvenil, acneico (“Y en tu pecho, la juventud de amor un templo…”).

El tapado de piel de la inspectora les hubiera venido bien a los reclutas (sedentarios en un desierto del que no se deserta). Empero —obsesión de la buena letra-habrá de preferirse revestirlos de endechas (algunas a medio hacer, otras ya hechas).

Se discute, se va a las manos, por la posesión de unos desiertos (de los que al parecer no puede desertarse). Se despierta, en el desierto, el vate: legañoso, ilusiónase: “La guerra —imaginábamos— forzosamente nos dejaría en relaciones sociales nuevas (por momentos, las suponíamos triunfantes e inaugurales)”.

La identidad de este “nosotros” —ya que no del borgiano— es clara: es la de los firmantes del unitario Entredicho: Alcalde, Grisafi, Grüner, Gusmán, Jinkis, Savino.

El Entredicho se eleva fugazmente al didactismo, cuando revela que el Estado Argentino —”espectador neutral”— no ha conocido, en este siglo, guerras. Debe referirse, pensamos, a las guerras “limpias” (libradas, según las reglas de las artes marciales, entre Estados Soberanos). Leer más “La ilusión de unas islas”

Perlongher en autopista

Autopistas de la palabra. IV Jornadas de literatura y psicoanálisis, dirigidas por Liliana Heer y Arturo Frydman, presenta el 18 de setiembre en la Biblioteca Nacional a Un barroco de trinchera. Cartas a Baigorria en cruce con Tratado sobre Néstor Perlongher de Nicolás Rosa, a cargo de los panelistas Laura Estrin, Adrián Cangi, Ana Meyer y Carlos Dante García, con articulación de Roberto Retamoso.

En las jornadas, que comienzan el sábado 18 a las 12 y terminan el domingo 19 a las 17.30, se discutirá sobre Diario argentino de Gombrowicz, Adán Buenosayres de Marechal y 200 años de poesía argentina de Jorge Monteleone, entre otros libros en cruce y proyecciones de video-entrevistas a Nicolás Casullo y Nicolás Rosa por María Pía López. Leer más “Perlongher en autopista”

Un barroco en la prensa

Un barroco de trinchera. Cartas a Baigorria 1978-1986, publicado por  Mansalva, salió de imprenta el 17 de octubre de 2006. Se trata de un libro que amo precisamente porque no lo considero “mío” (son cartas de Perlongher) aunque lo prologué y anoté después de atesorar esa correspondencia durante largos años y en distintos territorios. La publicación suscitó de inmediato algunos comentarios y reseñas. El primero fue de Claudio Zeiger en Radar Libros, al que siguió otro de Alberto González Toro en Clarín: “Publican cartas de Perlongher a un amigo”. Luego Alejandra Varela en el mismo diario: “Cartas de Perlongher, desde el encierro de la dictadura”, con el añadido de “Confesionario personal” en la revista Ñ del 13 de enero de 2007, un texto por el momento inhallable en formato digital. Elvio E. Gandolfo recomendó el libro el 17 de marzo del mismo año en un breve recuadro de la sección Libros de la revista Noticias que tampoco fue subido a la web. Pero la mejor para mí fue “Una lengua política” , con la que María Moreno presentó al primer número de Soy en Página/12 (21 de marzo de 2008), proponiendo a Perlongher como “tío” de ese suplemento (“decir padrino lo hubiera horrorizado”): Leer más “Un barroco en la prensa”

Un cartógrafo del éxtasis

“Éxtasis: no contentarse con ser lo que se es. Literalmente, salir de sí, dislocar, llevar hacia fuera, quebrar la barrera del cuerpo, retirarse, abandonar, ceder, dejar, renunciar” decía Néstor Perlongher en el curso que dictó en el Colegio Argentino de Filosofía (CAF) en 1991, durante su último viaje a Buenos Aires, un año antes de que el sida lo golpease, fatal, en San Pablo. Agregaba: “El eje de la experiencia extática es la salida de sí”.

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Un militante de los márgenes

Poeta, sociólogo, ensayista, antropólogo, Néstor Perlongher (1949-1992) emergió en la década del 80 fuera del under en el que era celebrado como autor de culto a través de su cuento Evita vive (en cada hotel organizado). La inclusión de ese texto en la revista El Porteño de abril de 1989 suscitó amenazas telefónicas de bombas, indignadas cartas del lector en los diarios y un reclamo de secuestro de la publicación por parte del Concejo Deliberante. No era para menos. La Eva de Perlongher resucita, baja del cielo, reparte marihuana entre los excluídos, tiene relaciones sexuales con varios hombres a la vez, le chupa la verruga a un comisario, arenga a los habitantes de hoteles de bajo fondo: “Grasitas, grasitas míos, Evita lo vigila todo, Evita va a volver por este barrio y por todos los barrios para que no les hagan nada a sus descamisados”. Dicen que el edil justicialista Juan Carlos Suardi leyó fragmentos ofensivos para escandálo de sus colegas, que el intransigente Héctor Renovales le habría exigido que dejara de “proferir esas palabrotas” y que los términos más urticantes fueron suprimidos de la versión taquigráfica de la reunión del Concejo.

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