Prosa plebeya de Néstor Perlongher reeditada por Editorial Excursiones, con postales y arte de tapa de Adriana Minoliti. Incluye algunos textos nuevos y la revisión del prólogo que escribí en colaboración con Christian Ferrer hace 18 años, que también puede leerse en digital.
Etiqueta: Néstor Perlongher
#Quebra-quebra #Perlongher
En «Los devenires minoritarios», Néstor Perlongher refería a ese Brasil menor, marginal y disidente que cada tanto llega al centro, lo ocupa y se expande desde un chispazo que enciende el reguero de pólvora de la bomba que parece estar siempre a punto de explotar (sobre el abismo de la desigualdad y la micropolítica de los «inconscientes que protestan», ¿no sería mejor preguntarse cómo es posible que estas revueltas no sean más frecuentes?):
«Guattari comenta el estruendoso quebra-quebra de 1983 (en que las masas llegaron a arrancar las verjas de la gobernación de San Pablo) con otro gurú insureccional, el italiano Toni Negri, y ambos lo ven como un anuncio, a largo plazo, de un nuevo tipo de ‘movimiento autónomo-comunista anarquista´. Dejando de lado el catastrofismo apocalíptico, lo cierto es que estas confrontaciones salvajes, desterritorializantes, parecen proseguir bajo la forma de una verdadera guerra social que devasta las calles del trópico, cobrando semana a semana su macabra cuota de adolescentes negros. Escasa atención se les concede, empero, a los impulsos de fuga que animan muchos de esos procesos de marginalización, fuga de la segregación y la modelización normativa que no por desesperada deja de ser elocuente. No más que poetas como Roberto Piva se muestran capaces de ver -en versos como ´adolescentes maravillosos incendian reformatorios´ – el contenido deseante de esas fugas.
«Algunas de esas tentativas saben arrojar resultados trágicos. Véase el caso del adolescente Naldinho, que se arroja a un raid homicida, al grito de: «Para escaparme, mato al que se me ponga enfrente», donde parece desencadenarse cierta pasión de abolición que toma la destrucción (y la autodestrucción) como objeto… La habilidad del cartógrafo deseante residirá en dar cuenta de esas conexiones de flujos múltiples, que van en un sentido disruptivo con relación al engolado ´caretaje´facsimilar, para señalar puntos de pasaje, de articulación, de intensificación». Fue publicado primero en El lenguaje libertario y luego en Prosa plebeya. Puede leerse completo en PDF, página 121 de esta selección.
El Vaticano a las Malvinas
Todo el poder a Lady Di. Militarismo y anticolonialismo en la cuestión de las Malvinas, por Néstor Perlongher.
| Resulta por lo menos irónico comprobar cómo la ocupación militar de las Malvinas -extendiendo a los desdichados kelpers los rigores del estado de sitio- ha permitido a una dictadura fascistizante y sanguinaria como la de Argentina agregar a sus méritos los raídos galones del antiimperialismo.
Pero esta ironía se torna cruel cuando se ve cómo en nombre de una abstracta territorialidad, que en nada ha de beneficiarlas, las castigadas masas argentinas (o al menos considerables sectores de ellas) se embarcan en la orgía nacionalista y claman por la muerte. Es casi lógico que un Estado paranoico como el argentino genere una guerra: la producción de excusas para un delirio xenofóbico que signifique un paso adelante, según la terminología de ultraderecha acuñada por la revista Cabildo, que ha venido pregonando la guerra desde hace tiempo. Paso adelante que tienda al olvido de las masacres y el saqueo, y permita mediante un ritual sacrificial, fortalecer la fuerza del Estado. Esto no es nuevo. Pero el ansia de guerra de las masas -supremo deporte de nuestras sociedades masculinas- resulta menos fácil de entender, a no ser que se acuda a la hipótesis de un deseo de represión. Las masas desearon el fascismo, diría Reich, la naturaleza de cuyos enclaves libidinosos podría ser, en el seno de la épica militarista, la misma que lleva a un grupo cualquiera de muchachos a armar una patota. En el plano de la retórica política, no deja de ser revelador cómo los opositores multipartidarios -que arrastran también a comunistas, montoneros y trotskistas (en particular el PST, Partido Socialista de los Trabajadores)- se han prestado a la puesta en escena de esta pantomima fatal, llamando no a desertar, sino a llevar aún más lejos una guerra que caracterizan de antiimperialista y que no discute el interés de las poblaciones afectadas, sino los afanes expansionistas de los Estados. La claudicación de las izquierdas ante los delirios patrioteros de la dictadura es ya una constante: ellas se dejan llevar -como los personajes de Alejo Carpentier en El Siglo de las Luces– por el entusiasmo de las concentraciones de masas, sin percibir cuándo estas resultan en una legitimación del régimen -como en el Mundial de Fútbol de 1978- o cuándo obedecen a luchas internas del gobierno con la bendición de la todopoderosa Iglesia Católica: así, en la manifestación ante el santo del trabajo en noviembre del año pasado, se vio a recoletos marxistas subir de rodillas las escaleras del templo de San Cayetano, patrono de los Desocupados, junto con un ministro militar. Continuar leyendo «El Vaticano a las Malvinas» |
Saqueos por Néstor Perlongher
Aquí está, gracias a Matías de Golosina Caníbal, un texto que refiere a hechos ocurridos en Brasil en los 80 aunque no fue publicado en esa década sino en 1992, cuando en la Argentina los saqueos ya no eran un «fenómeno extranjero». Las diferencias y semejanzas entre los distintos contextos saltan a la vista: hay «hambre», dice Perlongher, hay «jóvenes funks» entre los presuntos culpables del «ataque confiscatorio», hay «militantes» en alianza con «masas desesperadas» pero estas no sólo roban alimentos sino también televisores, botellas de whisky, zapatos de taco alto y botellas de crema Hinds, entre otros cosméticos arrebatados de las perfumerías y a veces usados para producción in situ junto a las góndolas. Ahí entran en escena las noctilucas (luces de la noche, bichas de luz). «Las variantes de la confiscación son numerosas» afirma Perlongher, invirtiendo la acepción estatal de «fisco» para desplazarla hacia una imagen de «lo público», pero «ninguna es tan sugerente como la que prenuncia el titilar de los espejitos».
SAQUEOS
Noctilucas enardecidas, el resplandor de los espejitos anuncia a lo lejos su avance nocturno. Suena en Sao Paulo y Rio de Janeiro, entre otros sitios menores, la hora del saqueo. Todo se saquea: supermercados, almacenes, tiendas, camiones cargados de comida que sufren un accidente en la calle son desvalijados. Una vez, en el Nordeste, hubo un accidente con un tren cuyos vagones abalanzaron para llevársela, originando un pavoroso incendio que destruyó toda la favela.
Éstas, las noctilucas, van provistas de un pequeño espejo de cartera, de ésos que se usan para retocar el maquillaje, y entran a saco en las perfumerías. Para no ser sorprendidas con la mano en la crema, delatando su avidez estática en el traslado de un lado a otro de los potes, prueba certera de su exceso, las cosmetologizadas se embadurnan ahí mismo junto a la góndola. Pero la policía las descubre porque las ve excesivamente maquilladas, lo cual en el Brasil es una extravagancia. Si fuese en la Argentina, de cajón que no las descubrirían, entre tantas porteñas que le dan con todo al pancake y al pincelito (siempre me ha sorprendido que las chicas de Flores amanezcan pintadas, son —en versos de Arturo Carrera— «niñas que nacieron peinadas»).
Traidor a la raza blanca
Para mis amig@s que no leen Clarín, aviso: Una nota de Ezequiel Alemian sobre Néstor Perlongher y las recientes jornadas en la Biblioteca Nacional, publicada en la sección Cultura de este domingo, ofrece una exacta sinopsis de la vida breve y la obra influyente del «poeta que sigue revolucionando la literatura» como dice el título.
Entre los comentarios de lectores, alguien observa que Néstor estaba «más allá del trotskismo» y que esta etiqueta «le sobra al encabezado» (o copete): detalles de la edición de un diario. Otra descripción posible se encontraría en el remate de la nota de Alemian, que alude a la aspiración a ser «un negro» o «un traidor a la raza blanca». La referencia está tomada de «69 preguntas a Néstor Perlongher» en la revista Babel 9, junio de 1989. En esa entrevista, la pregunta fue: «-¿Qué habría querido ser?» Y la réplica de Néstor: «Uno va siendo lo que le sale. Algunos rumbos truncos: político, periodista, tal vez prosista. En un plano más radical, me gustaría ser negro. Ser un traidor a la raza blanca. Ser es devenir: devenir negro, devenir mujer, devenir loca, devenir niño».
Perlongher vive
Hace 20 años, Néstor Perlongher se deslizaba por los últimos tramos de una «larga y penosa enfermedad» llamada Sida en su departamento de Sao Paulo. Estas imágenes corresponden, en cambio, a tiempos más felices, seguramente una fiesta a principios de los 80. A propósito del título de su cuento «Evita vive (en cada hotel organizado») -consigna del Movimiento de Inquilinos Peronistas-, quisiera recordarlo hoy, en vísperas de las «Jornadas Néstor Perlongher-20 años» que organizan Paula Siganevich y Cecilia Palmeiro para el 27 y 28 de noviembre en la Biblioteca Nacional. De los varios textos que en estos días mencionan el aniversario o aprovechan para meter letra en el periodismo cultural, destaco el de Mabel Bellucci «Relaciones carnales» en Las 12 de Página, donde se revisa el vínculo entre feminismo, revolución y liberación sexual que Néstor advirtió como pocas entre las vanguardias de los 70.
Aquí va en digital el artículo que escribí para la antología Lúmpenes peregrinaciones, publicada en 1996 por Beatriz Viterbo, con selección de Adrián Cangi y Paula Siganevich:
Continuar leyendo «Perlongher vive»
Poéticas de la ayahuasca
Un artículo sobre la disposición poética y barroca del rito de la ayahuasca según la perspectiva de Perlongher aparece en la revista Laboratorio de la Universidad Diego Portales de México. Su autor, Enrique Flores, del Instituto Filológico de la UNAM, revisa las relaciones entre chamanes y travestis, las poéticas del trance y las tensiones entre la fuerza y la forma, el cuerpo y la expresión, lo apolíneo y lo dionisíaco que llevarían al sujeto/poeta del rito chamánico al éxtasis, al desapego o desasimiento de los místicos y a la aniquilación del yo. Se titula «Chamanismo y neobarroso: poética de la ayahuasca» y en su introducción dice: Continuar leyendo «Poéticas de la ayahuasca»
No hay nadie? pregunta la mujer del Paraguay
Qué panzada de vino, pizza y cadáveres nos dimos anoche en lo de Ricardo Strafacce! Un momento sagrado en la escucha de esa voz. Gracias a Elsa Cicuta que lo subió a Youtube.
Perlongher in Texas

Escribe Joseph M. Pierce:
No puedo negar que me sentí un intruso al abrir la tapa de Un barroco de trinchera, texto publicado por el editorial Mansalva que reúne la correspondencia del poeta-sociólogo-activista Néstor Perlongher a su amigo Osvaldo Baigorria entre 1978 y 1986. Leer los pensamientos íntimos, sentir las debilidades, los fracasos, la depresión…es como violar la intimidad de alguien. Baigorria comparte esta problemática en su prólogo a las cartas, “problemas de pertinencia y pertenencia: ¿puedo decir que son mías? ¿Y hacer con ellas lo que quiero? ¿Qué diría el remitente vivo acerca de la idea de publicarlas? ¿Hubiese querido o imaginado que salieran de la intimidad para entrar en la esfera pública? ¿Las hubiera escrito entonces de otra forma…?” (11). Respuestas no tenemos.
Lo cierto es que la lengua neobarrosa de Perlongher brota en varios momentos alentada por la distancia y la aparente fascinación por la “comuna hippie” (en la Columbia Británica, Canadá), en la que residía Baigorria por aquellos años. Continuar leyendo «Perlongher in Texas»
La ilusión de unas islas
Estábamos lejos de las remotas. ¡Y en compota! La penitencia de esa distancia (acaso, impenitente) nos ha estragado la escucha de esos glaciales ululares, derretidos, en esta calidez, reducidos a lo (sub)literario. Desde donde parecía más nítido cuán hondo los repliegues, los bordes de los fiordos (y aquí la mano lamborghiana: «La de dibujo era la mejor») habían calado en la imaginación de los educandos. Nefandos, idus. Así, la inspectora de primaria, cuando arrebujada en sus tapados de piel de nutria, o foca, bajara del coche, vería resplandecer (ecos del himno sarmientino: «La niñez tu ilusión y tu contento…») el mapa de un patriotismo infanto-juvenil, acneico («Y en tu pecho, la juventud de amor un templo…»).
El tapado de piel de la inspectora les hubiera venido bien a los reclutas (sedentarios en un desierto del que no se deserta). Empero —obsesión de la buena letra-habrá de preferirse revestirlos de endechas (algunas a medio hacer, otras ya hechas).
Se discute, se va a las manos, por la posesión de unos desiertos (de los que al parecer no puede desertarse). Se despierta, en el desierto, el vate: legañoso, ilusiónase: «La guerra —imaginábamos— forzosamente nos dejaría en relaciones sociales nuevas (por momentos, las suponíamos triunfantes e inaugurales)».
La identidad de este «nosotros» —ya que no del borgiano— es clara: es la de los firmantes del unitario Entredicho: Alcalde, Grisafi, Grüner, Gusmán, Jinkis, Savino.
El Entredicho se eleva fugazmente al didactismo, cuando revela que el Estado Argentino —»espectador neutral»— no ha conocido, en este siglo, guerras. Debe referirse, pensamos, a las guerras «limpias» (libradas, según las reglas de las artes marciales, entre Estados Soberanos). Continuar leyendo «La ilusión de unas islas»