En el pueblo de Kaslo, British Columbia, Canadá, al oeste de las montañas Kootenays, se mostró en agosto de 2019 una retrospectiva de la obra de Richard Gross, artista de Argenta (aunque nacido en Polonia y criado en Winnipeg), amigo y cofundador de la comunidad del bosque, a quien conocí sembrando árboles al oeste de la isla de Vancouver en una primavera tormentosa de 1977. Sus cuadros ya andan en colecciones del MOMA en NY, en la National Gallery de Ottawa, en la Art Gallery de Ontario, Toronto, en la Amherst Collection de Boston y muchos otros lugares pero nunca hasta ahora se había hecho una muestra como la del Eurythmy Studio de Kaslo hace menos de un mes. Aunque no pude verla in situ, tuve la satisfacción de haber colaborado en que se llevara a cabo por obra del azar o del destino, cuando en julio de este año me senté junto a una mujer que no conocía en el pequeño autobus local que dos veces por semana atraviesa el pueblo.
Había llegado a visitar a Richard y a su compañera Tuula en julio de este año y supe que él deseaba con fervor que se hiciera una retrospectiva lo antes posible. Entendible: sufre de un tipo de cáncer de cerebro desde hace más de una década y lo viene combatiendo con radio y quimioterapia y no sé qué otros tratamientos, así que… En mi corta visita, hablé con unas y otros para encontrar un espacio donde se pudiera realizar la muestra. No tenía los suficientes contactos en el mundo del arte de Nelson, la ciudad más cercana y además Richard y Tuula viven en Kaslo, este pueblo de mil habitantes que les queda a mano para los traslados a hospitales y centros de salud, fundamental para dos personas que no tienen auto, y posee veredas y calles tranquilas lo cual es crucial para la frágil movilidad de Richard, con su andador y sus bastones. De modo que hablé y hablé con mis amistades y con todas las personas que se cruzaron en mi camino durante los 25 días en los que paré en la casa de Tom Zepp en Argenta y en cada viaje a las poblaciones cercanas.
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Las piezas que componen este libro son reescrituras de crónicas o “notas” en el sentido argentino y rioplatense del término, escritas durante el período en el que viví en una isla de Tigre, en el Delta del Paraná (2006-2016)… Este es más o menos el inicio del libro que acabo de publicar con
En 2016, la periodista free lance y viajera Andrea Valdés, a quien conocí como vendedora de la librería del CCBA (Barcelona), se quedó en Buenos Aires varios meses y, entre otras cosas, asitió a mi taller de lectura de los lunes en la Gandhi de Palermo. Creo que era la primera vez que leía a Lucio V. Mansilla (y si no era su primera vez lo disimuló mucho):
Estoy leyendo Estados del deseo de Edmund White traducido por Mariano López Seoane y publicado por Blatt & Ríos: un viaje a ese laboratorio de relaciones sociales que fueron las grandes ciudades norteamericanas de los años 70, un territorio que conocí de cerca en pleno impacto del Gay Liberation y absoluta experimentación corporal pre-sida. White -«drageado de etnógrafo», como dice el traductor- tuvo la suficiente calle para pintar su aldea y así pintar el mundo, en especial desde aquella aldea en la cual se descubrieron y revelaron en público todas las formas de orgía, S/M, leather, fist-fucking y un largo etcétera de prácticas retratadas con dosis perfectas de ironía y cariño.