Una escritura posgenérica

Florencia Angilletta escribe acerca de Sobre Sánchez: «Artefacto de yuxtaposición, escritura posgenérica, corroe los supuestos y entendidos de la “autoficción”… Da cuenta, así, de la recepción que tuvo el libro en la cátedra de Teoría Literaria III en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y de la entrevista con alumnos y profesores de esa cátedra a la que fui invitado en setiembre del 2014:

«Inmerso en la manía argentina de una tradición esquiva a las biografías de escritores, Sobre Sánchez emerge, ante todo, como un libro extraño. Un libro que dialoga con Sobre Giannuzzi, de Sergio Chefjec –ya desde su propio título– y con la monumental biografía de Osvaldo Lamborghini escrita por Ricardo Strafacce. Un libro que dialoga aunque toma otro rumbo, rema de otro modo. En palabras del propio Baigorria: “No podía hacer crítica literaria sobre una obra como la de Sánchez. Su biografía también era imposible porque había un núcleo al que yo no podía llegar. ¿Cómo hacer? Ponerme a acompañar su camino y sobre-escribir. No como imitar su estilo sino hacer otra cosa: partir de mi propia experiencia frente a la lectura de sus textos y de mi investigación”».

Así habría surgido una textualidad que se maneja con «la persistencia del río como ritmo brumoso y expansivo»: “Si nos quedamos en el pensamiento mas dicotómico que separa lo que es ficción de lo que no lo es, estamos siempre trabados. Pero si miramos líneas de fuga de las esferas nos movemos en un lugar de más libertad con respecto a la escritura”…»Para poder decir alguna verdad sobre Sánchez, Baigorria recurre a la autoficción en un juego de dobles agentes que concluye con una última línea paradojal: “El Néstor Sánchez sobre el que puede escribirse no es el verdadero Néstor Sánchez”. No es simplemente la biografía del biografiado y la biografía del biógrafo. Las tres partes de Sobre Sánchez, en un procedimiento que se enlaza con el célebre cuento de otro gran escritor argentino –“Nota al pie”, de Rodolfo Walsh–, conforman un diálogo entre sí; se ofician mutuamente de guardaespaldas, de brújula inconclusa, de fractal estallado».

El texto de Angilletta puede leerse completo en Escritores del mundo.

 

18 whiskies y un pico de morfina

En el mejor momento de su trayectoria, Dylan Thomas (1914-1953) tuvo la pésima idea de alardear que había bebido de más. O mejor dicho, más de lo que realmente había bebido.
A sus 39 años, ya era considerado por críticos de EE UU y Gran Bretaña como “el mejor poeta inglés contemporáneo”, un “creador de lenguajes y nuevas modalidades métricas” o simplemente “un genio”. Premiado a ambos lados del Atlántico, contaba con la flamante publicación de sus Poemas completos, que recopilaba casi toda su producción desde 1934, y además disfrutaba de su fama como hábil narrador en varios géneros, desde una biografía novelada de Joyce hasta cuentos y relatos radiofónicos, pasando por guiones cinematográficos y obras teatrales como Bajo el bosque lácteo, que entregó a la BBC poco antes de viajar a Nueva York para el que sería su último grand tour poético.
Hospedado en el legendario Chelsea, el “hotel de los artistas” del Greenwich Village, famoso por haber albergado a Mark Twain, Thomas Wolfe y Henry Miller, desde su arribo el galés se habría quejado de dolores en el pecho y de asfixia. No lo ayudó la contaminación ambiental de la ciudad, que entre octubre y noviembre de 1953 llegaría a niveles récord para la época. Ocurre que Dylan Thomas sufría de los bronquios, utilizaba un inhalador para ayudarse a respirar y en esos días probablemente ya estaba en desarrollo la neumonía que se le descubrió demasiado tarde en el hospital. Igual cumplió con sus compromisos: leyó Bajo el bosque lácteo al público en Cambridge, grabó la obra en Manhattan y se preparó para representarla en el prestigioso Poetry Center de Nueva York, cuyo director, Paul Brinnin, también era agente de ese tour literario por el cual cobraría un 25 % de las ganancias del escritor.

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La mirada del salvaje

Lo primero que se ve es una mujer a punto de ser violada, si no lo ha sido ya. Pero como la lengua es rica en eufemismos, y la imagen se encuadra en una sala de museo y muestra de arte bajo los presupuestos de “seducción” y “erotismo”, una mirada quizá entrenada, capacitada en el control de la reacción sensorial automática, podrá destacar allí otra cosa, otros cuerpos y objetos. Los presupuestos son, como mínimo, incómodos o destinados a incomodar. Consentirlos implica algún tipo de complicidad intelectual con algo que en otro momento y lugar podría ser considerado un crimen. ¿Por qué, cuándo y en qué condiciones el rapto de una mujer puede ser erótico? ¿Y para quién? Continuar leyendo «La mirada del salvaje»

Haikus a la Parca

La idea de escribir unas palabras de despedida que pudieran ser recibidas como “poema” es una tradición china que llegaría a cierto refinamiento en Japón. Nobles y guerreros a punto de ser ejecutados, monjes budistas que mantenían una aguda conciencia de la finitud, y poetas consagrados o desconocidos escribieron “poemas a la muerte” de calidad variada a lo largo de la historia. Los primeros tendrían forma de tanka, un grupo de cinco versos con dos unidades rítmicas. Luego se adoptaría la más conocida y también abusada forma del haiku, con sus tres versos de 5, 7 y 5 sílabas, una convención que por suerte no respetan todos los traductores. Continuar leyendo «Haikus a la Parca»

Un sueño sober ano

plaza de la lenguaAsí dijo Osvaldo Lamborghini: «Yo, Arturo Carrera, escribí una vez, para un diario argentino, una crítica, un texto sobre Alexandra -sí, hay que llamarla Alexandra, no Alejandra; hay que terminar con esa jota imbécil-, Pizarnik: se llamaba «A las niñas mecánicas del templo». Alguien supuestamente con autoridad -porque sabemos que los diarios están llenos de sabios- cambió el título por: «El sueño soberano». Yo leí mi propia nota, y me quedé pensando. A veces pienso. Incluso en Pringles se piensa, aunque no hay diarios tan grandes como La Opinión, La Prensa, Razón, la mar en coche. Pensé que al fin y al cabo como siempre le pegaban en la tecla de al lado. Se equivocaban; el título era, en verdad: «A las niñas mecánicas del templo». Lo cambiaron por: «El sueño soberano». Lo que nunca hubieran podido decir era eso: «El sueño sobre el ano».

La cumbre invertida

osvaldo baigorria cronicas

Créase o no, en la provincia argentina de Córdoba hay una montaña que se sube hacia abajo. Es leyenda, pero también hay experiencia y testimonio. Subí al cerro llamado Uritorco dos veces: una acompañado, otra solo. La primera vez con mi novia, con quien no pudimos llegar a la cima porque tuvo un accidente en el Valle de los Espíritus. La idea era tomarnos unos ácidos para un ascenso doble, en cuerpo y alma, pero ella resbaló, casi se fractura el coxis y tuvimos que volver penosamente a la base del cerro, en ambulancia hasta Capilla del Monte y en coche-cama hasta Buenos Aires. Dos meses de inmovilidad para que se recupere a medias demoraron mi intención de regresar, la segunda vez a solas, para un encuentro directo con el mito: la montaña sagrada, una ciudad oculta, un portal de acceso secreto, naves del espacio que entran y salen de un agujero negro en las rocas guiadas por tres espejos, uno de lapislázuli, otro de oro y otro de material desconocido en el planeta; en este último se reflejaría el cerro invertido, como al borde de un lago, con la cumbre hacia abajo.

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Una ética menor

Un cruce entre Sobre Sánchez y Cerdos & Porteños en esta propuesta de lectura de Golosina caníbal, que titula y reivindica…

Una ética de la nota al pie

Tras las tentativas en Un barroco de trinchera (Mansalva, 2006), el novelista y periodista Osvaldo Baigorria ha comenzado a perfilar en sus dos últimos libros, Sobre Sánchez (Mansalva, 2012) y Cerdos&Porteños (Blatt&Ríos, 2014), una ética de la nota al pie. ¿En qué consistiría esta ética? Sencillamente se trata de una exploración profunda de este recurso desplazado: un clásico paratexto, dependiente del texto central, que en la escritura de Baigorria cobra otras facetas, otros usos. En esa exploración marginal, el autor pone en juego su propia vida en la obra.
En Sobre Sánchez, el texto central mezcla géneros (biografía, crónica, novela, crítica literaria y más) para contar la vida y obra de Néstor Sánchez, ese escritor elusivo que en los últimos años comenzó a ser revisitado gracias a los esfuerzos de editoriales como Paradiso y La Comarca ediciones. Baigorria entrevista a gente cercana a Sánchez, lee sus novelas y artículos críticos, construye lecturas sobre la escritura poemática del autor de Siberia blues, cuenta los entretelones de su investigación pero también coloca notas al pie. La nota que abre la edición, “About”, lo explica claramente: el libro está compuesto por tres partes. La parte III, titulada “Notas al pie”, recupera las notas de las partes I y II. Justamente, una forma de leer Sobre Sánchez sería retomar cada una de las notas cuando son mencionadas (y así seguir el modo clásico, esperado); el otro modo, implícito en la numeración de las partes, sería leer el apartado de notas al pie como un relato autónomo aunque fragmentado, vinculado sí con los otros apartados. En la parte III, las notas proponen reflexiones y anécdotas de Osvaldo Baigorria, una puesta en juego de su subjetividad a través de sus experiencias lúmpenes, místicas y culturales, en claro diálogo con la subjetividad del escritor de La condición efímera. En Sobre Sánchez, Baigorria comienza a elaborar un uso alternativo de las notas al pie: las corre del lugar subsidiario que podrían tener, las usa como espacio de exploración interior y reflexión lingüístico-metafísica, las propone como punto de partida de una ética menor, fragmentaria.

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Blues del funeral de Allen Ginsberg

La ilusión de convocar en torno al propio lecho de muerte a todos los amantes y amigos que uno tuvo a lo largo de su vida, ya reconciliados en el recuerdo, no es nueva ni fuera de lo común. Pero la extensión de esa fantasía a la escena del funeral es un deseo que Allen Ginsberg (1926-1997) expresó como nadie en el poema “Muerte y fama”, un mes antes de internarse en el hospital Beth Israel de Nueva York donde se le diagnosticó un inoperable cáncer de hígado que terminó con su vida en pocos días.

Ginsberg ya era consciente de que estaba más cerca del arpa que de la guitarra. Por lo menos desde 1996, cuando una insuficiencia cardíaca congestiva, unida a cierta incontinencia y dificultad para caminar a causa de una probable polineuritis diabética, le inspiraron poemas de despedida, de agradecimiento y de exhibición de su cuerpo bajo ataque: “Excremento”, “Canción del intestino”, “Me sangra la nariz”, casi siempre a ritmo y rima: “me sangra la nariz/ te sangra la nariz/ todos sangran encima de mí”. Este registro se intensificó en cada internación hacia un final terrible, nada romántico: “máquina de cagar, máquina de mear/ soy una increíble máquina de cagar”. Continuar leyendo «Blues del funeral de Allen Ginsberg»