Créase o no, en la provincia argentina de Córdoba hay una montaña que se sube hacia abajo. Es leyenda, pero también hay experiencia y testimonio. Subí al cerro llamado Uritorco dos veces: una acompañado, otra solo. La primera vez con mi novia, con quien no pudimos llegar a la cima porque tuvo un accidente en el Valle de los Espíritus. La idea era tomarnos unos ácidos para un ascenso doble, en cuerpo y alma, pero ella resbaló, casi se fractura el coxis y tuvimos que volver penosamente a la base del cerro, en ambulancia hasta Capilla del Monte y en coche-cama hasta Buenos Aires. Dos meses de inmovilidad para que se recupere a medias demoraron mi intención de regresar, la segunda vez a solas, para un encuentro directo con el mito: la montaña sagrada, una ciudad oculta, un portal de acceso secreto, naves del espacio que entran y salen de un agujero negro en las rocas guiadas por tres espejos, uno de lapislázuli, otro de oro y otro de material desconocido en el planeta; en este último se reflejaría el cerro invertido, como al borde de un lago, con la cumbre hacia abajo.
Los inundados


Una ética menor
Un cruce entre Sobre Sánchez y Cerdos & Porteños en esta propuesta de lectura de Golosina caníbal, que titula y reivindica…
Una ética de la nota al pie
En Sobre Sánchez, el texto central mezcla géneros (biografía, crónica, novela, crítica literaria y más) para contar la vida y obra de Néstor Sánchez, ese escritor elusivo que en los últimos años comenzó a ser revisitado gracias a los esfuerzos de editoriales como Paradiso y La Comarca ediciones. Baigorria entrevista a gente cercana a Sánchez, lee sus novelas y artículos críticos, construye lecturas sobre la escritura poemática del autor de Siberia blues, cuenta los entretelones de su investigación pero también coloca notas al pie. La nota que abre la edición, “About”, lo explica claramente: el libro está compuesto por tres partes. La parte III, titulada “Notas al pie”, recupera las notas de las partes I y II. Justamente, una forma de leer Sobre Sánchez sería retomar cada una de las notas cuando son mencionadas (y así seguir el modo clásico, esperado); el otro modo, implícito en la numeración de las partes, sería leer el apartado de notas al pie como un relato autónomo aunque fragmentado, vinculado sí con los otros apartados. En la parte III, las notas proponen reflexiones y anécdotas de Osvaldo Baigorria, una puesta en juego de su subjetividad a través de sus experiencias lúmpenes, místicas y culturales, en claro diálogo con la subjetividad del escritor de La condición efímera. En Sobre Sánchez, Baigorria comienza a elaborar un uso alternativo de las notas al pie: las corre del lugar subsidiario que podrían tener, las usa como espacio de exploración interior y reflexión lingüístico-metafísica, las propone como punto de partida de una ética menor, fragmentaria.
Blues del funeral de Allen Ginsberg
La ilusión de convocar en torno al propio lecho de muerte a todos los amantes y amigos que uno tuvo a lo largo de su vida, ya reconciliados en el recuerdo, no es nueva ni fuera de lo común. Pero la extensión de esa fantasía a la escena del funeral es un deseo que Allen Ginsberg (1926-1997) expresó como nadie en el poema “Muerte y fama”, un mes antes de internarse en el hospital Beth Israel de Nueva York donde se le diagnosticó un inoperable cáncer de hígado que terminó con su vida en pocos días.
Ginsberg ya era consciente de que estaba más cerca del arpa que de la guitarra. Por lo menos desde 1996, cuando una insuficiencia cardíaca congestiva, unida a cierta incontinencia y dificultad para caminar a causa de una probable polineuritis diabética, le inspiraron poemas de despedida, de agradecimiento y de exhibición de su cuerpo bajo ataque: “Excremento”, “Canción del intestino”, “Me sangra la nariz”, casi siempre a ritmo y rima: “me sangra la nariz/ te sangra la nariz/ todos sangran encima de mí”. Este registro se intensificó en cada internación hacia un final terrible, nada romántico: “máquina de cagar, máquina de mear/ soy una increíble máquina de cagar”. Continuar leyendo «Blues del funeral de Allen Ginsberg»
Se acabó la épica: la potencia de una frase en el arte del no
Comienzo pidiendo disculpas porque hace un par de meses, cuando recién había enviado el título de esta ponencia por email a Silvana López, tuve una caída de una escalerita que uso para buscar libros en un estante alto, un tonto accidente doméstico que me fracturó la rótula. Lo cual me obligó a suspender todas mis tareas, entre ellas la de empezar a escribir el texto que ahora finalmente puedo leer aquí, y a tener que portar constantemente una férula, bota o inmovilizador de rodilla que me mantuvo no solo con una pierna estirada por seis semanas sino con prácticamente todo el cuerpo inmovilizado, ya que lo único que podía hacer era quedarme en la cama o andar de pie con un bastón, rengueando con esa pierna rígida que arrastraba de un lado al otro. O sea, era imposible estar sentado, porque una de mis rodillas no podía ser doblada y por lo tanto no lograba sentarme más de cinco minutos, sea al escritorio o a la mesa, en una posición incómoda con las nalgas al borde de la silla (ni hablar de lo incómodo que es sentarse al inodoro sin doblar una rodilla).
Al principio creí que al menos iba a tener tiempo para leer, pero tampoco; aunque probé leer en la cama tuve que abandonar a los pocos días, ya que con una pierna rígida todo el cuerpo estaba fuera de eje y me atacaron todos los dolores pertinentes: de espalda, de cuello, de cervicales. Así que también renuncié a leer, excepto alguno u otro diario en forma digital, con un Ipad que podía sostener sobre mi cabeza. Escuché bastante música, clásicos del rock y del jazz. Miré mucho tiempo al techo, también llamado cielorraso.
Recién en la última semana de este mes y medio largo, con el hueso de la rótula en lenta recuperación, pude empezar a sentarme al escritorio y ocuparme de la frase “me quedé sin épica” o “se me acabó la épica”, que Néstor Sánchez solía usar como explicación de por qué había dejado de escribir en sus últimos años. Continuar leyendo «Se acabó la épica: la potencia de una frase en el arte del no»
Tarde de brujas
Crónica de una desaparición anunciada
El último gesto de Ambrose Bierce (1842-1914 aprox.) fue como un chiste de humor negro, una incitación a imaginar su muerte en detalle. Antes de cruzar la frontera hacia México, en plena insurgencia de Pancho Villa, dejó en sus cartas unas pocas pistas para que se construyera su leyenda y luego se esfumó definitivamente. Pese a los esfuerzos de biógrafos y otros investigadores puestos a descubrir su fecha y lugar de defunción, la ya centenaria y “misteriosa desaparición de un creador de misterios”, al decir de Rodolfo Walsh, continúa viva como uno de los más potentes mitos de auto-ficción construidos por un escritor. Continuar leyendo «Crónica de una desaparición anunciada»
Alerta meteorólogico
En Otra parte, Marcelo Cohen inicia una serie de discusiones a partir de la marcha popular por -o mejor dicho, contra- el cambio climático del 21 de setiembre último en Nueva York, una manifestación de cientos de miles ninguneada y prácticamente silenciada por casi todos los medios del mundo.
Continuar leyendo «Alerta meteorólogico»
Sobre Sánchez en Puán
Con Miguel Vitagliano en Puán, Teoría Literaria III, en un amable encuentro con 60 estudiantes y otros miembros de la cátedra (entre ellos la encantadora Laura Estrín, y Florencia Angilletta, creo, allí en primera fila): me sentí cómodo pese a esa cara de fastidio que aquí aparece por tener que estar más de una hora con una pierna levantada y en postura corporal desajustada sobre el asiento.
Sobre Sánchez: las preguntas giraron en torno a las relaciones y los límites entre el discurso de la crítica y el de la ficción. Algunas mostraron una lectura tan atenta que casi me averguenzan: sabían sobre lo que yo había escrito muchísimo más que yo (obvio). Continuar leyendo «Sobre Sánchez en Puán»
Recuerdos de otra primavera
Una nota de Nicolás G. Recoaro comenta Cerdos & Porteños en relación al periodismo emergente en los años de la llamada «primavera democrática». De las revistas que dan título al libro se dice que fueron «dos de los experimentos periodísticos más influyentes de los años ochenta. La primera (El Porteño) con su sello marcado a fuego por el nuevo periodismo y las investigaciones incisivas en plena apertura democrática. Y la segunda (Cerdos & Peces) cuyo lema de tapa rezaba «La revista de este sitio inmundo», fue una iniciativa corrosiva que se dedicó a forzar los límites del tímido destape en la posdictadura». Salió en la sección cultura de Tiempo argentino de hoy y se puede leer la nota por acá.


