Mis malditos favoritos (II)

Gracias a Wimbledon que lee La Nación los domingos, descubrí este artículo de Vargas Llosa sobre Céline que expresa, insomma, lo que siento acerca del escritor antisemita y de otros reaccionarios, incluido el mismo Vargas Llosa. Es inadmisible juzgar la calidad de una obra por las ideas, las posturas, e incluso las acciones políticas, morales y religiosas de su autor a lo largo de una vida. Es como juzgar -salvando las distancias- lo que hacía Jimi Hendrix con la guitarra según el apoyo del músico al ejército norteamericano en Vietnam, Cocaine según el racismo o la simpatía de Eric Clapton por el National Front, las traducciones de Li Po y otros poetas chinos de Ezra Pound por la vara de una militancia fascista, Los reventados por la participación de Jorge Asís en el menemato, la Milonga de Manuel Flores o Funes el memorioso por el antiperonismo de Borges, Justine por los crímenes misóginos que hubiera cometido el marqués de Sade. Alguien puede ser un criminal (también de guerra) y aun así cultivar un bello jardín o construir una casa -obra de arte- sólida. Aunque repudio las intervenciones de Vargas Llosa en defensa del neoliberalismo, coincido con él en que “Céline fue, políticamente hablando, una escoria. Leer más “Mis malditos favoritos (II)”

When I get off of this mountain you know where I want to go

Amigos canadienses. Vivieron en Woodstock, acompañaron a Dylan, son eslabones perdidos entre el rock y la música country. Y que yo sepa, la primer banda en la que el baterista era voz principal (antes que Manal). Aparte, tocaban un montón de instrumentos, del acordeón al saxo, de la mandolina al violín, de la armónica al piano, a veces cambiando en vivo.

La última entrevista a Héctor Libertella

El 21 de setiembre de 2006, en el Instituto Lanari donde estaba internado por un cáncer de pulmón, Libertella dio su última entrevista a un investigador entusiasta, Ariel Idez, quien estaba trabajando en su tesis de grado sobre la revista Literal. De ese instante proviene esta semblanza extractada del libro El efecto Libertella, que se completa con fragmentos de la nota reciente de Sergio Núñez en Perfil Cultura: Leer más “La última entrevista a Héctor Libertella”

El indio vegetariano y el blanco depredador

Ahora que se ha puesto de moda aplaudir a los originarios mientras continúa el saqueo de tierras, me gustaría actualizar este artículo publicado hace tres años en la revista Ñ bajo el título “El indio vegetariano y el blanco invasor”. Decía allí que cierta mirada ingenua o prisa por reescribir la historia con nuevos mitos de origen parece necesitar la creencia en una edad de oro en la cual los primeros habitantes habrían morado en paz sobre la tierra, cuidando al medio ambiente y respetando a todos los seres vivos. Esta leyenda urbana es seductora, y al adoptarla aunque sea en parte todos hemos contribuido a una sustitución de estereotipos. A fines del siglo XIX, la prensa argentina hablaba del indio como bárbaro depredador, salvaje cruel y sanguinario, secuestrador de niños y mujeres. A principios del XXI, la corrección política requiere que debe hablarse de pueblos originarios que vivían en pacífica armonía hasta la llegada de la “civilización” (se escribe entre comillas), Leer más “El indio vegetariano y el blanco depredador”

¿Qué hay en común entre un croto y un ranquel?

Lo que imagina un hippie blanco que se lleva al mundo puesto, dirá alguien… Este lunes 17 a las 21 en el programa Punto de fuga que conduce Lorena Alfonso, entre otrxs, trataremos de pensar en voz alta sobre ese vínculo, el nomadismo, los libros Correrías de un infiel, El amor libre, Anarquismo trashumanteEn pampa y la vía, en la señal www.ciclopradio.com.ar (repite el 19 de enero a las 11).

Una primera aproximación al tema puede encontrarse en este texto de Juan Pablo Liefeld: Leer más “¿Qué hay en común entre un croto y un ranquel?”

Yo no me moriré en París con aguacero (Zelarayán)

Este “poema” tiene unas ganas bárbaras de seguir…
Y sigue y seguirá toda la vida,
solo o en compañía…
incluso en compañía de la muerte,
que evidentemente existe.
En último caso,
coma sobre él,
coja sobre él,
mee sobre él,
escupa sobre él.
vomite sobre él,
cague sobre él,
duerma sobre él,
viva sobre él,
muera sobre él,
y ríase sobre él.
Preferentemente en compañía
o solo, si no hay más remedio.
Este “final” podría parecer demagógico…
Pero si uno se muere nadie se animará a compañarlo (¿o sí?).
Evidentemente, uno tiene que nacer solo (mellizos aparte)
y morirse solo…
No hay vuelta que darle.
Nadie lo acompaña a uno a meterse (a la fuerza) de cabeza en
la muerte (¡oh la Sombra!)
o meterse de cabeza en la vida (¡oh la luz!).

Ricardo Zelarayán (21 de octubre, 1922 – 29 de diciembre, 2010)

Fragmento de “La razón pura o el sueño de la lógica implacable” (a leer entero en Acción literaria)