Se acabó la épica: la potencia de una frase en el arte del no

Comienzo pidiendo disculpas porque hace un par de meses, cuando recién había enviado el título de esta ponencia por email a Silvana López, tuve una caída de una escalerita que uso para buscar libros en un estante alto, un tonto accidente doméstico que me fracturó la rótula. Lo cual me obligó a suspender todas mis tareas, entre ellas la de empezar a escribir el texto que ahora finalmente puedo leer aquí, y a tener que portar constantemente una férula, bota o inmovilizador de rodilla que me mantuvo no solo con una pierna estirada por seis semanas sino con prácticamente todo el cuerpo inmovilizado, ya que lo único que podía hacer era quedarme en la cama o andar de pie con un bastón, rengueando con esa pierna rígida que arrastraba de un lado al otro. O sea, era imposible estar sentado, porque una de mis rodillas no podía ser doblada y por lo tanto no lograba sentarme más de cinco minutos, sea al escritorio o a la mesa, en una posición incómoda con las nalgas al borde de la silla (ni hablar de lo incómodo que es sentarse al inodoro sin doblar una rodilla).

Al principio creí que al menos iba a tener tiempo para leer, pero tampoco; aunque probé leer en la cama tuve que abandonar a los pocos días, ya que con una pierna rígida todo el cuerpo estaba fuera de eje y me atacaron todos los dolores pertinentes: de espalda, de cuello, de cervicales. Así que también renuncié a leer, excepto alguno u otro diario en forma digital, con un Ipad que podía sostener sobre mi cabeza. Escuché bastante música, clásicos del rock y del jazz. Miré mucho tiempo al techo, también llamado cielorraso.

Recién en la última semana de este mes y medio largo, con el hueso de la rótula en lenta recuperación, pude empezar a sentarme al escritorio y ocuparme de la frase “me quedé sin épica” o “se me acabó la épica”, que Néstor Sánchez solía usar como explicación de por qué había dejado de escribir en sus últimos años. Continuar leyendo «Se acabó la épica: la potencia de una frase en el arte del no»

Crónica de una desaparición anunciada

ambrose bierceEl último gesto de Ambrose Bierce (1842-1914 aprox.) fue como un chiste de humor negro, una incitación a imaginar su muerte en detalle. Antes de cruzar la frontera hacia México, en plena insurgencia de Pancho Villa, dejó en sus cartas unas pocas pistas para que se construyera su leyenda y luego se esfumó definitivamente. Pese a los esfuerzos de biógrafos y otros investigadores puestos a descubrir su fecha y lugar de defunción, la ya centenaria y “misteriosa desaparición de un creador de misterios”, al decir de Rodolfo Walsh, continúa viva como uno de los más potentes mitos de auto-ficción construidos por un escritor. Continuar leyendo «Crónica de una desaparición anunciada»

Sobre Sánchez en Puán

Puan 3Con Miguel Vitagliano en Puán, Teoría Literaria III, en un amable encuentro con 60 estudiantes y otros miembros de la cátedra (entre ellos la encantadora Laura Estrín, y Florencia Angilletta, creo, allí en primera fila): me sentí cómodo pese a esa cara de fastidio que aquí aparece por tener que estar más de una hora con una pierna levantada y en postura corporal desajustada sobre el asiento.

Miguel Vittagliano

Sobre Sánchez: las preguntas giraron en torno a las relaciones y los límites entre el discurso de la crítica y el de la ficción. Algunas mostraron una lectura tan atenta que casi me averguenzan: sabían sobre lo que yo había escrito muchísimo más que yo (obvio). Continuar leyendo «Sobre Sánchez en Puán»

Recuerdos de otra primavera

Una nota de Nicolás G. Recoaro comenta Cerdos & Porteños en relación al periodismo emergente en los años de la llamada «primavera democrática». De las revistas que dan título al libro se dice que fueron «dos de los experimentos periodísticos más influyentes de los años ochenta. La primera (El Porteño) con su sello marcado a fuego por el nuevo periodismo y las investigaciones incisivas en plena apertura democrática. Y la segunda (Cerdos & Peces) cuyo lema de  tapa rezaba «La revista de este sitio inmundo», fue una iniciativa corrosiva que se dedicó a forzar los límites del tímido destape en la posdictadura». Salió en la sección cultura de Tiempo argentino de hoy y se puede leer la nota por acá.

Fractura expuesta

Paloma Salvatierra

Una fractura de rótula a causa de una caída por escalera (de un estante alto donde había ciertos libros), me tiene con una pierna inmovilizada por varias semanas… pero puedo atender el teléfono, como ocurrió con esta entrevista que me pidieron desde el programa -oh, el azar- «Fractura expuesta». Es de la AM 530, me preguntaron sobre la cocina de Cerdos & Porteños y el audio se puede escuchar por acá. La ilustración es del blog Elogio del vacío de Paloma Salvatierra.

Política sexual

Javier Gasparri nos entrevista (a Sara Torres y a mí) para indagar sobre el grupo Política Sexual que iniciamos, entre otras, con Néstor Perlongher. La entrevista se titula «Los días del grupo Política Sexual y después». Dice:

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Para quien no la vivió, imaginar la primera parte de la década de 1970, en Argentina, puede suponer la visualización de una efervescencia cultural (o, en la cara que nos interesa, contracultural) que no sólo hizo aparecer sucesos inéditos (ideas, hechos, prácticas, acciones, políticas, formas de arte) sino que también dejó marcas que hoy nos siguen interpelando por su vigencia actual. Esto es lo que ocurre, en el amplio y heterogéneo espectro de esa efervescencia, con el Grupo de Estudio y Práctica Política Sexual, que, en su singular y flamante juntura entre sectores del feminismo y del Frente de Liberación Homosexual, a fuerza de deseo, pudo dejar planteados problemas que hoy seguimos debatiendo y, en un firme acto de disidencia sexual, pudo soñar a su manera el fin de la heteronormatividad. Esta entrevista, realizada a dos de sus protagonistas, Sarita Torres (feminista) y Osvaldo Baigorria (escritor, periodista, catedrático e investigador de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA), nos trae en primera persona algunas iluminaciones de aquellos días, y quiere también ser una celebración del camino que el Grupo nos dejó abierto.
Comencemos por el punto de encuentro: la historia de la formación del grupo.

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El último suspiro de Timothy Leary

Hay escritores que saben que están por morir y se van en silencio como elefantes a su retiro privado, ocultos de la mirada pública. Otros, en cambio, lo dicen todo: hablan y escriben sobre el asunto hasta por los codos, dedican poemas y ensayos a la muerte, hacen de su propia agonía un show de despedida gratuito y abierto. Timothy Leary (1920-1996) fue probablemente el más radical de estos últimos. El llamado “profeta del ácido” anunció su muerte inminente como el viaje más completo de toda su vida. Una vez que, a través de “dos simpáticos doctores” de Los Ángeles, se enteró que ya no tendría chances de sobrevivir porque su próstata se había transformado en “el anfitrión de un cáncer sano, robusto y ambicioso”, se dedicó a diseñar su propia muerte, o desanimación, como prefería llamarla. Una muerte de diseño que incluyó los mensajes a difundir antes, durante y después del paso al más allá.

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La posibilidad de unas islas

Reseña del último libro de Beatriz Sarlo, Viajes: De la Amazonia a las Malvinas, con título y texto original. Salió publicada en Perfil Cultura el 10/08/14 bajo el titulo «Enlaces intensos por la América ignota». Una ocasión, quizá, para recordar esas otras voces que se alzaron contra la guerra, como la de Néstor Perlongher en estos ensayos breves de 1982, y también para poner en perspectiva a la utopía como ficción aplicada, o las islas como utopía). 

La recuperación de periplos de juventud mediante la descripción de fotos de época y la reposición de datos complementarios a través de investigaciones realizadas medio siglo después son los métodos privilegiados en Viajes… Pero sus páginas más conmovedoras y polémicas tal vez sean las del capítulo final del libro, “Una extranjera en las islas”. Es en esta crónica extensa de la visita a Malvinas, en marzo de 2013, cuando Beatriz Sarlo fue enviada por el diario La Nación a cubrir el referéndum isleño, donde los otros relatos de viaje brillarán en todo sentido y al mismo tiempo comenzarán a eclipsarse como los territorios ideológicos y las islas perdidas de la utopía de décadas pasadas.

De las memorias de niñez de Sarlo, cuando en los ’40 iba de vacaciones con su familia a Deán Funes, Córdoba, y se encontraba con migrantes rurales europeos y criollos pobres que serán sus primeros “otros”, el libro pasa a los viajes mochileros, narrados por un “nosotros” que incluye por momentos a toda una generación y a veces a un grupo de cuatro jóvenes de las llamadas “capas medias” –otros dirán “pequeña burguesía”– que en los 60 salían de campamento a buscar la experiencia de vivir en zonas remotas de una fantaseada América Latina. En un grand tour latinoamericanista, estos jóvenes viajaban a la selva amazónica o a la Puna, o descendían a una mina para conocer de cerca a sus idealizados proletarios y campesinos y confirmar, a través del lente de lo que Sarlo llama “ideología optimista”,  los signos de un camino hacia la revolución que a corto plazo la historia se encargaría de desmentir. Una ideología sometida a crítica desde la propia teoría del viaje que aquí se propone, donde lo que importa son los  “saltos de programa”, los acontecimientos no previstos y que pueden convertir hasta las vacaciones más inofensivas en una experiencia en la que uno encontrará no aquello que fue a buscar sino todo lo contrario.
Esta teoría se apoya en ejemplos ligeros, en desplazamientos sutiles, no en cortes drásticos o intensos: se trata de saltos sin sobresaltos, sin un choque fatal, un secuestro, una deportación o una bala casi accidental, como aquella del film Babel de González Iñárritu. Pero tienen su nivel de riesgo, porque la candidez habría llevado a esos “viajeros ideológicos” a una aldea de la Amazonia peruana sin saber que se hallaban entre jíbaros o a entusiasmarse con una insurgencia boliviana que pronto terminaría derrotada. Las notas al final, y otros datos duros dentro del cuerpo del libro, amplían información sobre los lugares y los seres humanos encontrados en el camino, aunque algunas largas descripciones vuelven tediosa la lectura.

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