En el blog de Eterna Cadencia publican un fragmento de Postales de la contracultura. Un viaje a la Costa Oeste (1974-1984) que se titula «Anti teoría rápida de la contracultura». Antes de que el resto de las teorías rápidas y la dictadura de la novedad (fast theories=fast food) lo sepulten para siempre, aquí envío esa botella al mar llamada enlace… Y enmarco el texto en un contexto para que se entienda el otro «aquí» con el que empieza el fragmento, ya que lo que había escrito antes era esto:
«Cada pelo largo, vincha de color, pierna sin afeitar, mochila polvorienta, olor a sobaco, sandalia con dedos sucios eran indicios para hallar congéneres o contemporáneos más allá de la barrera del lenguaje. El deseo llevó a hacer amigos, comunicarnos en la calle, la mesa, la cama compartida, poco a poco, a medida que pasó el tiempo. Lo he dicho y lo volveré a decir: en mi experiencia, la cama es el mejor lugar para aprender una lengua; ninguna escuela la supera. Todo lo demás era superfluo o de mal gusto: la opulencia, la tecnificación, el consumo desenfrenado, la ostentación de bienes materiales de ese mundo en comparación al de México y resto de América que habíamos dejado atrás. Pero andaban por ahí los ejemplos vivos del rechazo a ese sistema, y sus vidas –lo que yo esperaba de ellas- eran más atractivas que imán al clavo». Sigue así.
«Un libro necesario… justo ahora que no hay más adónde ir», escribe Andy Andersen en su reseña de Postales de la contracultura. Un viaje a la Costa Oeste en 



