La leyenda del escritor linyera

Néstor Sánchez en la nota que hizo Ezequiel Alemian para la sección Cultura de Clarín a partir de la lectura de Sobre Sánchez:

No demasiado tenidas en cuenta por la academia, esterilizadas por los medios, las vidas de los grandes escritores regresan siempre a la literatura con nuevos cuestionamientos. Néstor Sánchez fue un gran escritor. Con cuatro novelas publicadas, elogiado por sus pares (Silvia Molloy, Julio Cortázar, Severo Sarduy), traducido en Europa, en los 70 se le perdió el rastro, hasta que en 1982 su hijo recibió de Los Angeles unas líneas: era la dirección de la playa de estacionamiento donde Sánchez dormía, convertido en un linyera. Continuar leyendo «La leyenda del escritor linyera»

Sobre Sánchez: Una quimera evanescente

Un escritor que admiro, Ramiro Quintana, escribe un ensayo breve en ADN sobre este libro motivado por dos interrogantes que no podían sino conducir al desvío y a la pérdida.

En el principio fue, para Osvaldo Baigorria, una imagen, una fotografía que acompañaba la entrevista a Néstor Sánchez publicada en la revista Cerdos & Peces , en mayo de 1987. En esa fotografía, aparecía un hombre de barba rala que, en contraposición al aspecto de un escritor de entrecasa, era «casi un artesano en feria hippie «. Difícil -si no imposible- no pensar que se trataba de un retrato del propio Sánchez, luego de dieciocho años de itinerancia continua, sobre todo para quienes -como a la sazón Baigorria- desconocían al autor de Cómico de la lengua . Unos cuantos años más tarde, sin embargo, Baigorria se daría cuenta por otro artículo periodístico de que aquel hippie , que aún refulgía en su memoria, no era Sánchez, cuya traza se correspondía, en todo caso, con la de un tanguero. Equívoco mediante, lo que importa aquí es que para ese entonces Baigorria ya estaba bajo el efecto Sánchez. Continuar leyendo «Sobre Sánchez: Una quimera evanescente»

Entre los indies

La última de César Aira, primera novela de Ariel Idez, «nace casi como un exorcismo» dice esta reseña de Indie Hoy, donde se destaca la necesidad de hacerse cargo de la influencia del escritor más importante de la literatura argentina contemporánea mediante el recurso de convertir al nombre (y sustantivo) Aira en el villano de la historia. La reseña describe a La última… como una novela de aventuras en la que se introducen personajes excéntricos (enano sexy, punks, skinheads, taiwaneses peronistas, etc.) junto a escritores consagrados en el «parnaso argentino» en una combinación tan lograda que aun aquellos que nunca han tenido lecturas previas del auténtico Aira «de ningún modo se verán excluidos del disfrute de la peripecia». Estoy de acuerdo, si bien esta última afirmación tendría que ser probada. ¿Alguien que no haya leído a Aira pero sí a La última…?

De paso, aprovecho esta entrada para recomendar la verdaderamente última de César Aira, Entre los indios, perfecta proposición que sale de yapa en la serie de novelas pampeanas, Moreira, La liebre, Emma la cautiva, entre otras, y en la que aparecen en su forma más acabada, a mi entender, el pensamiento, la vida y las costumbres de los indios «airos». Continuar leyendo «Entre los indies»

Saqueos por Néstor Perlongher

Aquí está, gracias a Matías de Golosina Caníbal, un texto que refiere a hechos ocurridos en Brasil en los 80 aunque no fue publicado en esa década sino en 1992, cuando en la Argentina los saqueos ya no eran un «fenómeno extranjero». Las diferencias y semejanzas entre los distintos contextos saltan a la vista: hay «hambre», dice Perlongher, hay «jóvenes funks» entre los presuntos culpables del «ataque confiscatorio», hay «militantes» en alianza con «masas desesperadas» pero estas no sólo roban alimentos sino también televisores, botellas de whisky, zapatos de taco alto y botellas de crema Hinds, entre otros cosméticos arrebatados de las perfumerías y a veces usados para producción in situ junto a las góndolas. Ahí entran en escena las noctilucas (luces de la noche, bichas de luz).  «Las variantes de la confiscación son numerosas» afirma Perlongher, invirtiendo la acepción estatal de «fisco» para desplazarla hacia una imagen de «lo público», pero «ninguna es tan sugerente como la que prenuncia el titilar de los espejitos».

SAQUEOS

Noctilucas enardecidas, el resplandor de los espejitos anuncia a lo lejos su avance nocturno. Suena en Sao Paulo y Rio de Janeiro, entre otros sitios menores, la hora del saqueo. Todo se saquea: su­permercados, almacenes, tiendas, camiones cargados de comida que sufren un accidente en la calle son desvalijados. Una vez, en el Nordeste, hubo un accidente con un tren cuyos vagones abalanza­ron para llevársela, originando un pavoroso incendio que destruyó toda la favela.

Éstas, las noctilucas, van provistas de un pequeño espejo de car­tera, de ésos que se usan para retocar el maquillaje, y entran a saco en las perfumerías. Para no ser sorprendidas con la mano en la cre­ma, delatando su avidez estática en el traslado de un lado a otro de los potes, prueba certera de su exceso, las cosmetologizadas se em­badurnan ahí mismo junto a la góndola. Pero la policía las descu­bre porque las ve excesivamente maquilladas, lo cual en el Brasil es una extravagancia. Si fuese en la Argentina, de cajón que no las des­cubrirían, entre tantas porteñas que le dan con todo al pancake y al pincelito (siempre me ha sorprendido que las chicas de Flores ama­nezcan pintadas, son —en versos de Arturo Carrera— «niñas que nacieron peinadas»).

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Cómo escribir una bio después de Strafacce

Que hay un antes y un después para el género biografía y para el subgénero «de escritor» parece evidente a partir de esa bisagra monumental, esa obra extraordinaria que es Osvaldo Lamborghini de Ricardo Strafacce. Una columna de Damián Tavarobsky en Perfil Cultura que ya no logro encontrar en el enlace web de origen (precariedad digital) decía que la desmesura de Strafacce produjo un punto de inflexión en la historia de las biografías argentinas, un país con escasa tradición en el género si se compara con las tradiciones francesa y anglosajona. Coincido con Tabarovsky en que hay «poca verdad fuera de los textos, de la escritura» y que lo mejor está en los libros anómalos o autónomos respecto al autor del que se trate; pero justamente por eso es que no quise o no pude escribir una biografía de Néstor Sánchez.

En la página de legales de Sobre Sánchez en Mansalva dice «ensayo literario»; en la Ñ pusieron a ese título en el rubro «Varios» (por sus varios géneros, supongo) después de caracterizarlo como «libro freak», «relato excéntrico» y «biografía en primera persona»… En La arquitectura del fantasma, Héctor Libertella refiere a la transbiografía: «única manera de atravesar con mis propias palabras la autobiografía de los otros». Aun no siendo el más calificado para calificar mi libro, creo que también podría ser considerado simplemente «narrativa argentina» (aunque sea en paralelo), porque de este experimento alrededor de la figura de Néstor Sánchez salió el relato de una biografía fallida y de una investigación incompleta, en cruza de realidad-ficción, que se redondea de algún modo por la intromisión del elemento «auto» que implica la memoria (y la desmemoria, como paráfrasis de Sánchez).

Traidor a la raza blanca

Para mis amig@s que no leen Clarín, aviso: Una nota de Ezequiel Alemian sobre Néstor Perlongher y las recientes jornadas en la Biblioteca Nacional, publicada en la sección Cultura de este domingo, ofrece una exacta sinopsis de la vida breve y la obra influyente del «poeta que sigue revolucionando la literatura» como dice el título.

Entre los comentarios de lectores, alguien observa que Néstor estaba «más allá del trotskismo» y que esta etiqueta «le sobra al encabezado» (o copete): detalles de la edición de un diario. Otra descripción posible se encontraría en el remate de la nota de Alemian, que alude a la aspiración a ser «un negro» o «un traidor a la raza blanca». La referencia está tomada de «69 preguntas a Néstor Perlongher» en la revista Babel 9, junio de 1989. En esa entrevista, la pregunta fue: «-¿Qué habría querido ser?» Y la réplica de Néstor: «Uno va siendo lo que le sale. Algunos rumbos truncos: político, periodista, tal vez prosista. En un plano más radical, me gustaría ser negro. Ser un traidor a la raza blanca. Ser es devenir: devenir negro, devenir mujer, devenir loca, devenir niño».