Para las fiestas

Chistes aparte, este libro recoge la versión final de un texto pronunciado originalmente como intervención en distintos ámbitos (Centro Cultural Rojas, museo MACBA, Centro de Investigaciones Antifascistas CIA) que indaga sobre la captura contemporánea de la orgía como servicio y entretenimiento e invoca las potencias rituales tradicionales de la fiesta orgiástica. La bibliografía incluye a Bataille, Barthes, Deleuze y Guattari, Lamborghini, Perlongher, Pizarnik, Sade… Impreso en noviembre de 2020, n direcciones realizó una tirada de doscientos ejemplares numerados para una edición en papel de 320 grs. con un dibujo original del autor (moi).

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Perlongheada

En la placita que hace unos años, junto a Ariel Idez, bautizamos «Plaza de la Lengua» para dar nombre a un ciclo de lecturas (que no diré «al aire libre» porque tengo mis dudas sobre la libertad del aire) de poesía a cielo abierto, este domingo 20 de diciembre se homenajea al aniversario de nacimiento de Néstor Perlongher en 1949. Su fecha fue en realidad el 24 de diciembre pero él la detestaba porque su familia obligatoriamente celebraba el nacimiento de Jesús con el suyo. Dicen que es mala suerte festejarlo con anticipación, pero dado que Néstor ya ha fallecido hace tanto (en noviembre del 92, de sida) ¿qué más le puede pasar de malo? Por adelantarnos cuatro días… Por cuatro días locos que vamos a vivir…. Vénganse y nos vengaremos del aislamiento de la maldita pandemia.

De apellidos criollos

Cristian De Napoli recomienda Correrías de un infiel en su página de Facebook con estas palabras:

Sólo de algo estoy seguro: si Baigorria fuese, pongamos, vasco (como su apellido) o bretón, o europeo en general, ¡todo el mundo hablaría de sus libros editadísimos por Anagrama!! Y hablaríamos de la gran novela autobiográfica, o literatura de autoficción, ¡de Baigorria a Carrere pasando por el noruego Knausgard y no sé qué croata!!

Pero como es criollo y encima chúcaro -y se la pasó viajando en vez de sentarse a mimar críticos & editores- aquí lo tenemos, sólo leído y defendido por impresentables como yo. ¿O no?

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Otro ensayo amoroso

Matías Moscardi escribió para Bazar Americano una reseña de esta novela en agosto de 2016 pero que encuentro recién ahora. Dice:

«Los hombres felices no tienen historia» escribía Beatriz Sarlo en El imperio de los sentimientos. Después de leer Llévatela, amigo, por el bien de los tres, de Osvaldo Baigorria, queda abierta la radicalidad de ese enunciado: ¿no es, acaso, todo relato amoroso una novela de separación, literalmente, en el sentido de que se encuentra fundado sobre un faltante que, como tal, deriva en un carácter fragmentario, metonímico, tragicómico del texto? ¿Cómo descontar el dolor, el odio, la decepción –en una palabra: el desamor– de la fábula amorosa? ¿No es sólo el revés amoroso, su negativo, lo único que se puede contar como resto de esa fábula? «El amor no puede nada contra la muerte que lleva dentro de sí.» escribe Eduardo, el narrador de la novela. El amor embarazado de la muerte: el amor que da vida a lo otro de la vida. Ésta es la figura central de la novela de Baigorria, que se puede leer en la línea de los ensayos clásicos sobre el amor: desde el Ars amatoria, de Ovidio, pasando por Del amor, de Stendhal, hasta el El arte de amar, de Erich Fromm, y los Fragmentos de un discurso amoroso, de Roland Barthes.

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Cabeza ranquel

«La cabeza del cacique» es el probable título de esta obra de Florencia Bohtlingk que en su versión más terminada recibe hoy desde la vidriera a cada visitante que entra a la galería de arte PM («Para mí», en este día), a ver la muestra que Flor comparte con Javier Barilaro y Nicolás Dominguez Nacif: «selvas oscuras, bárbaros sin oficio ni beneficio, litorales marrones y mares fluviales sin calado suficiente para ser navegados», al decir de Alfredo Aracil en su texto de sala. Agrego: en la muestra hay misas paganas, paisajes umbanda, lluvia de plagas y contagios de pampa y trópico. Sólo sé del origen de este cuadro, porque la cabeza en cuestión fue la del cacique Mariano Rosas en la ceremonia de entrega de restos a descendientes y referentes indígenas en el Museo de Ciencias Naturales de la Plata hace dos décadas, ceremonia que presencié y que relaté a Florencia a través de una imagen que me quedó grabada, una imagen que va del recuerdo al relato y se convierte en dos: cabeza y cráneo, lonko y hueso, La Plata y Leubucó. Continuar leyendo «Cabeza ranquel»

La noche del cacique

El cacique-coronel Manuel Baigorria en dibujo a lápiz de Augusto Gómez Romero, 1986

En una nota que asocia tres discursos (e imágenes) para hablar de sexualidad y erotismo, Javier Sinay dice sobre mi novela:

«Un libro apasionante acaba de ser reeditado por Blatt & Ríos: Correrías de un infiel, de Osvaldo Baigorria, quien entre las décadas de 1970 y 1990 fue un viajero constante y además artesano, pintor, peón de plantaciones, diariero, periodista, traductor, lavacopas; en fin, buscavidas. Anduvo con la casa a cuestas, “a lo croto, linyera, hobo, bum, clocharde” (como él mismo dice), y hoy es un escritor prolífico que entre sus últimos shots tiene la reedición de su novela Llévatela, amigo, por el bien de los tres, el ensayo sexopolítico Didáctica de la orgía, los relatos de Indiada y las memorias de Postales de la contracultura: Un viaje a la Costa Oeste (1974-1984). En otras palabras, Baigorria es un outsider cada vez más relevante. 

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Reír y pensar

Por razones de diferencia en clase social, edad, lejanía y tal vez prejuicio, fui de aquellos que no se acercaron a la Recoleta ni a la Manzana Loca de Buenos Aires en los años 60-70, y por lo tanto no pude conocer al Niño Federico. También por suspicacia contracultural, su aparición televisiva como un grandote de cara seria, peinado prolijo, traje, corbata y ojos alucinados en los programas de Tato Bores no despertó mi interés en aquel momento, salvo por la gracia con la que desarmaba las costumbres con las armas del absurdo. Pero las anécdotas y el rumor de elite acerca de sus chistes, charlas, recitados y canciones imprevistas en La Biela, el Florida Garden o la Galería del Este, lo hicieron cada vez más insoslayable en la bohemia porteña y finalmente tuve que rendirme a la evidencia: aunque su capacidad como humorista pudo haber opacado cierto rol precursor como artista conceptual y también el lugar anómalo que ocupó como poeta, todo el conjunto de sus intervenciones finalmente lo mantuvo vivo en el firmamento del mito.

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