De apellidos criollos

Cristian De Napoli recomienda Correrías de un infiel en su página de Facebook con estas palabras:

Sólo de algo estoy seguro: si Baigorria fuese, pongamos, vasco (como su apellido) o bretón, o europeo en general, ¡todo el mundo hablaría de sus libros editadísimos por Anagrama!! Y hablaríamos de la gran novela autobiográfica, o literatura de autoficción, ¡de Baigorria a Carrere pasando por el noruego Knausgard y no sé qué croata!!

Pero como es criollo y encima chúcaro -y se la pasó viajando en vez de sentarse a mimar críticos & editores- aquí lo tenemos, sólo leído y defendido por impresentables como yo. ¿O no?

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Otro ensayo amoroso

Matías Moscardi escribió para Bazar Americano una reseña de esta novela en agosto de 2016 pero que encuentro recién ahora. Dice:

«Los hombres felices no tienen historia» escribía Beatriz Sarlo en El imperio de los sentimientos. Después de leer Llévatela, amigo, por el bien de los tres, de Osvaldo Baigorria, queda abierta la radicalidad de ese enunciado: ¿no es, acaso, todo relato amoroso una novela de separación, literalmente, en el sentido de que se encuentra fundado sobre un faltante que, como tal, deriva en un carácter fragmentario, metonímico, tragicómico del texto? ¿Cómo descontar el dolor, el odio, la decepción –en una palabra: el desamor– de la fábula amorosa? ¿No es sólo el revés amoroso, su negativo, lo único que se puede contar como resto de esa fábula? «El amor no puede nada contra la muerte que lleva dentro de sí.» escribe Eduardo, el narrador de la novela. El amor embarazado de la muerte: el amor que da vida a lo otro de la vida. Ésta es la figura central de la novela de Baigorria, que se puede leer en la línea de los ensayos clásicos sobre el amor: desde el Ars amatoria, de Ovidio, pasando por Del amor, de Stendhal, hasta el El arte de amar, de Erich Fromm, y los Fragmentos de un discurso amoroso, de Roland Barthes.

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Cabeza ranquel

«La cabeza del cacique» es el probable título de esta obra de Florencia Bohtlingk que en su versión más terminada recibe hoy desde la vidriera a cada visitante que entra a la galería de arte PM («Para mí», en este día), a ver la muestra que Flor comparte con Javier Barilaro y Nicolás Dominguez Nacif: «selvas oscuras, bárbaros sin oficio ni beneficio, litorales marrones y mares fluviales sin calado suficiente para ser navegados», al decir de Alfredo Aracil en su texto de sala. Agrego: en la muestra hay misas paganas, paisajes umbanda, lluvia de plagas y contagios de pampa y trópico. Sólo sé del origen de este cuadro, porque la cabeza en cuestión fue la del cacique Mariano Rosas en la ceremonia de entrega de restos a descendientes y referentes indígenas en el Museo de Ciencias Naturales de la Plata hace dos décadas, ceremonia que presencié y que relaté a Florencia a través de una imagen que me quedó grabada, una imagen que va del recuerdo al relato y se convierte en dos: cabeza y cráneo, lonko y hueso, La Plata y Leubucó. Continuar leyendo «Cabeza ranquel»

La noche del cacique

El cacique-coronel Manuel Baigorria en dibujo a lápiz de Augusto Gómez Romero, 1986

En una nota que asocia tres discursos (e imágenes) para hablar de sexualidad y erotismo, Javier Sinay dice sobre mi novela:

«Un libro apasionante acaba de ser reeditado por Blatt & Ríos: Correrías de un infiel, de Osvaldo Baigorria, quien entre las décadas de 1970 y 1990 fue un viajero constante y además artesano, pintor, peón de plantaciones, diariero, periodista, traductor, lavacopas; en fin, buscavidas. Anduvo con la casa a cuestas, “a lo croto, linyera, hobo, bum, clocharde” (como él mismo dice), y hoy es un escritor prolífico que entre sus últimos shots tiene la reedición de su novela Llévatela, amigo, por el bien de los tres, el ensayo sexopolítico Didáctica de la orgía, los relatos de Indiada y las memorias de Postales de la contracultura: Un viaje a la Costa Oeste (1974-1984). En otras palabras, Baigorria es un outsider cada vez más relevante. 

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Reír y pensar

Por razones de diferencia en clase social, edad, lejanía y tal vez prejuicio, fui de aquellos que no se acercaron a la Recoleta ni a la Manzana Loca de Buenos Aires en los años 60-70, y por lo tanto no pude conocer al Niño Federico. También por suspicacia contracultural, su aparición televisiva como un grandote de cara seria, peinado prolijo, traje, corbata y ojos alucinados en los programas de Tato Bores no despertó mi interés en aquel momento, salvo por la gracia con la que desarmaba las costumbres con las armas del absurdo. Pero las anécdotas y el rumor de elite acerca de sus chistes, charlas, recitados y canciones imprevistas en La Biela, el Florida Garden o la Galería del Este, lo hicieron cada vez más insoslayable en la bohemia porteña y finalmente tuve que rendirme a la evidencia: aunque su capacidad como humorista pudo haber opacado cierto rol precursor como artista conceptual y también el lugar anómalo que ocupó como poeta, todo el conjunto de sus intervenciones finalmente lo mantuvo vivo en el firmamento del mito.

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Vuelven las correrías

La reedición de Correrías de un infiel me llega en un momento tan triste como oportuno, el mismo año en el que pierdo esta compañera con la que viajé hacia Los Toldos hace una década y media para rastrear el pasado del coronel Manuel Baigorria en el que se apoyó esta novela: se apoyó y se disparó hacia el futuro. Editada por María Moreno en Catálogos, la primera edición fue presentada por Germán García y María Pía López en el Centro Cultural de la Cooperación, y luego también por Christian Ferrer y Ana Longoni en el Auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales, UBA. La actual edición por Blatt & Ríos ha sido revisada y aumentada con una posdata que comenta algunas cuestiones del género. Me hubiera encantado encontrarme en un brindis con toda la gente amiga pero en medio de la catástrofe del coronavirus, obviamente, este año no habrá presentación. Espero que disfruten de su lectura.

Delta de barro

 

 

Una reseña de mi Estrés de pez (Borde Perdido), en la revista Ñ de este sábado. Así escribe Laura Estrin:

Isaac Bábel, el ruso, decía algo así como que un hombre bueno siempre tiene razón…y ahora, en medio de la maraña de libros, un libro bueno. Bueno como un pan, como puede ser un pan. ¿¡Un libro bueno!? ¿Qué digo, qué quiero decir? Un libro como una música llana pero también como una cuerda. Música despejada, tranquila. Cuerda que tira de una crónica de Tigre. “La Isla” – así le dicen los del lugar: “en los mapas figura como delta. Sus habitantes le dicen ´la isla´. La mayoría lo conoce bajo el nombre del felino que solía y sabía nadar en sus aguas pesadas, el yaguareté, que por exageración llamaron tigre”. “La isla” escribí alguna vez –como le decía mi abuela a ese lugar en que mis primos tienen sus casas y así lo escuché nombrar toda mi infancia, la isla, y este libro bueno de Baigorria cuenta lo que ahí pasa. Lo que viene pasando. Incluso Baigorria puede saberse en su singular modo, en su particular recorrido escrito: “Alguna gente ha observado que en mucho de lo que escribo hay un defecto de regodeo en el relato de la experiencia que termina en desencanto. Un atravesar aquello que se desea para luego abandonarlo –y criticarlo. Una fuga hacia adelante. Ese movimiento soslaya la nostalgia pero no siempre puede evitar el tono melancólico”. La obra de Baigorria se vive como se viven las postales, o mejor, como se pasan las fotos entrañables. Continuar leyendo «Delta de barro»

Matar y morir en los medios

Dos comentarios sobre el relato de la muerte del oso que inspiró una obra y la obra que inspiró otro relato, el texto que acompaña la muestra de Gabriel Baggio en galería Hache, fueron publicados en medios argentinos durante la primera semana de octubre, una semana trágica para mí a causa de esta pérdida y en la que estuve (y todavía estoy) lejos del mundanal ruido, de manera que recién ahora puedo acusar recibo. Uno es de March Mazzei en la revista Ñ, otro es de Laura Isola en Perfil Cultura. En ambos se encuentran fragmentos de «La vuelta al reino en un acto», el texto de sala que escribí para la muestra. Al texto completo («un manifiesto expresivo», dice Isola) se lo puede leer por aquí.

Aclaración: Gabriel Baggio me ha confiado que leyó la escena del oso (el oso famoso) primero en Sobre Sánchez, luego en Postales de la contracultura. El orden de los factores no altera el producto: una obra pictórica creada a partir de una lectura y una escritura que acompaña la obra de ida y de vuelta.