Pendientes de los pies

pulso mamba

A primera vista, una sala de museo a la que se debe entrar descalzo. Ese contacto directo con el suelo, sin el filtro de cuero, goma o plástico del calzado, llevará a otra sensación de la fuerza gravitatoria: una atención dirigida hacia abajo. Es imposible no sentir la planta de los pies en el momento en que uno se descalza. Puede que el apoyo se incline más hacia el talón o los dedos, que la bóveda de cada pie esté más o menos equilibrada entre uno y otro lado, que haya o no armonía entre tarso, metatarso y falanges de esas partes que por anatomía se llaman “inferiores” aunque soportan todo el peso de los cuerpos bípedos. Pero seguro que se notará el contacto. Antes de ver lo que hay alrededor, la percepción caída al piso. Como en toda entrada a los sitios más íntimos que se encuentran bajo techo: cama, camilla, pileta, ducha, bañera, tatami, dojo o todo templo donde se celebre el culto de la diosa transitoria o simplemente una sala de estar y escuchar música, fumar y relajarse. En patas. Si se entrara en alpargatas, botas o tacos altos, seguro se vería algo distinto. Así como la posición del cuerpo –de pie, sentado, acostado, cabeza abajo- modifica el punto de vista o el punto de encaje, el gesto de descalzarse es la primera performance para la construcción de atmósfera que propone Nicolás Mastracchio~. Leer más “Pendientes de los pies”

Poesía y Estado en Corea del Sur

poesia estatal

Aquel verso performateado en la plaza Spivakow del Museo del Libro y de la Lengua en la noche de los museos del 2012, luego publicado en Rosario por Iván Rosado en el libro Poesía estatal, llegó este diciembre del 2017 hasta Seúl en inglés y coreano dentro de la muestra de la colección de La Ene: gracias a Santiago Villanueva. El Estado y él se amaron. Cómo sonará en coreano? El dibujito se ve bien pero no tengo idea de cómo lo tradujeron. No importa: ahora está en el Seul Museum o Fart (así suena).

 

Poesía estatal ilustrada

La idea de armar un libro con versos propios que leí en público comenzó a concebirse a partir de una “noche de los museos” de Buenos Aires en 2012, dentro del ciclo Plaza de la Lengua que coorganizaba junto a Ariel Idez en la placita Boris Spivakow del Museo del Libro y de la Lengua, que por esos años tenía de directora a María Pía López. Aquella noche propuse como actividad especial hacer una lectura con micrófono abierto, con lista de inscriptos (se acercaron muchas personas amigas) y cuando llegó mi turno leí fragmentos de ese largo verso que más tarde, ampliado, dio título a este libro.

El criterio para esta edición fue reunir poemas escritos ad hoc, para ser leídos en determinado tiempo y lugar, a lo largo de cuatro décadas. Podría decirse que componen un libro casi documental, ilustrado con algunos dibujos que hice sin pensarlo mucho, años atrás, en ratos que no tenían relación aparente con estos textos, cuando ni se me pasaba por la cabeza imaginar que esos trazos hechos al correr del lápiz o la birome podían llegar a ver la luz o la oscuridad del papel impreso.

A veces digo versos y no poemas porque me parece que la mayoría de los que integran esta selección bien podrían quedar en el paso a nivel o terreno de esas letras de canciones que al ser impresas salen como desnudas, a la intemperie, carentes del gesto, de la voz que desafina o acierta, del ritmo visible de la respiración en escena. Como materia prima sin valor agregado. Pero en esto puede que me equivoque.

También digo versos y no poemas por alguna otra razón que no sé explicar. Pasa como con los chistes (la poesía también puede ser un chiste, y viceversa). No sé qué es la poesía, pero si hay que explicarla ya no será poesía. Leer más “Poesía estatal ilustrada”

La mirada del salvaje

Lo primero que se ve es una mujer a punto de ser violada, si no lo ha sido ya. Pero como la lengua es rica en eufemismos, y la imagen se encuadra en una sala de museo y muestra de arte bajo los presupuestos de “seducción” y “erotismo”, una mirada quizá entrenada, capacitada en el control de la reacción sensorial automática, podrá destacar allí otra cosa, otros cuerpos y objetos. Los presupuestos son, como mínimo, incómodos o destinados a incomodar. Consentirlos implica algún tipo de complicidad intelectual con algo que en otro momento y lugar podría ser considerado un crimen. ¿Por qué, cuándo y en qué condiciones el rapto de una mujer puede ser erótico? ¿Y para quién? Leer más “La mirada del salvaje”

Poesía estatal (II)

Otro fragmento de Poesía estatal (I), leído en Plaza de la Lengua durante la noche de los museos 2012; cuando este video casero llegue a su final de corte sin editar, se puede seguir ese enlace. También se puede escuchar/leer primero el último fragmento; no altera. Falta el fragmento del medio, todavía in progress (esta explicación parece un chiste groucho-marxista, pero si me hacen caso, tendrá sentido).