Documentos de la transición: 1984 fue el año de mi regreso a Buenos Aires desde una vida en los bosques de una comunidad rural canadiense y el del inicio de mis colaboraciones en El Porteño y Cerdos & Peces, hoy reunidas en el libro Cerdos & Porteños que Blatt & Ríos presenta este 28 de mayo en Sociales: Continuar leyendo «Treinta años no es nada»
Categoría: Contraculturas
Cerdos y porteños ingresan al mercado

Cartografías de la alucinación
¿Se droga uno para escribir o para no escribir? Un poco de vino desinhibe, suelta la lengua, desata el discurso, aunque si bebo de más (lo que creo que está de más), me voy de mambo y ya no sé lo que digo (lo que escribo). Por otra parte, la marihuana me puede inspirar alguna frase, que tendré que corregir más tarde, pero mejor no escribo.
Será cuestión de calidad y cantidad, de historia personal, de géneros, actitudes o procedimientos de escritura. Para Deleuze, que no veía diferencias entre el alcohol y otras sustancias psicoactivas legales o ilegales, habría un aspecto sacrificial en el beber o drogarse. En la entrevista-abecedario de Claire Parnet, al llegar a la letra “b” de “bebida”, Deleuze dice que “la única justificación posible para la droga es que te ayude a trabajar, aunque después haya que pagarlo con el propio cuerpo”. Pero “cuando la droga se convierte en una forma de no trabajar, uno está ante un peligro absoluto”.
En cambio, para Néstor Perlongher había en el uso de sustancias un deseo de éxtasis, de salir de sí, de transformarse en otro distinto a lo que uno es. De allí que el trance alucinógeno pudiera cruzarse con el trance poético: la poesía como éxtasis, como fuga y ruptura con la propia identidad.
Ese viaje no sería comunicable: el poeta, el poseído o “tocado por la palabra poética” hace “versos que no se entienden”, se va del otro lado, ya no está aquí, se vuelve otro.
En el plano de los cuerpos, los efectos de estas sustancias (“excitadoras del inconsciente” las llama Levrero, quien en un librito sobre parapsicología no aconseja tomarlas para afinar la percepción extrasensorial) han sido clasificados y estudiados a fondo. Pero en el plano de la expresión, los viajes pueden variar como los temperamentos y las artes. Perlongher, que escribió su libro Aguas aéreas inspirado en los ritos amazónicos de la ayahuasca dentro de la iglesia del Santo Daime, ubicó dos direcciones en el mapa del éxtasis: una ascendente y otra descendente. Y advirtió que se precisa una forma para contener la fuerza con que el trance proyecta al sujeto fuera de sí.
Cuando no hay forma (poética, teatral, ceremonial, incluso doctrinal), el viaje se desbarranca, cae en la autodisolución y el reviente: el peligro del agujero negro, allí donde la sangre no se transmuta en nueva energía.
“¿Y por qué uno ofrece su propio cuerpo en sacrificio?”, se preguntaba Deleuze. “Será que hay algo demasiado fuerte, muy potente en la vida, y al beber, o drogarse, uno supone que está alcanzando el nivel de aquello tan fuerte o potente que hay en la vida”.
Columna publicada junto a la nota de tapa del suplemento Perfil Cultura del 10/11/13: «Drogas y literatura: La creación inducida», por Rubén H. Ríos. Se lee por entero desde acá.
Crónica en defensa de la novela

Cuando escribí Correrías de un infiel, a principios de siglo, me propuse hacer una novela, a partir de la coincidencia de mi apellido con el del narrador y con el de un personaje inspirado en el coronel Manuel Baigorria. Así lo entendió Ana Longoni, en la presentación: «Hay por lo menos tres Baigorria cruciales en el libro: el autor, el narrador (se trata de un relato en primera persona) y el personaje histórico, militar unitario aparentemente mestizo refugiado entre los ranqueles durante más de veinte años, enemigo de Rosas… El punto es que el pacto habitual de lectura que propone una novela aquí se desdibuja: ¿dónde termina la confesión autobiográfica y empieza la ficción? Quizá la gracia del asunto radique en esa imprecisión, que el texto alienta continuamente». Así lo comprendió Germán García: «Yo creo que acá hay un narrador que busca ese espacio inconmensurable, apropiándose de un elemento azaroso -como ocurre tantas veces en la literatura-, que es el apellido Baigorria. En ese espacio ajeno en el que se ingresa a partir del rastreo del apellido hay una transformación de la relación que se tiene con la propia cultura». Y así lo percibió María Pía López: «En las palabras se sacude del polvo de Tierra Adentro. En esta novela se decide qué heredar y qué no heredar de (Manuel) Baigorria. Y se decide no heredar el tono de disculpa. Correrías puede pensarse como unas memorias -de todas las experiencias vitales atravesadas por el narrador: sean las de la multiplicidad de la vida sexual en el mundo de la contracultura, sea la del ritual de la comunión en un convento- que no pretenden disculpas… Eso me parece que es una decisión respecto de la herencia, respecto de qué significa heredar y qué significa elegir un antepasado». Continuar leyendo «Crónica en defensa de la novela»
Yo aborté
En los años ’90, un puñado de celebrities argentinas relató por primera vez a un medio su experiencia íntima del aborto, retomando el histórico manifiesto setentista francés de las salopes (atorrantas o putas), en el cual famosas de ese país declararon «Je me suis fait avorter». Este es el punto de partida que eligió la activista feminista Mabel Bellucci para su libro Historia de una desobediencia. Aborto y feminismo. En un adelanto publicado el 7 de junio de 2013 en Las 12, Bellucci escribía:
Nuestras propias atorrantas
En 1994, por primera vez en la historia nacional del debate en torno del aborto clandestino, un puñado de mujeres se atrevió a contar sus experiencias de haber abortado, y sus formas de transitar esa vivencia, en un medio gráfico. Ellas decidieron hablar en voz alta, sin hipocresías. Figuras representativas y “excepcionales”, reconocidas por sus profesiones y por su notoriedad –o simples ciudadanas– se expedían públicamente en esta cuestión para desenterrar lo que se mantuvo con mudez tanto por parte de los partidos políticos mayoritarios como del Estado. En esta oportunidad, al igual que en otros tantos países, se retomaba la tradición feminista de los años ’70, en especial, de la paradigmática campaña francesa. Sin más, cientos de famosas y destacadas de las artes, la literatura y las ciencias, tales como Jeanne Moreau, Christiane Rochefort, Violette Leduc, Dominique Desanti, Catherine Deneuve, Marguerite Duras, Monique Wittig, Giséle Halimi y Simone de Beauvoir firmaron el histórico documento conocido como el “Manifiesto de las 343 salopes”, atorrantas o putas en castellano. Continuar leyendo «Yo aborté»
Muchacha mapunk
Saqueos por Néstor Perlongher
Aquí está, gracias a Matías de Golosina Caníbal, un texto que refiere a hechos ocurridos en Brasil en los 80 aunque no fue publicado en esa década sino en 1992, cuando en la Argentina los saqueos ya no eran un «fenómeno extranjero». Las diferencias y semejanzas entre los distintos contextos saltan a la vista: hay «hambre», dice Perlongher, hay «jóvenes funks» entre los presuntos culpables del «ataque confiscatorio», hay «militantes» en alianza con «masas desesperadas» pero estas no sólo roban alimentos sino también televisores, botellas de whisky, zapatos de taco alto y botellas de crema Hinds, entre otros cosméticos arrebatados de las perfumerías y a veces usados para producción in situ junto a las góndolas. Ahí entran en escena las noctilucas (luces de la noche, bichas de luz). «Las variantes de la confiscación son numerosas» afirma Perlongher, invirtiendo la acepción estatal de «fisco» para desplazarla hacia una imagen de «lo público», pero «ninguna es tan sugerente como la que prenuncia el titilar de los espejitos».
SAQUEOS
Noctilucas enardecidas, el resplandor de los espejitos anuncia a lo lejos su avance nocturno. Suena en Sao Paulo y Rio de Janeiro, entre otros sitios menores, la hora del saqueo. Todo se saquea: supermercados, almacenes, tiendas, camiones cargados de comida que sufren un accidente en la calle son desvalijados. Una vez, en el Nordeste, hubo un accidente con un tren cuyos vagones abalanzaron para llevársela, originando un pavoroso incendio que destruyó toda la favela.
Éstas, las noctilucas, van provistas de un pequeño espejo de cartera, de ésos que se usan para retocar el maquillaje, y entran a saco en las perfumerías. Para no ser sorprendidas con la mano en la crema, delatando su avidez estática en el traslado de un lado a otro de los potes, prueba certera de su exceso, las cosmetologizadas se embadurnan ahí mismo junto a la góndola. Pero la policía las descubre porque las ve excesivamente maquilladas, lo cual en el Brasil es una extravagancia. Si fuese en la Argentina, de cajón que no las descubrirían, entre tantas porteñas que le dan con todo al pancake y al pincelito (siempre me ha sorprendido que las chicas de Flores amanezcan pintadas, son —en versos de Arturo Carrera— «niñas que nacieron peinadas»).
Lúmpenes peregrinaciones
Algunos de los mejores diálogos de la película de Leonardo Fabio Calderón sobre la novela de José Sbarra Marc, la sucia rata. Con Geniol, Divina Gloria, Daniel Ritto y Diego Mackenzie.
Izquierda, militancia y contracultura (*)
El miércoles pasado, cuando se inauguró la muestra «Pidamos peras a Jorge Alvarez», vimos reunidas aquí, en la sala Juan L. Ortiz de la Biblioteca Nacional, a muchas personas cuyas militancias, convicciones e intervenciones en los años 60 y 70 eran antagónicas no sólo ante «el sistema» sino entre sí. En esos años hubiera sido impensable reunir a Ricardo Piglia, Miguel Grinberg, Rogelio García Luppo, León Gieco, María Moreno, Nito Mestre, en un espacio común, sin disenso ni discusión alguna, y mucho menos a los ausentes de presencia más sentida en este espacio, como Charlie García, David Viñas, Rodolfo Walsh o Pappo.
Yo pensaba, mientras Horacio González presentaba la muestra, algunas consignas que hubieran sido inverosímiles en aquellos años: «Hippies y militantes, unidos y adelante» o «Paz, amor y lucha armada«(**). Claro que las diferencias ideológicas, políticas, religiosas, las fronteras entre corrientes y movimientos tienden a borrarse, a fusionarse o verse como integrantes de un mismo mosaico cuando uno se aleja para observar desde una perspectiva más amplia, como les ocurrió a los primeros astronautas que vieron la Tierra desde el espacio, donde países, regiones y continentes tienden a perder sus contornos, o -en una experiencia más al alcance de todos- cuando miramos una ciudad, un país en una foto satelital o tomada desde cierta altura: miramos el delta del Paraná, por ejemplo, en un Google map, y según la escala podremos distinguir las casas, los arroyos, los canales y las zanjas que dividen una isla de otra pero si ampliamos y nos alejamos, todas esas divisiones desaparecen, los detalles se vuelven borrosos, la región entera se presenta a los ojos, según decía Sarmiento, como una «masa de verdura». Lo mismo que ocurre en el espacio ocurre en el tiempo: a medida que nos alejamos de los procesos históricos, etapas o momentos más conflictivos de una sociedad, lo que desde cerca parecía diferente o antagónico tiende a indiferenciarse, a confundirse en una unidad más abarcativa. Continuar leyendo «Izquierda, militancia y contracultura (*)»
Pop, beat, rock y narrativas de los 60
Revisitando los Sixties el jueves 22 de abril en la Biblioteca Nacional:
16 hs. | Cine, rock, juventud y contracultura
Marcelo Schapces, Aníbal Esmoris, Pipo Lernoud y Osvaldo Baigorria
Coordina: Carlos Gradin
18 hs. | Las memorias de Jorge Álvarez
Entrevista en vivo con el productor y editor Jorge Álvarez, por Ezequiel Grimson y Guillermo David
19:30 hs. | La nueva narrativa argentina de los años 60. El factor Álvarez
Germán García y Jorge Lafforgue
Coordina: Ariel Idez
Viernes 23 de marzo
16:30 hs. | De lo pop a lo beat. Encrucijadas de los 60
Oscar Steimberg y Miguel Grinberg
Coordina: Diego Cousido
18 hs. | La librería de la calle Talcahuano 485
Rogelio García Lupo, Ronald Shakespear y Horacio González
Coordina: Malena Rey
19.30 hs. | El legado de Jorge Álvarez
María Pia López, Guillermo David y Juan José Mendoza
Donación a la Biblioteca Nacional de fotografías de los 60: Colección Ronald Shakespear.
Muestra «Pidamos peras a Jorge Álvarez», curada por Guillermo David, del 15 de marzo al 30 de abril, sala Juan L. Ortiz, Biblioteca Nacional, Agüero 2502, CABA.
