Crónica en defensa de la novela

correrias de un infiel

Cuando escribí Correrías de un infiel, a principios de siglo, me propuse hacer una novela, a partir de la coincidencia de mi apellido con el del narrador y con el de un personaje inspirado en el coronel Manuel Baigorria. Así lo entendió Ana Longoni, en la presentación: «Hay por lo menos tres Baigorria cruciales en el libro: el autor, el narrador (se trata de un relato en primera persona) y el personaje histórico, militar unitario aparentemente mestizo refugiado entre los ranqueles durante más de veinte años, enemigo de Rosas… El punto es que el pacto habitual de lectura que propone una novela aquí se desdibuja: ¿dónde termina la confesión autobiográfica y empieza la ficción? Quizá la gracia del asunto radique en esa imprecisión, que el texto alienta continuamente». Así lo comprendió Germán García: «Yo creo que acá hay un narrador que busca ese espacio inconmensurable, apropiándose de un elemento azaroso -como ocurre tantas veces en la literatura-, que es el apellido Baigorria. En ese espacio ajeno en el que se ingresa a partir del rastreo del apellido hay una transformación de la relación que se tiene con la propia cultura». Y así lo percibió María Pía López: «En las palabras se sacude del polvo de Tierra Adentro. En esta novela se decide qué heredar y qué no heredar de (Manuel) Baigorria. Y se decide no heredar el tono de disculpa. Correrías puede pensarse como unas memorias -de todas las experiencias vitales atravesadas por el narrador: sean las de la multiplicidad de la vida sexual en el mundo de la contracultura, sea la del ritual de la comunión en un convento- que no pretenden disculpas… Eso me parece que es una decisión respecto de la herencia, respecto de qué significa heredar y qué significa elegir un antepasado». Continuar leyendo «Crónica en defensa de la novela»

Yo aborté

En los años ’90, un puñado de celebrities argentinas relató por primera vez a un medio su experiencia íntima del aborto, retomando el histórico manifiesto setentista francés de las salopes (atorrantas o putas), en el cual famosas de ese país declararon «Je me suis fait avorter». Este es el punto de partida que eligió la activista feminista Mabel Bellucci para su libro Historia de una desobediencia. Aborto y feminismo. En un adelanto publicado el 7 de junio de 2013 en Las 12, Bellucci escribía:

Nuestras propias atorrantas

En 1994, por primera vez en la historia nacional del debate en torno del aborto clandestino, un puñado de mujeres se atrevió a contar sus experiencias de haber abortado, y sus formas de transitar esa vivencia, en un medio gráfico. Ellas decidieron hablar en voz alta, sin hipocresías. Figuras representativas y “excepcionales”, reconocidas por sus profesiones y por su notoriedad –o simples ciudadanas– se expedían públicamente en esta cuestión para desenterrar lo que se mantuvo con mudez tanto por parte de los partidos políticos mayoritarios como del Estado. En esta oportunidad, al igual que en otros tantos países, se retomaba la tradición feminista de los años ’70, en especial, de la paradigmática campaña francesa. Sin más, cientos de famosas y destacadas de las artes, la literatura y las ciencias, tales como Jeanne Moreau, Christiane Rochefort, Violette Leduc, Dominique Desanti, Catherine Deneuve, Marguerite Duras, Monique Wittig, Giséle Halimi y Simone de Beauvoir firmaron el histórico documento conocido como el “Manifiesto de las 343 salopes”, atorrantas o putas en castellano. Continuar leyendo «Yo aborté»

Saqueos por Néstor Perlongher

Aquí está, gracias a Matías de Golosina Caníbal, un texto que refiere a hechos ocurridos en Brasil en los 80 aunque no fue publicado en esa década sino en 1992, cuando en la Argentina los saqueos ya no eran un «fenómeno extranjero». Las diferencias y semejanzas entre los distintos contextos saltan a la vista: hay «hambre», dice Perlongher, hay «jóvenes funks» entre los presuntos culpables del «ataque confiscatorio», hay «militantes» en alianza con «masas desesperadas» pero estas no sólo roban alimentos sino también televisores, botellas de whisky, zapatos de taco alto y botellas de crema Hinds, entre otros cosméticos arrebatados de las perfumerías y a veces usados para producción in situ junto a las góndolas. Ahí entran en escena las noctilucas (luces de la noche, bichas de luz).  «Las variantes de la confiscación son numerosas» afirma Perlongher, invirtiendo la acepción estatal de «fisco» para desplazarla hacia una imagen de «lo público», pero «ninguna es tan sugerente como la que prenuncia el titilar de los espejitos».

SAQUEOS

Noctilucas enardecidas, el resplandor de los espejitos anuncia a lo lejos su avance nocturno. Suena en Sao Paulo y Rio de Janeiro, entre otros sitios menores, la hora del saqueo. Todo se saquea: su­permercados, almacenes, tiendas, camiones cargados de comida que sufren un accidente en la calle son desvalijados. Una vez, en el Nordeste, hubo un accidente con un tren cuyos vagones abalanza­ron para llevársela, originando un pavoroso incendio que destruyó toda la favela.

Éstas, las noctilucas, van provistas de un pequeño espejo de car­tera, de ésos que se usan para retocar el maquillaje, y entran a saco en las perfumerías. Para no ser sorprendidas con la mano en la cre­ma, delatando su avidez estática en el traslado de un lado a otro de los potes, prueba certera de su exceso, las cosmetologizadas se em­badurnan ahí mismo junto a la góndola. Pero la policía las descu­bre porque las ve excesivamente maquilladas, lo cual en el Brasil es una extravagancia. Si fuese en la Argentina, de cajón que no las des­cubrirían, entre tantas porteñas que le dan con todo al pancake y al pincelito (siempre me ha sorprendido que las chicas de Flores ama­nezcan pintadas, son —en versos de Arturo Carrera— «niñas que nacieron peinadas»).

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Izquierda, militancia y contracultura (*)

El miércoles pasado, cuando se inauguró la muestra «Pidamos peras a Jorge Alvarez», vimos reunidas aquí, en la sala Juan L. Ortiz de la Biblioteca Nacional, a muchas personas cuyas militancias, convicciones e intervenciones en los años 60 y 70 eran antagónicas no sólo ante «el sistema» sino entre sí. En esos años hubiera sido impensable reunir a Ricardo Piglia, Miguel Grinberg, Rogelio García Luppo, León Gieco, María Moreno, Nito Mestre, en un espacio común, sin disenso ni discusión alguna, y mucho menos a los ausentes de presencia más sentida en este espacio, como Charlie García, David Viñas, Rodolfo Walsh o Pappo.

Yo pensaba, mientras Horacio González presentaba la muestra, algunas consignas que hubieran sido inverosímiles en aquellos años: «Hippies y militantes, unidos y adelante» o «Paz, amor y lucha armada«(**). Claro que las diferencias ideológicas, políticas, religiosas, las fronteras entre corrientes y movimientos tienden a borrarse, a fusionarse o verse como integrantes de un mismo mosaico cuando uno se aleja para observar desde una perspectiva más amplia, como les ocurrió a los primeros astronautas que vieron la Tierra desde el espacio, donde países, regiones y continentes tienden a perder sus contornos, o -en una experiencia más al alcance de todos- cuando miramos una ciudad, un país en una foto satelital o tomada desde cierta altura: miramos el delta del Paraná, por ejemplo, en un Google map, y según la escala podremos distinguir las casas, los arroyos, los canales y las zanjas que dividen una isla de otra pero si ampliamos y nos alejamos, todas esas divisiones desaparecen, los detalles se vuelven borrosos, la región entera se presenta a los ojos, según decía Sarmiento, como una «masa de verdura». Lo mismo que ocurre en el espacio ocurre en el tiempo: a medida que nos alejamos de los procesos históricos, etapas o momentos más conflictivos de una sociedad, lo que desde cerca parecía diferente o antagónico tiende a indiferenciarse, a confundirse en una unidad más abarcativa. Continuar leyendo «Izquierda, militancia y contracultura (*)»

Pop, beat, rock y narrativas de los 60

Revisitando los Sixties el jueves 22 de abril en la Biblioteca Nacional:

16 hs. | Cine, rock, juventud y contracultura
Marcelo Schapces, Aníbal Esmoris, Pipo Lernoud y Osvaldo Baigorria
Coordina: Carlos Gradin

18 hs. | Las memorias de Jorge Álvarez
Entrevista en vivo con el productor y editor Jorge Álvarez, por Ezequiel Grimson y Guillermo David

19:30 hs. | La nueva narrativa argentina de los años 60. El factor Álvarez
Germán García y Jorge Lafforgue
Coordina: Ariel Idez

Viernes 23 de marzo

16:30 hs. | De lo pop a lo beat. Encrucijadas de los 60
Oscar Steimberg y Miguel Grinberg
Coordina: Diego Cousido

18 hs. | La librería de la calle Talcahuano 485
Rogelio García Lupo, Ronald Shakespear y Horacio González
Coordina: Malena Rey

19.30 hs. | El legado de Jorge Álvarez
María Pia López, Guillermo David y Juan José Mendoza

Donación a la Biblioteca Nacional de fotografías de los 60: Colección Ronald Shakespear.

Muestra «Pidamos peras a Jorge Álvarez», curada por Guillermo David, del 15 de marzo al 30 de abril, sala Juan L. Ortiz, Biblioteca Nacional, Agüero 2502, CABA.

Poéticas de la ayahuasca

Un artículo sobre la disposición poética y barroca del rito de la ayahuasca según la perspectiva de Perlongher aparece en la revista Laboratorio de la Universidad Diego Portales de México. Su autor, Enrique Flores, del Instituto Filológico de la UNAM, revisa las relaciones entre chamanes y travestis, las poéticas del trance y las tensiones entre la fuerza y la forma, el cuerpo y la expresión, lo apolíneo y lo dionisíaco que llevarían al sujeto/poeta del rito chamánico al éxtasis, al desapego o desasimiento de los místicos y a la aniquilación del yo. Se titula «Chamanismo y neobarroso: poética de la ayahuasca» y en su introducción dice: Continuar leyendo «Poéticas de la ayahuasca»

En torno al prefijo trans

Cuando Marta Dillon me pidió que escribiera un texto sobre «lo trans» en relación a la trashumancia para un número especial de la revista Gazpacho del Centro Cultural de España en Buenos Aires, recordé que hace unos años, en una mesa redonda a la que fui invitado por el Área de Tecnologías del Género del Centro Cultural Ricardo Rojas, escuché por primera vez, asociada a la identidad trans, la palabra transumante (la escuché sin h). Como esta palabra no existe en castellano, pero su necesidad reaparece, no quise discutirla en aquel momento porque me hubiera llevado a pensar en voz alta, demasiado rápido y ante público, más allá de los límites que la lengua impone sobre el habla. Ya me lo había advertido el corrector de mi libro Anarquismo trashumante. Crónicas de crotos y linyeras: la Real Academia sólo admite  que algunas palabras con el prefijo trans (“a través”, “al otro lado”) puedan escribirse en la forma tras. Puede haber trans o trasgresión, trans o traslación, pero sería inadmisible sacar la ene de transformar o ponerla en trasfondo, trasnoche o trascartón. En portugués sí existe transumânte,  con acento circunflejo en la â, y en gallego también: se escribe con ene y sin hache.

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¿Se acuerdan de cuando la mitad de los porteños era «multitud crítica»?

¿O fue un sueño? La Comuna de Buenos Aires, entrevistas y crónicas de María Moreno sobre la protesta social del 2001-2002, recoge  testimonios y opiniones  sobre los tiempos del estallido, con sus piquetes, barricadas, asambleas, saqueos y cacerolazos, de Nicolás Casullo a Lohana Berkins, de Jorge Rulli a Silvia Delfino, de Horacio González a Mabel Bellucci, entre otros conocidos y no tan conocidos participantes y observadores in situ del «que se vayan todos». ¿Cómo se pueden leer los sucesos del 2001 en relación a la presidencia de Kirchner, los cacerolazos del 2008, los “piquetes de la abundancia” y la muy posible segunda jefatura de gobierno a Macri, referente del liberalismo de los noventa?  pregunta Patricio Zunini en esta entrevista del blog de Eterna Cadencia. María responde, primero, con la broma: «la cacerola, que en la mitología popular es símbolo de los genitales femeninos, era una profecía y un anuncio triunfal de Cristina». Y después más en serio: «Todo lo que me preguntás –y no sólo vos me los preguntás –va por el lado de buscar en el libro ciertas marcas de lo que ocurrió después. Y la interpretación, como toda interpretación va a depender del proyecto actual. Hay quien vea en el “abajo algo se está cocinando” de Elsa Mura el advenimiento del kirchnerismo, o en la cita de Benjamin de Casullo luego de hablar de un sentimiento de precipitación y de caída: “cuando más cerca estás de la idea de catástrofe, más cerca estás de resolver el peligro”. Pero ¿es seguro que la “Santa Juana de los Dólares” que Casullo ve increpar al grupo Clarin ante un movilero aterrado verá hoy 678?  Cuando salgo a hacer La Comuna es porque, aburrida de mí, quería probar cierta restricción de la primera persona que exige la nota de opinión o el análisis de noticias o la crítica cultural que es lo que hago. También, porque quiero saber y probar qué es eso de ser cronista en el sentido antiguo. Y para burlarme de mí misma; volvía de mi psicoanalista de entonces en Belgrano y me senté a hablar con una familia sin techo cuando en general aprendo de la tradición de la crónica literaria latinoamericana: escribir sin ir al territorio.» Más info por acá.