Literatura de montaje

Cristian De Napoli reseña y recomienda Según. Dice:

Usted disfrutará mucho de este libro; yo (hoy) sólo lo pongo en relación. Casualmente en estos días veníamos hablando de una renovada tendencia de «literatura de montaje»: libros hechos sustancialmente con oraciones de otros y otras escritoras. Hablamos de Autor material de Matías Celedón y de Palabras somos que otros escribieron, de Julieta Marchant. Los montajes son en algún caso propuestas poéticas (como también hace Pablo Katchadjian al reordernar los versos del Martín Fierro) o más estético-políticas, cuando un escritor/a decide retrabajar documentos históricos. ¿Qué hace Baigorria?

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Dear friends,

La transcripción de la conferencia inaugural del festival de literatura de la Fundación FILBA nacional 2022, leída en el Muelle de Pescadores de Mar del Plata el 26 de mayo de este mismo año, fue publicada por Ediciones Urania con una tirada inicial de 150 ejemplares en papel Bookcel para interiores y Natural Evolution para las tapas, con tipos Alegreya ht. Un pequeño y elegante libro de 40 páginas de 16 x 9,5 cm que se consigue en Galería Mar Dulce, Uriarte 1490, CABA o en las redes @galeriamardulce y http://www.facebook.com/ediciones.urania

Llegó un mensaje de Perlongher

«escribo abriéndome paso en este reino de papeles carpetas lapiceras puchos cenizas encendedores cuadernos vasos de whisky (nos vamos para arriba) que es mi mesa (debería decir: de esta mesa, etc., que es mi reino) / festejemos la inversión y recordemos vagamente una de tus escasas esquelas dactilografiadas (señal de un paulatino regreso a la civilización que me parece regio, ya que facilita sobremanera la comprensión del texto y le da más fluidez a la escritura -aviso de Olivetti, la gran marca italiana de máquinas de escribir)»: fragmento de la carta del 1 de abril de 1979, leído durante la presentación de Un barroco de trinchera en Fetiche Libros el 27 de noviembre pasado.

Acompañado (o más bien, flanqueado) por Santiago Villanueva y Fram Visconti, leí varias cartas y respondí inquietudes en la que fue una de las mejores presentaciones que recuerdo: cálida, emotiva y con alta participación de un público conmovido por esas palabras escritas en finísimo papel «vía aérea» y enviadas hace más de cuatro décadas desde Sao Paulo y La Tablada.

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Perlongher a la carta

Hace 30 años Néstor Perlongher desencarnaba en Sao Paulo y un rito funerario conducido por el antropólogo Edward MacRae acompañaría el descenso de sus restos al centro de una fosa abierta en la tierra roja del cementerio de Sao Paulo, junto a un árbol de flores amarillas, entre cánticos de adeptos al Centro Ecléctico de Luz Universal Flor de las Aguas, más conocido como iglesia del Santo Daime. Era el final de la etapa más asombrosa del viaje de Perlongher sobre el filo de la identidad personal. Una flor -la Rosa- bajaba a la tierra para devenir mil rosas. En estos días, va como homenaje la reedición ampliada de este libro.

Entre el terror y el suspenso

Escribe José María Brindisi para La Nación: «Ese espacio casi inabarcable de la geografía bonaerense, pero sobre todo de la fantasía, que es el delta de Tigre, se ha convertido en legendario gracias a una paleta de episodios más o menos célebres, un cúmulo de escritores –pero también artistas como Xul Solar– que lo frecuentaron, lo vivieron e incluso hicieron lo suyo para transformarlo. Esa lista dispar –dispar por la mayor o menor cercanía y la diversidad de maneras de abordarlo– incluye nombres como los de Domingo Faustino Sarmiento, Leopoldo Lugones, Roberto Arlt, Haroldo Conti y Rodolfo Walsh.

«El ladrido del tigre, la última novela de Osvaldo Baigorria (Buenos Aires, 1948), una de las plumas más desconcertantes o inclasificables de la narrativa argentina contemporánea, renueva ese imaginario a partir de una historia que parece coquetear con diversos géneros y sentirse cómoda en cada uno de ellos, sin desembarcar del todo en ninguno. El protagonista-narrador es un escritor que, en medio de la distópica reclusión de la pandemia, recrea con injustificada nostalgia los años más o menos recientes en que vivió, merced a las bondades de una herencia, en una de las islas del Delta, dedicado en principio a leer, escribir y, muy especialmente, establecer una conexión más estrecha con esa diosa ambivalente, siempre desbordante de promesas, que es la naturaleza. Pronto sucede, sin embargo, que el ideal se ve trastocado por una serie de hallazgos, primero dispersos, que luego corporizan en hechos y rumores cada vez más concretos y siniestros: un hueso encontrado aquí, otro hueso allá, dan paso a incendios, accidentes, desapariciones (con todo lo que el término implica en la Argentina), tanto de animales como de personas.

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Pandemia y endemia

«En El ladrido del tigre, Osvaldo Baigorria parece narrar lo urgente y, a la vez, habitar ese espacio sin tiempo que configura el estado de aislamiento durante la cuarentena por covid-19. La pandemia como fenómeno en sí establece algo más que un marco narrativo, otorga una forma de ver y leer aquello que llamamos realidad. El acontecer diario, colmado por lo inmediato, se estanca (en apariencia), dando lugar a la repetición cotidiana, donde la mínima alteración del paisaje y de la suma de rituales configuran una forma de alarma; aquello que escapa a nuestra percepción se transforma en amenaza.

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Un desertor de la literatura

Néstor Sánchez nació en Buenos Aires un 7 de febrero de 1935, siete años antes que su hermano Carlos, ambos hijos de Elvira Josefa Davis y de Antonio Sánchez: familia obrera por parte de padre, en casa alquilada en el barrio de Villa Pueyrredón. Cursó el secundario en el colegio Mariano Acosta pero no lo terminó: dejó de estudiar y empezó a trabajar a los 16 años en Ferrocarriles Argentinos. Del 58 al 65 fue jefe de redacción en el servicio de prensa de la Casa de Gobierno. Se casó con Nelly Andreu y tuvo a su hijo Claudio en 1960. Publicó un primer libro de cuentos, Escuchando a tu hijo (editorial Nueva Expresión , 1963), que nunca quiso reeditar. Durante esa década se separó de su primera mujer y se unió a Victoria Slavuski; también escribió artículos en Primera Plana. En 1966 publicó su primera novela, Nosotros dos, en Sudamericana, por recomendación de Cortázar. En 1967, Siberia Blues y en el 69, El amhor, los orsinis y la muerte en la misma editorial. Luego emigró: viajó a Caracas, conoció a Teresa Wangeman o Vaugelman -hija de un instructor de la enseñanza de Gurdjieff-, se separó de Victoria, se instaló en Venezuela y allí hizo trabajos de traducción y algunas compilaciones para la editorial Monte Ávila, entre las que se destacan Cesare Pavese y los intelectuales italianos (1971) y la antología Nuevos narradores argentinos (1970). Más tarde vivió en Barcelona y París. En el 73 publicó Cómico de la lengua en Seix Barral, editorial que también reeditó sus otras novelas en España. Fue lector y traductor para Gallimard, que en el 74 publicó su primera novela en francés: Nous Deux. Luego se pierde el hilo de la documentación, todo se precipita. Sánchez desaparece durante los 70. Descubierto en Los Ángeles en los 80, se abre el camino que lo llevaría a la casa natal que su madre seguía alquilando en Villa Pueyrredón, a publicar La condición efímera (1988), a la renuncia definitiva a escribir y al encuentro con esa muerte que lo mantuvo (pre) ocupado en vida entre el 12 y el 14 de abril de 2003.

 O sea que -como se preguntaría su personaje de Alejandro Kressel en Cómico de la lengua– ¿una vida, cualquier vida, puede ser contada en diez minutos?