
El mejor premio para una escritora, quizá (no en plata, que no es tanta… en comparación a otros) sino por su prestigio y trayectoria, fue este año para María Gainza que, valga la paradoja, ha nombrado entre sus influencias a obras de autores que, mirados bien de cerca, se han desinteresado de los premios y las carreras literarias (como Edward Morike con Mozart camino a Praga o el que escribe con Sobre Sánchez), tal como se lee en esta nota de Matías Serra Bradford por acá. Además de Penelope Fitzgerald, Geoff Dyer y Jean Echenoz, «inventores todos –incluida Gainza– de formas híbridas, para quienes probablemente la única crítica posible –razonable– de una vida es una buena biografía, una biografía remontada, y la verdadera crítica de toda biografía es la vida que la inspiró».
El premio Sor Juana Inés de la Cruz en la feria del libro de Guadalajara existe desde 1993 y es estrictamente un reconocimiento al trabajo literario de mujeres en el mundo hispanoparlante, premiando obras de escritoras publicadas originalmente en español. Felicitaciones, María.


En 2016, la periodista free lance y viajera Andrea Valdés, a quien conocí como vendedora de la librería del CCBA (Barcelona), se quedó en Buenos Aires varios meses y, entre otras cosas, asitió a mi taller de lectura de los lunes en la Gandhi de Palermo. Creo que era la primera vez que leía a Lucio V. Mansilla (y si no era su primera vez lo disimuló mucho): 


Un comentario de
En breve reseña de Postales de la contracultura. Un viaje a la Costa Oeste para La Nación (sin mencionar que el libro tiene imágenes como esta, quizá por falta de espacio), Edgardo Scott dice que «la originalidad y el encanto del libro acaso tengan que ver con cierto anacronismo sin nostalgia… contracultura, pero también postales, son hoy palabras e ideas literarias obsoletas para el demagógico y compulsivo presente digital». Publicada bajo el título «Un mapa nómade y sin nostalgia» en el suplemento Ideas de hoy, la reseña se lee por 