Durante mucho tiempo, por la década de los ochenta, se creyó que el escritor argentino Néstor Sánchez (1935-2003) había muerto sin dejar rastro. Como sumido en un abismo sin retorno. Incluso se le rindieron sentidos homenajes. Pero un día hizo su aparición. Sus seguidores, perplejos, fueron sabiendo poco a poco qué le había ocurrido durante tantos años sin saberse nada de él. Antes de morir, ahora ya definitivamente en 2003, había publicado un libro de relatos, La condición efímera. Dentro de este libro había también un breve texto sobre su estadía en Estados Unidos, Diario de Manhattan.
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Diario de Manhattan en Ediciones Sin Fin

De la presentación del Diario de Manhattan de Néstor Sánchez en la Libreria Calders de Barcelona el 5 de diciembre, de izquierda a derecha: Bruno Montané Kreps, Ana María Chagra y quien escribe y también escribió el epílogo del libro. Bruno es el poeta, traductor y editor que me hospedó en su casa del barrio de Raval en esos días, Ana María es la coeditora y amiga que facilitó esta publicación.
Sobre Sánchez on the Road

Presentación de Sobre Sánchez, charla con Bruno Montané y Enrique Mercado, y proyección del documental «Se acabó la épica» de Matilde Michanié: todo en la librería-café En Clave de Libros, Relatores 16, Madrid, el 13 de diciembre a las 19. Más info por aquí.
Néstor Sánchez en Barcelona

Escritos contraproductivos
Quisiera compartir y recomendar algunas lecturas de autores que, en distintas décadas del siglo XX, desde los márgenes interiores de ese sistema que en Argentina suele distinguirse como “literatura”, cuestionaron el crecimiento de los dispositivos de control burocráticos, mercantiles y académicos sobre la creación artística en general y literaria en particular. Por su oposición a las ideologías productivistas y consumistas, estos autores pueden ser considerados como parte de una constelación crítica que reivindicó a la literatura como un arte que, por ser arte, no es o no debería ser un trabajo, o no debería estar condicionado por el trabajo.
Sobre la incomodidad del biógrafo
«Sobre Sánchez es un texto descentrado, cercano al rizoma deleuziano. Un libro sin jerarquías en que el texto se esparce en su multiplicidad y en sus variadas entradas, lejos de confluir o pivotear en un punto» dicen o mejor dicho dijeron durante el XVII Congreso Nacional de Literatura Argentina de Comodoro Rivadavia los estudiantes de Letras (quizá ya licenciados) Rodrigo Goy y Damián Simoes Da´Eira de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco. La ponencia, titulada The Osvaldo Baigorria Experience, se encuentra por aquí.
Adiós a la épica

Podría decirse que las últimas palabras de Néstor Sánchez fueron “se acabó”o “perdí la épica” o “me quedé sin épica”. Es lo que decía a su amigo Hugo Savino, a su hijo Claudio, a su psicoterapeuta Ruth Taiano, a Mariano Fiszsman, a Pablo Ingberg, a Carlos Riccardo y a todo aquel que le preguntara por qué no había vuelto a escribir después de los doce relatos de La condición efímera en 1989. Continuar leyendo «Adiós a la épica»
Sánchez por mariani
Una escritura posgenérica
Florencia Angilletta escribe acerca de Sobre Sánchez: «Artefacto de yuxtaposición, escritura posgenérica, corroe los supuestos y entendidos de la “autoficción”… Da cuenta, así, de la recepción que tuvo el libro en la cátedra de Teoría Literaria III en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y de la entrevista con alumnos y profesores de esa cátedra a la que fui invitado en setiembre del 2014:
«Inmerso en la manía argentina de una tradición esquiva a las biografías de escritores, Sobre Sánchez emerge, ante todo, como un libro extraño. Un libro que dialoga con Sobre Giannuzzi, de Sergio Chefjec –ya desde su propio título– y con la monumental biografía de Osvaldo Lamborghini escrita por Ricardo Strafacce. Un libro que dialoga aunque toma otro rumbo, rema de otro modo. En palabras del propio Baigorria: “No podía hacer crítica literaria sobre una obra como la de Sánchez. Su biografía también era imposible porque había un núcleo al que yo no podía llegar. ¿Cómo hacer? Ponerme a acompañar su camino y sobre-escribir. No como imitar su estilo sino hacer otra cosa: partir de mi propia experiencia frente a la lectura de sus textos y de mi investigación”».
Así habría surgido una textualidad que se maneja con «la persistencia del río como ritmo brumoso y expansivo»: “Si nos quedamos en el pensamiento mas dicotómico que separa lo que es ficción de lo que no lo es, estamos siempre trabados. Pero si miramos líneas de fuga de las esferas nos movemos en un lugar de más libertad con respecto a la escritura”…»Para poder decir alguna verdad sobre Sánchez, Baigorria recurre a la autoficción en un juego de dobles agentes que concluye con una última línea paradojal: “El Néstor Sánchez sobre el que puede escribirse no es el verdadero Néstor Sánchez”. No es simplemente la biografía del biografiado y la biografía del biógrafo. Las tres partes de Sobre Sánchez, en un procedimiento que se enlaza con el célebre cuento de otro gran escritor argentino –“Nota al pie”, de Rodolfo Walsh–, conforman un diálogo entre sí; se ofician mutuamente de guardaespaldas, de brújula inconclusa, de fractal estallado».
El texto de Angilletta puede leerse completo en Escritores del mundo.
Se acabó la épica: la potencia de una frase en el arte del no
Comienzo pidiendo disculpas porque hace un par de meses, cuando recién había enviado el título de esta ponencia por email a Silvana López, tuve una caída de una escalerita que uso para buscar libros en un estante alto, un tonto accidente doméstico que me fracturó la rótula. Lo cual me obligó a suspender todas mis tareas, entre ellas la de empezar a escribir el texto que ahora finalmente puedo leer aquí, y a tener que portar constantemente una férula, bota o inmovilizador de rodilla que me mantuvo no solo con una pierna estirada por seis semanas sino con prácticamente todo el cuerpo inmovilizado, ya que lo único que podía hacer era quedarme en la cama o andar de pie con un bastón, rengueando con esa pierna rígida que arrastraba de un lado al otro. O sea, era imposible estar sentado, porque una de mis rodillas no podía ser doblada y por lo tanto no lograba sentarme más de cinco minutos, sea al escritorio o a la mesa, en una posición incómoda con las nalgas al borde de la silla (ni hablar de lo incómodo que es sentarse al inodoro sin doblar una rodilla).
Al principio creí que al menos iba a tener tiempo para leer, pero tampoco; aunque probé leer en la cama tuve que abandonar a los pocos días, ya que con una pierna rígida todo el cuerpo estaba fuera de eje y me atacaron todos los dolores pertinentes: de espalda, de cuello, de cervicales. Así que también renuncié a leer, excepto alguno u otro diario en forma digital, con un Ipad que podía sostener sobre mi cabeza. Escuché bastante música, clásicos del rock y del jazz. Miré mucho tiempo al techo, también llamado cielorraso.
Recién en la última semana de este mes y medio largo, con el hueso de la rótula en lenta recuperación, pude empezar a sentarme al escritorio y ocuparme de la frase “me quedé sin épica” o “se me acabó la épica”, que Néstor Sánchez solía usar como explicación de por qué había dejado de escribir en sus últimos años. Continuar leyendo «Se acabó la épica: la potencia de una frase en el arte del no»