Cumbre de vagabundos

Los crotos y la tradición libertaria en el programa de Quique Pessoa «Doble click», año 2000: una charla con Alfredo Moffatt y con este -más o menos joven-servidor, entre recuerdos de la «cumbre de crotos» de Mar del Plata (1996), fragmentos de películas como Chingolo (1940) de Lucas Demare, La fiaca (1969) de Fernando Ayala, Convención de vagabundos (1965) de Rubén Cavalotti y Que vivan los crotos (1995) de Ana Poliak. Pessoa abre su programa hablando de la expresión «andar al pedo» (que no es lo mismo que andar en pedo), evoca a un legendario linyera de San Marcos Sierra llamado «Cachilo», pregunta y repregunta sobre los orígenes de esta tradición en Argentina, entre escenas de películas que la revisan en clave cómica: en Chingolo, un empresario les reprocha a los vagos que andan sin empleo: «aquí sobra el trabajo» y Luis Sandrini le responde: «el trabajo que sobra es el que no quiere nadie, por eso sobra». También están las reflexiones del entrañable José Américo «Bepo» Ghezzi, entre otros protagonistas del filme de Poliak que andaban por los caminos detrás de la estrella fugaz de la libertad (uno de ellos se autodefine: «libertario o, mejor dicho, anarquista»). Y los comentarios breves pero siempre lúcidos de Alfredo Moffatt (psicólogo social, pensador de los márgenes, trabajador del Hospital Borda, organizador de la mutual El Bancadero, entre otras iniciativas) que se fue de esta existencia hace un año, el 3 de julio de 2023. Una larga entrevista a Moffatt se puede leer en el recientemente reeditado En pampa y la vía.

Llegó un mensaje de Perlongher

«escribo abriéndome paso en este reino de papeles carpetas lapiceras puchos cenizas encendedores cuadernos vasos de whisky (nos vamos para arriba) que es mi mesa (debería decir: de esta mesa, etc., que es mi reino) / festejemos la inversión y recordemos vagamente una de tus escasas esquelas dactilografiadas (señal de un paulatino regreso a la civilización que me parece regio, ya que facilita sobremanera la comprensión del texto y le da más fluidez a la escritura -aviso de Olivetti, la gran marca italiana de máquinas de escribir)»: fragmento de la carta del 1 de abril de 1979, leído durante la presentación de Un barroco de trinchera en Fetiche Libros el 27 de noviembre pasado.

Acompañado (o más bien, flanqueado) por Santiago Villanueva y Fram Visconti, leí varias cartas y respondí inquietudes en la que fue una de las mejores presentaciones que recuerdo: cálida, emotiva y con alta participación de un público conmovido por esas palabras escritas en finísimo papel «vía aérea» y enviadas hace más de cuatro décadas desde Sao Paulo y La Tablada.

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Perlongher a la carta

Hace 30 años Néstor Perlongher desencarnaba en Sao Paulo y un rito funerario conducido por el antropólogo Edward MacRae acompañaría el descenso de sus restos al centro de una fosa abierta en la tierra roja del cementerio de Sao Paulo, junto a un árbol de flores amarillas, entre cánticos de adeptos al Centro Ecléctico de Luz Universal Flor de las Aguas, más conocido como iglesia del Santo Daime. Era el final de la etapa más asombrosa del viaje de Perlongher sobre el filo de la identidad personal. Una flor -la Rosa- bajaba a la tierra para devenir mil rosas. En estos días, va como homenaje la reedición ampliada de este libro.

On Time

Con agradecimiento por haber sido invitado a dar la conferencia inaugural del Festival Internacional de Poesía de Rosario, ante todo debo advertirles que me siento un poco como un usurpador involuntario, o un ladrón al que le han abierto la puerta e invitado a entrar a robar, dado que hay poetas de extensa trayectoria que podrían estar en este lugar mientras yo tengo un solo libro de poemas publicado y algunos pocos versos inéditos que andan por ahí dando vueltas, o sea, nada que me haga sentir particularmente orgulloso o que pueda envanecerme en algún sentido. Además, tengo ante mí la responsabilidad de inaugurar este festival conferenciando sobre la poesía y el tiempo; textualmente, tal como me han propuesto en el mail de la invitación, reflexionar sobre “la potencia de mutación de la poesía para trascender los límites o territorios que se le imponen a través del tiempo”.  Bueno, es un tremendo desafío porque temo que lo que yo tenga para decir sobre esta cuestión puede ser para muchas de ustedes una pérdida de tiempo.

Pero intentaré cumplir lo mejor posible la función que me toca, si bien lo único que me siento capaz de hacer es citar, parafrasear, en fin, apropiarme de lo que han dicho otras voces más inteligentes, potentes y perdurables que la mía. Aviso, antes de empezar,  que cada vez que me acuerde intentaré hablar en el plural mayestático basado en la forma gramatical del género femenino. Es una convención como otras, pero que a mí me resulta más manejable que el neutro del llamado lenguaje inclusivo, no por una cuestión de prejuicios, no tengo nada en contra de la letra “e” pero creo que la letra “a” tiene más posibilidades semánticas y sonoras en ciertas expresiones. Por ejemplo, en lugar de “nosotros y ellos”, diré “nosotras y ellas”; lo prefiero al  “nosotres y elles” porque me parece que suena mejor, y esto lo haré cada vez que pueda y nunca de manera dogmática. Y acerca de ellas, las poetas, artistas y filósofas a las que citaré, aviso también que lamentablemente estoy obligado a hacer un poco de name-dropping, o sea que voy a mencionar varios nombres no para mandarme la parte ni para impresionar a nadie sino porque me siento más refugiado, cobijado, bajo esos nombres ya autorizados o autorizables, pese a que a veces han formulado tesis o han escrito poemas en los que pueden encontrarse muchas contradicciones sobre qué es el tiempo y cuál es su relación con la poesía.

¿Qué es el tiempo? Time is Money, reza un viejo proverbio protestante que usó libremente Benjamin Franklin en sus consejos a un joven comerciante, o joven emprendedor, del siglo XVIII. Time is Money es ahora también el nombre de un cosmético, una sombra de ojos glaseada con reflejos metálicos, según nos informa la poeta canadiense Daphné B (en Maquillada, su libro sobre el maquillaje).

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La posesión y la pérdida

Las Posesas es un libro que transcribe la conversación a distancia que tuvieron en 2020 y 2021 Esther Díaz y Albertina Carri, dos mujeres que no se conocían y que gracias a la escritura generaron un potente lazo afectivo. La primera parte de esta correspondencia comenzó en 2020 justo antes de la pandemia y versa sobre el tema de la memoria. La segunda parte tuvo lugar durante 2021 y trabaja sobre el tema de la pérdida.