«Hay muchas maneras de ilustrar qué es el «sexo anal»» dice Mavrakis en este post de Revista Paco, primero publicado en Amphibia, donde se observa el repertorio de posturas que provee la enciclopedia en red: hermosas ilustraciones clásicas y posmodernas en convivencia con la cruda foto de la entrepierna en cuero… «Pero pocas parecen tan entretenidas como las que opta por usar Wikipedia», continúa.»Nosotros somos auténticos exploradores del enciclopedismo moderno. Tenemos derecho a revisar y catalogar nuestro material. Por lo tanto, seguimos adelante. Como el «sexo anal» es algo demasiado reglamentado para nuestro espíritu ingobernable, pasamos a revisar de qué se tratan las «posturas sexuales». Wikipedia tiene un Anexo completo. La «posición del perrito», por ejemplo, tiene un gráfico en tercera dimensión por el que —porque nosotros pasamos mucho tiempo online— sabemos que cualquier usuario de hentai japonés estaría dispuesto a pagar bastante a través de su tarjeta de crédito. Casi tanto como cualquier profesor de catequesis estaría dispuesto a pagar por la imagen de dos púberes practicando —con los rostros situacionistas de la ocasión— lo que Wikipedia nos informa que es la «postura del misionero«. Imágenes con el mismo candor realista con el que Wikipedia nos enseña que es una «fellatio». O —en un exquisito y anatómicamente correcto 3D— un «cunnilingus». Aunque, porque no hay hikikomori que no pueda dejar de percibir el halo de Roy Lichtenstein en una de sus últimas grandes enseñanzas, Wikipedia también ilustra con toda la destreza del pop de qué hablamos cuando hablamos de «doble penetración interracial». La industria del porno siempre está con nosotros. Un segundo perceptible, que provoca escozor entre los padres y el lamento de algún niño impresionable». Se lee entero por acá y se miran partes por ahí.
Categoría: Cosas que encontré y metí en la bolsa
Traidor a la raza blanca
Para mis amig@s que no leen Clarín, aviso: Una nota de Ezequiel Alemian sobre Néstor Perlongher y las recientes jornadas en la Biblioteca Nacional, publicada en la sección Cultura de este domingo, ofrece una exacta sinopsis de la vida breve y la obra influyente del «poeta que sigue revolucionando la literatura» como dice el título.
Entre los comentarios de lectores, alguien observa que Néstor estaba «más allá del trotskismo» y que esta etiqueta «le sobra al encabezado» (o copete): detalles de la edición de un diario. Otra descripción posible se encontraría en el remate de la nota de Alemian, que alude a la aspiración a ser «un negro» o «un traidor a la raza blanca». La referencia está tomada de «69 preguntas a Néstor Perlongher» en la revista Babel 9, junio de 1989. En esa entrevista, la pregunta fue: «-¿Qué habría querido ser?» Y la réplica de Néstor: «Uno va siendo lo que le sale. Algunos rumbos truncos: político, periodista, tal vez prosista. En un plano más radical, me gustaría ser negro. Ser un traidor a la raza blanca. Ser es devenir: devenir negro, devenir mujer, devenir loca, devenir niño».
El periodismo en tiempos de guerra

Más de 70 años tuvo que esperar el artículo-manifiesto de Albert Camus sobre la libertad de prensa, escrito en Argelia en 1939 y censurado por el Estado colonial francés, antes de ser exhumado y publicado por Le Monde. El texto, que denuncia la desinformación en tiempos de guerra y delinea cuatro principios básicos para una deontología profesional para periodistas, entre sus párrafos más destacados dice:
«Lo que nos agradaría definir aquí son las condiciones y los medios a través de los cuales, en el seno mismo de la guerra y de sus servidumbres, la libertad puede ser no solo preservada sino también manifestada. Estos medios son cuatro: la lucidez, el rechazo, la ironía, la obstinación.
«La lucidez supone la resistencia a las invitaciones al odio y al culto de la fatalidad. En nuestra experiencia, lo cierto es que todo puede ser evitado. La guerra misma, que es un fenómeno humano, puede ser en todo momento evitada o detenida por medios humanos. Es suficiente con conocer la historia de los últimos años de la política europea para estar seguros de que toda guerra tiene causas evidentes.
«Esta visión clara de las cosas excluye el odio ciego y esa desesperanza que deja hacer («laissez faire»). Un periodista libre, en 1939, no se desespera, y lucha por lo que cree verdadero como si su acción pudiera influir en el curso de los acontecimientos. No publica nada que pueda excitar el odio o provocar la desesperanza. Todo eso está en su poder.
«Frente a la marea creciente de imbecilidad, es necesario igualmente oponer algunos rechazos. Todas los condicionamientos del mundo no harán que un espíritu limpio acepte ser deshonesto. Ahora bien, y aun conociendo poco del mecanismo de las informaciones, es fácil asegurarse la autenticidad de una noticia. Es a ello a lo que el periodista libre debe dedicar toda su atención. Si no puede decir todo lo que piensa, al menos puede no decir lo que no piensa o lo que cree falso. Un diario libre se mide tanto por lo que dice como por lo que no dice. Esa libertad completamente negativa es, de lejos, la mas importante de todas, si se la sabe mantener, dado que prepara el advenimiento de la verdadera libertad. En consecuencia, un diario independiente ofrece el origen de sus informaciones, ayuda al público a evaluarlas, repudia el abarrotamiento de los cerebros, suprime las invectivas, mitiga mediante comentarios la uniformización de las informaciones; en breve, sirve a la verdad en la medida humana de sus fuerzas. Esta medida, tan relativa como puede serlo, le permite al menos rechazar lo que ninguna fuerza en el mundo podría hacerle aceptar: servir a la mentira.
«Llegamos así a la ironía. Podemos decir que, en principio, un espírtitu que tiene el gusto y los medios de imponer la coacción es impermeable a la ironía. No vemos a Hitler, por tomar un ejemplo entre otros, utilizando la ironía socrática. Así es que la ironía se vuelve un arma sin precedentes contra los que son demasiado poderosos. Completa la negativa en el sentido de que permite no solo rechazar lo que es falso, sino decir con frecuencia la verdad. Un verdadero periodista libre, en 1939, no se hace demasiada ilusión sobre la inteligencia de aquellos que lo oprimen. Es pesimista ante la humanidad. Una verdad enunciada con un tono dogmático es censurada nueve veces sobre diez. La misma verdad dicha agradablemente no es censurada más que cinco veces sobre diez. Esta disposición describe de manera bastante exacta las posibilidades de la inteligencia humana… Un periodista, en 1939, es por lo tanto forzosamente irónico, aunque a menudo sea a riesgo de su propio cuerpo. Pero la verdad y la libertad son amantes poco exigentes dado que tienen pocos amantes.
«Es evidente que esta actitud del espíritu, brevemente definida, no podría sostenerse con eficacia sin un mínimo de obstinación. Hay suficientes obstáculos a la libertad de expresión… Debe convenirse que hay obstáculos desalentadores: la constancia en la tontería, la apatía organizada, la estupidez («inintelligence») agresiva, y detengámonos aquí. Allí está el gran obstáculo a vencer. La obstinación es una virtud cardinal. Por una paradoja curiosa pero evidente, se pone al servicio de la objetividad y de la tolerancia».
El artículo original completo puede leerse en Le manifeste censuré de Camus, Le Monde, 18 de marzo de 2012.
Una traducción bastante literal puede encontrarse en esta página de Roberto Igarza.
Y también puede leerse en Scribd por acá.
La barra de la Siberia en Barcelona
Perdóneme por escribir demasiado pero le amo y no puedo dejar de hacerlo
La frase es de Giséle Lestrange en su correspondencia con Paul Celan, publicada por Siruela, según esta nota de Juan Fernando García que habla de las cartas de escritores como «huellas arqueológicas de un tiempo de las comunicaciones alejadas de cualquier inmediatez» y como «hilos que sostienen la red que toda biografía deglute en prosa ajena. Y cuando ese relato –ya sea casual, esnob, comprometido, digresivo, sufriente– tiene el brillo de sus obras, esas raras piezas culturales son un abono preciado de los versos y las prosas amadas. Se cuentan de a miles. Hay perlas imperecederas: las que se cruzan Néstor Perlongher y Osvaldo Baigorria; las brillantes epístolas de Mary McCarthy y Hannah Arendt; el triángulo del verano del ’26 entre Ajmátova, Rilke y Pasternak. Continuar leyendo «Perdóneme por escribir demasiado pero le amo y no puedo dejar de hacerlo»
No hay nadie? pregunta la mujer del Paraguay
Qué panzada de vino, pizza y cadáveres nos dimos anoche en lo de Ricardo Strafacce! Un momento sagrado en la escucha de esa voz. Gracias a Elsa Cicuta que lo subió a Youtube.
How does it feel to be on your own
Terminé de leer el ejemplar número 87 de Misoginia Latina de Joaquín Linne, publicado por Funesiana. Crónica de caminos, lugares que recorrí en altri tempi o no-lugares, sitios que mutaron, que tienen los mismos nombres pero ya no son Potosí, La Paz, Cuzco, Lima, Cali, Máncora, Montañita, Chical, Quito, Bogotá… Nuevos tiempos, viajeros o turistas siglo XXI que van solos aunque acompañados, metidos cada uno en su propio ombligo. Cuerpos y almas inaccesibles, drogas al alcance de todos. La ilusión referencial: Continuar leyendo «How does it feel to be on your own»
Literal facsimilar
Diederichsen: speak fucking Spanish, man
Lo escuché poco antes de retirarme de esta escena: el crítico alemán Diedrich Diederichsen dio una conferencia en inglés en la tarde de ayer en Tu Rito (Santa Fe 2729) – durante una Velada Crítica de Pascua Íntima- y parece que fastidió a muchos asistentes que no entendieron un pomo. Pero bueno, que aprendan. ¿Cómo es posible que en una ciudad que presume de sofisticada como Buenos Aires, donde D.D. y su reciente libro fueron recibidos con todos los honores y alabanzas en las principales revistas y suplementos culturales (tres notas en el mismo finde, dos en el mismo diario), los fans no entiendan inglés? Éramos tan europeos, tan cultos, tan avant-garde… Una traductora ahí, prego.
La ilusión de unas islas
Estábamos lejos de las remotas. ¡Y en compota! La penitencia de esa distancia (acaso, impenitente) nos ha estragado la escucha de esos glaciales ululares, derretidos, en esta calidez, reducidos a lo (sub)literario. Desde donde parecía más nítido cuán hondo los repliegues, los bordes de los fiordos (y aquí la mano lamborghiana: «La de dibujo era la mejor») habían calado en la imaginación de los educandos. Nefandos, idus. Así, la inspectora de primaria, cuando arrebujada en sus tapados de piel de nutria, o foca, bajara del coche, vería resplandecer (ecos del himno sarmientino: «La niñez tu ilusión y tu contento…») el mapa de un patriotismo infanto-juvenil, acneico («Y en tu pecho, la juventud de amor un templo…»).
El tapado de piel de la inspectora les hubiera venido bien a los reclutas (sedentarios en un desierto del que no se deserta). Empero —obsesión de la buena letra-habrá de preferirse revestirlos de endechas (algunas a medio hacer, otras ya hechas).
Se discute, se va a las manos, por la posesión de unos desiertos (de los que al parecer no puede desertarse). Se despierta, en el desierto, el vate: legañoso, ilusiónase: «La guerra —imaginábamos— forzosamente nos dejaría en relaciones sociales nuevas (por momentos, las suponíamos triunfantes e inaugurales)».
La identidad de este «nosotros» —ya que no del borgiano— es clara: es la de los firmantes del unitario Entredicho: Alcalde, Grisafi, Grüner, Gusmán, Jinkis, Savino.
El Entredicho se eleva fugazmente al didactismo, cuando revela que el Estado Argentino —»espectador neutral»— no ha conocido, en este siglo, guerras. Debe referirse, pensamos, a las guerras «limpias» (libradas, según las reglas de las artes marciales, entre Estados Soberanos). Continuar leyendo «La ilusión de unas islas»

