Un regalito errorista para navidad

El gobierno de la República Argentina nos hizo el mejor regalito sorpresa de navidad a pedido del Financial Action Task Force (literal: grupo de tareas de acción financiera… contra el lavado de dinero y el terrorismo internacional): sancionada por la mayoría de diputados y senadores que la mayoría de los argentinos votamos, una nueva ley reintrodujo ayer como delito el ambiguo concepto que fue utilizado por los nazis para etiquetar a las resistencias europeas en la Segunda Guerra Mundial, por el colonialismo inglés para condenar a los guerrilleros israelíes de fin de los 40,  por las dictaduras latinoamericanas para eliminar la disidencia armada o no armada, violenta o no violenta de los años 60-80 y por el establishment militar-finaciero global para combatir hoy a todos los enemigos del imperio. No acostumbro comentar en estas páginas sobre cuestiones de coyuntura política, pero esta no la puedo dejar pasar: los funcionarios y legisladores argentinos que defienden la ley parecen voceros de Lanusse, de Onganía, de Troccoli o de Bush, salvando las distancias y con perdón si alguien se ofende. ¿Ya se olvidaron que «terroristas » también fueron los desparecidos de su misma generación? En fin, que en otro tiempo a esto se le llamaría una bajada de pantalones o de bombacha para tener «relaciones carnales», un chiste de la  internacional errorista o un verdadero regalo de (t)error.

Once

La mejor historia que escuché sobre el Uritorco dice que en ese cerro no se oculta la ciudad al tiempo subterránea y extraterrestre de Erks, sino otra montaña. Es decir que desde la entrada de la supuesta ciudad, en una profunda grieta que habría en la cima, se vería otro cerro gemelo, otro valle, otro cielo. Y si uno, al llegar a la primera cima, descubre esa rajadura y se introduce por entero en ella, se insertará en un campo de fuerzas donde ocurrirá un cambio de centro de gravedad. Y podrá comenzar a ascender en vez de descender ese Uritorco gemelo de nuevo hacia su propia cumbre. No se repetirán exactamente todos los pasos, ni uno se cruzará con las mismas aves, pero el monte será idéntico aunque no análogo en el sentido de René Daumal. Continuar leyendo «Once»

La ilusión de unas islas

El ensayo de Néstor Perlongher de 1983 que hace unos días publicó en forma digital Golosina Caníbal recuerda la polémica acerca de la guerra y el exilio con el grupo editor de la revista Sitio, evoca un «lugar de resistencia al Estado, al fascismo, al machismo» -como dice la edición del blog- al tiempo que despliega una hermosa escritura hasta ahora sólo ubicable en papel impreso. De paso, el link a uno de los textos de respuesta de Ramón Alcalde.

Estábamos lejos de las remotas. ¡Y en compota! La penitencia de esa distancia (acaso, impenitente) nos ha estragado la escucha de esos glaciales ululares, derretidos, en esta calidez, reducidos a lo (sub)literario. Desde donde parecía más nítido cuán hondo los repliegues, los bordes de los fiordos (y aquí la mano lamborghiana: «La de dibujo era la mejor») habían calado en la imaginación de los educandos. Nefandos, idus. Así, la inspectora de primaria, cuando arrebujada en sus tapados de piel de nutria, o foca, bajara del coche, vería resplandecer (ecos del himno sarmientino: «La niñez tu ilusión y tu contento…») el mapa de un patriotismo infanto-juvenil, acneico («Y en tu pecho, la juventud de amor un templo…»).

El tapado de piel de la inspectora les hubiera venido bien a los reclutas (sedentarios en un desierto del que no se deserta). Empero —obsesión de la buena letra-habrá de preferirse revestirlos de endechas (algunas a medio hacer, otras ya hechas).

Se discute, se va a las manos, por la posesión de unos desiertos (de los que al parecer no puede desertarse). Se despierta, en el desierto, el vate: legañoso, ilusiónase: «La guerra —imaginábamos— forzosamente nos dejaría en relaciones sociales nuevas (por momentos, las suponíamos triunfantes e inaugurales)».

La identidad de este «nosotros» —ya que no del borgiano— es clara: es la de los firmantes del unitario Entredicho: Alcalde, Grisafi, Grüner, Gusmán, Jinkis, Savino.

El Entredicho se eleva fugazmente al didactismo, cuando revela que el Estado Argentino —»espectador neutral»— no ha conocido, en este siglo, guerras. Debe referirse, pensamos, a las guerras «limpias» (libradas, según las reglas de las artes marciales, entre Estados Soberanos). Continuar leyendo «La ilusión de unas islas»

Canción para sobrevivientes de un tsunami

El Hannya Haramita Shingyo, conocido como Sutra del Corazón. Así se canta – a coro- en japonés: «Kan ji zai bo sa gyo jin han nya ha ra mi ta ji sho ken go un kai ku do issai ku yaku sha ri shi ze shiki fu i ku ku fu i shiki shiki soku ze ku ku soku ze shiki ju so gyo shiki yaku bu nyo ze sha ri shi ze sho ho ku so fu sho fu metsu fy ku fu jo fu zo fu gen ze ko ku chu, mu shiki mu ju so gyo shiki mu gen ni bi zesshin ni mu shiki sho ko mi soku ho mu gen kai nai shi mu i shiki kai mu mu myo yaku mu mu myo jin nai shi mu ro shi yaku mu ro shi jin mu ku shu metsu do mu chi yaku mu toku i mu…» En la versión de Fernando Tola, Carmen Dragonetti y Bhikshuni Dzau Dzan, del sánscrito y chino al español, dice: Continuar leyendo «Canción para sobrevivientes de un tsunami»

Esta noche o nunca (Miguel Ángel Lens)

Nació en 1951 y murió el último día de febrero de 2011 de una neumonía vinculada al sida, después de pasar varias semanas en su departamento sin asistencia médica por propia voluntad. Sus «Quince breves poemas de seda y de verano» han sido fuente de inspiración para muchos. «Esta noche o nunca» en su versión original viene con el epígrafe «¡Sos como el 60, andás por todos lados…!» y dice:

¡Che… flaquito!

¿de qué barrio sos?

¿te copan Pink Floyd

Hendrix

los Stones?

¿nos echamos un polvo?