Hay algunos pocos escritores de los que uno recuerda la primera vez que se los mencionaron, dice Ariel Idez en la presentación de Nosotros dos y Sobre Sánchez: Ojo, no la primera vez que se los leyó sino la primera vez que nos hablaron de ellos, como un remoto El Dorado más allá de estas o aquellas páginas. El primero que me inició en la Experiencia Sánchez fue el escritor Carlos Catuogno en el atardecer demorado de una terraza con pileta en la que yo trabajaba. Catuogno estaba releyendo “La condición efímera” y me contó sobre Sánchez: “Un Joyce argentino”, resumió, un genio de la lengua, un bailarín, un solista que lo tenía todo, todo, se entiende, para “triunfar”, para con-sagrarse pero se mandó mudar, se im-puso a sí mismo en el camino de una fuga interminable (“El arte de la fuga” es, cómo no, el título de una novela que se le escurrió al editor para dársela al fuego), se esfumó, desapareció de los lugares que solía frecuentar y volvió una noche –cuando todos lo daban por muerto– para pasar después de recorrer medio mundo en la casita de los viejos los últimos años de una vida que siempre se empeñó en comprobar cómo se le escurría entre los dedos. Yo estaba todavía en plan de forjarme un panteón así que salí corriendo a buscar lo que hubiera y me encontré esta novela y una leyenda sin plazos fijos que el tiempo hacía crecer en tamaño exponencial. Continuar leyendo «Tócala de nuevo, Sánchez»