Top Ten Indie 2024

Indie Hoy seleccionó diez de los títulos más destacados del año. En Pampa y la vía está entre los seleccionados, a saber: Que pase algo pronto, de Agustina Espasandín; Incierto y sinuoso. Una autobiografía, de Daniel Melero; Un lugar soleado para gente sombría, de Mariana Enríquez; Mi música es para esta gente, de Daniel Moyano; Obra poética y pictórica, de Emilia Bertolé; La vida en serio, de Juana Bignozzi; El país de las canciones, de Martín Liut; Un tornado dulce, de Lalo Ugarte y Sergio Sánchez; y El ojo que escribe, de Luis Felipe Noé. Sobre En Pampa y la vía escribe Fernando Brovelli: «Linyera, croto, atorrantes, truhanes, trashumantes, vagabundos… confluyen las voces de los que se escaparon del sedentarismo y construyeron una cotidianidad de fogatas en las inmediaciones de las estaciones y siestas en los techos de los trenes.

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Arte en devenir croto

Florencia Bohtlingk y Gaia Gordin charlan, mientras pintan, sobre En Pampa y la vía, el arte en tiempos de inteligencia artificial y las líneas de fuga. El resultado se publica en la revista Vida cotidiana bajo el título de Una fuga hacia adelante. Dicen:

«Sabes que soñé que dos linyeras se encontraban una vaca en la calle? Media vaca.

Justo cuando estás leyendo En pampa y la vía! El libro de Osvaldo Baigorria.

Si, hay una relación.

Aunque el linyera urbano tiene poco que ver con el croto de esa época.

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Fiesta negra

En la última marcha del Orgullo flameó de nuevo ese cartel que diseñó Néstor Perlongher en los años 70 para las primeras irrupciones públicas del Frente de Liberación Homosexual: “Para que reine en el pueblo el amor y la igualdad”, consigna tomada de la marcha peronista. En este mes de noviembre también se abrió la tercera temporada de la obra “Pena negra”, armada en base al triple relato Evita vive y algunos poemas perlongherianos. Por estas y otras razones podría estar justificada la leyenda “nacional y popular” de que su autor habría adherido al peronismo en aquellos años. Pero la operación del poeta y provocador nacido en Avellaneda que también fue mi amigo era otra.

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Cien años no es nada

Hace justo un siglo llegaba a Lhasa, capital del Tibet y ciudad prohibida para extranjeros, la primera mujer occidental que logró residir en esa población construida a 3650 metros de altura en la región de los Himalayas: Alexandra David-Neel. Nacida el 24 de octubre de 1868 en Saint-Mandé, Francia, tuvo vocación de exploradora desde los quince años, cuando intentó embarcarse sin permiso hacia Gran Bretaña para escándalo de su familia. Logró viajar a solas a la India y a Túnez antes de cumplir los veinticinco. Amiga del geógrafo anarquista Elisée Reclus, consiguió que este le publicara y prologara su primer libro cuando apenas tenía veinte años, en 1898: Pour la vie, conocido en español como Elogio a la vida. Leo en ese libro: “La obediencia es la muerte. Cada instante en que uno se somete a una voluntad extraña es un instante arrancado a su propia vida”. Feminista pero también anarca, la autora discutía con las sufragistas que luchaban por el derecho al voto de la mujer porque este le parecía -como todo voto- una renuncia a ser dueña de sí misma para someterse a la voluntad de los individuos elegidos.

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Palo y astilla

El autor de En Pampa y la vía junto al Pibe Materia (Samuel Baigorria)* a mediados de la década del 90, pocos años antes de la publicación de este libro. En un reportaje para Página/12, Laura Gómez escribe: «Cuando Osvaldo Baigorria regresó a la Argentina después de una experiencia nómade por América y Europa, su padre le contó que había sido un croto. Ese descubrimiento cambió notablemente la percepción que tenía sobre él y sobre el vínculo con su madre». Digamos que de tal palo, tal astilla.

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Abuelitas furiosas

En la última Feria del Libro Usado compré El arrancacorazones, de Boris Vian, un viejo ejemplar impreso en 1979 por Ediciones de la Flor. Una de las escenas de esa novela fantástica que transcurre en una aldea llena de gente brutal e ignorante describe una Feria de los Viejos en la que venden y rematan personas ancianas y decrépitas para ser abusadas sexualmente, o golpeadas y ridiculizadas por niños crueles. Esas páginas me recordaron a una amiga que pasó la vida luchando contra la gerontofobia, el edadismo y la discriminación en todas sus variantes.

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