¿Subcultura o contracultura?

Escribe Damián Tabarovsky en su columna de opinión para Perfil: En la primera línea de En Pampa y la vía, de Osvaldo Baigorria, se lee la palabra “subcultura”. La frase entera dice así: “Desde principios del siglo XX, una subcultura de trashumantes se ha dedicado a recorrer las vías y caminos de Argentina en fuga del hogar sedentario, el trabajo permanente, la propiedad, el patrón y la ley”. Pero “subcultura”, en Baigorria (en este, como en casi todos sus libros) significa, en realidad, “contracultura”*. De hecho, la palabra ya aparece en la página 35: “Los crotos de aquellos años fueron una especie de elite de los márgenes, una contracultura itinerante que quería sentirse libre, fluida, inasible frente al poder, el patrón, la policía”. Y “contracultura”, para Baigorria, significa cultura anarquista, ética libertaria: “Libertaria por esencia. ¿Cuál sería la esencia libertaria? Nada ni nadie está por encima de nadie; nada ni nadie estaría autorizado a someter, mandar, ordenar o dirigir a nadie. Ni Dios ni el Estado ni el Capital” (inmediatamente Baigorria hace una aclaración necesaria: “Aún no había surgido ese libertarismo (…) asociado a las sectas de ultraderecha conservadora, esas que a partir de la década de 1970 empezaron a apropiarse del término ‘libertario’ para impulsar políticas antiestatales en el marco de un capitalismo extremo y salvaje”).

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Imaginación y recuerdo

En la memoria algunas cosas se diluyen pero de todas maneras siempre hago el esfuerzo de que en mis libros aparezcan pistas, para mostrar que estoy pasando de un recuerdo a algo que estoy imaginando. Siempre es imaginación y recuerdo. Y siempre doy alguna pista: “Ojo, ahora lo que voy a decir es sueño, imaginación, interpretación, conjetura”… Este párrafo es parte de la entrevista que me hicieron Sebastián Maturano y Marie Miy cuando se presentó Estrés de pez en L’ Ecole, ciudad de Córdoba, el 4 de octubre de 2019. Recién ahora la entrevista completa fue recuperada y puede verse en este enlace. También se puede leer en el blog de Maturano por acá. En la foto, de izquierda a derecha: Susi (Susana Beatriz González), Marie Miy, Maturano, Claudia Huergo y Silvio Mattoni la noche de la presentación.

Derecho a réplica

En la Feria de Editores de este año compré dos libros de la editorial chilena Alquimia, uno con extractos de entrevistas a Pedro Lemebel y otro con fragmentos de entrevistas a Elvira Hernández. Ambos títulos empiezan con la palabra “No”: el de Lemebel, No tengo amigos, tengo amores; y el de Hernández, No soy tan moderna. El procedimiento de componer textos solo en base a respuestas y sin incluir las preguntas es conocido en medios periodísticos, pero hay que saber armar con eso un libro y que funcione. En estos casos, las ediciones son impecables en su coherencia y diseño: el libro del cronista y performer Pedro Lemebel está ordenado como una autobiografía involuntaria que va del nacimiento hasta la muerte, y el de la poeta y ensayista Elvira Hernández como una serie de reflexiones sobre temas diversos, desde el oficio de escribir hasta la importancia política del poema, el feminismo y los efectos de las tecnologías en el lenguaje, entre otros.

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Plan de fuga

Demian Orosz escribe para el diario La Voz una nota que incluye entrevista sobre En Pampa y la vía, reescritura del libro homónimo publicado en 1998 por Perfil y de Anarquismo trashumante, publicado en 2006 por Terramar. Observa que este libro «se vincula, a través de filamentos temáticos, o destellos que aparecen una y otra vez, con varios libros de Baigorria. En esa estela se encuentran Sobre Sánchez, que sigue el hilo de la deserción de la literatura y la escapada del escritor argentino; la propia fuga del autor al Tigre cronicada en Estrés de pez; la antología de textos contra el trabajo, Con el sudor de tu frente; la fuga hacia las tolderías en Correrías de un infiel; también hay algo de eso en Postales de la contracultura, peregrinaje e investigación de formas de vida alternativas en las fisuras, en las madrigueras del sistema”. Y pregunta:

¿Es una veta “biográfica” que tiene que ver con algo que titila como forma de existencia posible?

Puede ser. Me interesa la figura del desertor, del que se fuga y rechaza todo lo que el sistema le ofrece aunque pueda perder la comodidad y hasta la vida. Rimbaud, Néstor Sánchez, Reinaldo Arenas, el soldado ruso que abandona la guerra y también el ucraniano que huye de su país en llamas, nos recuerdan con su actitud que puede haber otras formas de existencia más allá de las opciones letales que se nos ofrecen en todo el mundo.

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Un pasado vagabundo

Carlos Aletto escribe sobre En Pampa y la vía para Radar Libros: «La deriva, el nomadismo, las historias de vagabundos y anarquistas son el centro de estas crónicas guiadas por un afán testimonial y también reflexivo acerca de un imaginario en el que libertad y deserción supieron convivir de una forma hoy, quizás, impensable. En esta entrevista, Baigorria refiere la experiencia de su propio nomadismo en los años 70 y el descubrimiento de que su padre también había tenido su pasado vagabundo.

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Una poética para los crotos

«No era el mismo tipo social que el ciruja. Tampoco sería un antecesor de la persona que vive en la calle. Y de ninguna manera se confunde con el que pide limosna», escribe Osvaldo Aguirre en su reseña de En Pampa y la vía para el diario Clarín. «El croto representa una figura histórica asociada con ideales anarquistas y con la elección de un modo de vida desligado del trabajo y de la familia, según la investigación de Osvaldo Baigorria para su libro En Pampa y la vía. Reescritura y ampliación de dos libros anteriores, En Pampa y la vía agrega en su edición definitiva dos capítulos, referencias bibliográficas y actualizaciones.

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Linyeras, errantes y trotamundos

¿Cómo fue el proceso de investigación para En Pampa y la vía?-pregunta Nicolás G. Recoaro en esta entrevista para Tiempo Argentino.

-Todo empezó cuando en el ´95, desde la editorial La Marca, me proponen producir una antología con diversos argumentos sobre la “sociedad del ocio”, que luego titularía “Con el sudor de tu frente”. Allí reuní textos de dos series de tradiciones críticas respecto al trabajo. Por un lado, una crítica al trabajo más bien clásica que defendía la libertad de espíritu en la vida cotidiana para cultivar el ocio. Por otro lado, una crítica anarquista que venía de los comienzos de la revolución industrial y que cuestionaba al trabajo que hacía girar la rueda del capitalismo. En la historia de las ideas, ambas críticas coincidieron en denunciar la deshumanización y enajenación del trabajo. De modo que compilé textos que ponían en diálogo a esas dos tradiciones críticas, una elitista y otra anarquista, escribí un prólogo y presentamos la antología. Paralelamente, junto a Christian Ferrer, Guido Indij y Carlos Gioiosa (“Cutral”) pusimos en escena algo así como un gesto de agitación mediática que llamamos la “Fundación de Alergia al Trabajo”. Fuimos a los medios, repartimos comunicados y realizamos una marcha a desgano de cien metros un 2 de mayo, en un autoproclamado Día Internacional del Ocio. Al poco tiempo, desde Mar del Plata me escribió un grupo de gente que quería adherirse a la fundación. Era un grupo, encabezado por Pedro Ribeiro y Ana María Ordoñez, que reivindicaba la figura del croto histórico. Ahí empecé a asociar: crotos, trashumancia, crítica al trabajo. Más tarde apareció la posibilidad de publicar un libro para Editorial Perfil en una colección sobre minorías que dirigía María Moreno. Me propuse escribir sobre el croto y el linyera de los primeros tiempos, no sobre el carenciado producido por el modelo neoliberal. Y un día, hablando con mi viejo, él me cuenta que había estado tres años viviendo, viajando con los crotos y que él mismo fue un croto, durmiendo a la intemperie, en la vía. Fue durante las décadas del ’30 y del ‘40, cuando parece que ser croto era lo más, según me contaron algunos de los mismos protagonistas. Sobre todo el legendario Bepo, José Américo Ghezzi, al que fui a entrevistar a Tandil, y también otros linyeras históricos, Martín Finamori y Germinal Cerella, además de testimonios que reuní gracias a la película de Ana Poliak Que vivan los crotos, junto al aporte clave de la investigadora Alicia Maguid y al conocimiento de la realidad psico-cultural del croto según la mirada del psicólogo social Alfredo Moffatt. El proceso de investigación en sí implicó concertar entrevistas en una época en la que no contaba con internet ni con teléfonos celulares de las fuentes directas, además de visitas a archivos de diarios, bibliotecas y hemerotecas. Y las conversaciones domingueras con mi padre, en las que podía cotejar lo que yo iba descubriendo con sus propias experiencias de vida. 

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Arenas del exilio

Hace un par de meses la editorial Sigilo reeditó Arturo, la estrella más brillante, esa novela breve de Reinaldo Arenas sin puntos apartes ni seguidos en su frase única con subordinadas que se desencadenan a ritmo imparable de principio a fin. El realismo alucinatorio de Arenas, una de las cumbres estelares de la literatura hispanoamericana, invade con adornos neobarrocos el relato en primera persona de un joven internado en uno de esos campos de trabajo en los que el gobierno cubano encerraba a homosexuales y otros marginados para su “reeducación”. No es realismo “mágico” porque no está tentado por ninguna alegoría: los elefantes regios que irrumpen en estas páginas, entre otras figuras fantásticas, no representan otra cosa más que apariciones en la extensa llanura de una mente alucinante que se fuga, a través de una larga respiración discursiva, de la asfixia del campo de concentración. “Arturo” alucina climas y espacios, terrazas, bosques y palacios encantados, para recibir a un soñado y hermoso joven que llegaría como un dios radiante solo para él, mientras su cuerpo sufre las interminables jornadas de trabajo desde las cuatro de la mañana cortando caña al sol, empapado de sudor, vigilado por brutales soldados que lo humillan, le gritan “maricón”, lo provocan y cada tanto lo hacen adentrarse en el cañaveral para desahogar su sexo con violencia en ese cuerpo que ellos desprecian y al mismo tiempo desean.  

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